sábado, 4 de abril de 2009

MI RELATO AUTOBIOGRÁFICO (PAULA)


DELIRIOS NOCTÁMBULOS

Yo también tengo un pasado del que no me gusta hablar, con la esperanza de que, a fuerza de no recordarlo termine por desaparecer. Y no es porque no me sienta orgullosa de aquellos años. Sinceramente creo que cumplieron su función. En ese momento era lo que tocaba, y ahora lo que toca es otra cosa. Pero recordar desestabiliza a veces, y luego aparecen las dudas, las preguntas sin respuesta, las odiosas comparaciones. Y no, el pasado está mejor en los cajones, apolillándose y acumulando polvo.
¿A quien puede importarle quién era yo hace veinte años, en qué ocupaba mi escaso tiempo libre, o de qué manera sobrevivía al hastío? Lo importante es el presente, no nos engañemos. Y hoy por hoy, mi vida está llena de cosas positivas.
No me gustaría escarbar demasiado en aquellos días. Fueron tiempos grises, repletos de monotonía y sucesos poco interesantes. Mi vida era tan típica que me tenía que inventar otras para poder respirar un poco de aire fresco, y así, como quien no quiere la cosa, comencé a escribir.
Entonces ocurrió lo que ocurrió, y todo dio un vuelco. La noche del suicidio, como yo la llamo. Porque aquello fue un crimen en toda regla. Con bastante poca premeditación, todo sea dicho, pero con mucha alevosía. Un homicidio necesario, no hubo más solución. Aquella vida esquizofrénica me estaba desgastando más de la cuenta.
Mientras me desenvolvía en mi mundo ordenado, añoraba a la otra, a la soñadora. Y trataba de imaginar cómo sería mi vida sin horarios, sin el corsé que me imponía mi trabajo y mis responsabilidades, si pudiese reinventarlo todo de nuevo, pero al final siempre me paralizaba el miedo. La incertidumbre me producía vértigo, y el vértigo me llevaba de nuevo a mi vida perfectamente ordenada.
Sin embargo, aquella noche todo se convulsionó. Era una noche de insomnio, como habían sido tantas otras. Con la ofuscación de la vigilia, mi cabeza encadenaba pensamientos a toda velocidad, cada uno más inquietante, y a cada momento más desoladores. No es que hubiese ocurrido nada grave en mi vida, era simplemente mi estricto sentido de la responsabilidad el que se había desbocado otra vez, sin remedio por mi parte, con la única función de desesperarme y no dejarme pegar ojo. De hecho llevaba una semana durmiendo bastante regular, con la tensión por las nubes y una constante sensación de mareo que me impedía incluso levantarme de la cama para dar un paseo por la casa. Mi querido sentido de la responsabilidad se estaba pasando de la raya.
─ Una cosa es querer hacerlo todo bien, y otra muy distinta es llevarte mi salud por el camino ─le dijo Paula la soñadora a la otra, la irritantemente perfeccionista.
─ Ya salió la otra ─contestó la puñetera calculadora, empujando a su contraria debajo de las sábanas─ ¿qué sabrás tú de la vida? si yo no trajese el sueldo a esta casa, veríamos a ver si serías tan creativa para ganarte las habichuelas.
─Perdona cariño, pero yo me ganaría el suelo muchísimo mejor que tú si me hubieses dado alguna vez la oportunidad de hacerlo. Y además seríamos felices, cosa que dudo que tú algún día consigas.
─La felicidad es algo con lo que se sueña cuando se tiene todo lo demás cumplido. Típico de ti comenzar la casa por el tejado. ¿Piensas vivir de sueños el resto de nuestra vida?
─De momento me conformaría con que nos dejases dormir esta noche. Y ya que estamos, me gustaría que me dejases expresarme de vez en cuando, que últimamente no paras de asfixiarme, y vas a acabar con mi paciencia cualquier día.
─¿Me estás amenazando?
─¿Te sientes amenazada?
─Tú no serías nada si mí, ¿es que no te das cuenta?
─¿Quieres que lo comprobemos?
─No tienes lo que hay que tener.
─No me tientes, que me tienes ya muy harta desde hace mucho tiempo.
─Palabrería, eso es lo único que te sobra. Ni siquiera sabrías por donde empezar.
Y entonces fue cuando lo hice. Sí, la aplasté contra la almohada sin decir ni media palabra.
Desde aquella noche, mi vida fluye en un constante vuelo a la deriva. Nunca sé cómo voy a pagar las facturas del mes siguiente, jamás hago planes a largo plazo, y gracias a eso he vivido en veinte ciudades diferentes. Ya no tengo que imaginar historias para evadirme, porque mi vida se ha convertido en la mejor de mis novelas, y lo más emocionante es que no tengo ni idea de lo que ocurrirá en el próximo capítulo.
Y es que, desde que la incertidumbre entró en mi vida, y se apoderó de ella como una droga, es cuando realmente puedo asegurar que me siento viva. Lo de antes era una mera sucesión de días, sin la menor intención de llegar a ninguna parte.
Y por cierto, ahora me gano la vida mucho mejor que antes. ¡Quién lo habría dicho!

3 comentarios :

Toñi dijo...

Hola Paula!!

Veo que te has batido en una lucha del yo-contra-el-yo en el que ha salido ganando la parte más salvaje. Está bien que ésta sepa ganarse la vida mejor que la otra y que logre sentirse viva... la vida es tan corta.

Un beso. Toñi

Anónimo dijo...

El mundo es una lucha constante con uno mismo, venció la vida; ¡estupendo! Alicia.

Ana Sofía dijo...

Me gusta que haya ganado la otra, normalmente a la gente excesivamente responsable le suele pasar,es una lucha constante entre lo que se puede y no se puede hacer, menos mal que por una vez no ganó el sentido común.

Me ha encantado Ana