martes, 6 de diciembre de 2011

"Jana y el misterio de los Libros Secretos", el nuevo blog de Nieves.



Os presento el nuevo blog de Nieves basado en su novela de literatura fantástica juvenil "Jana y el misterio de los Libros Secretos". Esta página está creada como complemento y apoyo a la lectura del libro. Os invito a visitar el blog y, por supuesto, a leer la novela. Que vuestra imaginación no tenga límites...









viernes, 2 de diciembre de 2011

¡GRACIAS!

HOLA AMIGOS

El 30 de noviembre a las ocho de la tarde, en la sala Embrujo de Granada, todo un lujo para un recital de poesía, convoqué a unos amigos, y entre sorbos de té y buen ambiente, les conté algunos de los poemas de mi último libro "Intimidades"






Vaya mi agradecimiento para ellos.


Muchas gracias a todos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

25 DE NOVIEMBRE DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

YA no escucho su maldita voz,

Ni en el silencio

El eco agrandado de sus pasos.

No siento el roce oscuro de su piel.

¡¡Soy libre!!

jueves, 27 de octubre de 2011

EL PECADO CAPITAL (Diana)



El joven se detiene frente a la iglesia que le parece imponente, majestuosa, aunque no es más que una simple iglesia de pueblo en sus peores horas. La calle, surcada de huellas de carros, está desierta, el calor sofocante ahuyenta toda posibilidad de vida salvo en los precarios refugios de las casas destartaladas.

El muchacho está sudoroso, unas profundas ojeras desfiguran la belleza de la juventud, el pelo aceitoso se le pega a la frente como un casco. Su camiseta de color indefinido muestra amplias manchas de sudor alrededor del cuello y de sus axilas. De la bocamanga de su pantalón, en el tobillo izquierdo, asoma un aro de hierro con un resto de cadena colgando que el chico ya no se preocupa en esconder.

Mira la puerta de la iglesia con un atisbo de esperanza, con un desgastado deseo de salvación. Lentamente sube los cuatro escalones de piedra, empuja la puerta de madera, que conoció mejores tiempos, y atraviesa el umbral. La penumbra del interior lo ciega un momento, instante que le envuelve de olor a cera quemada, a suciedad y abandono, aunque para él estos olores le aportan algo de sosiego. Avanza con temor por entre los bancos de madera vacíos de una iglesia que, a esas horas, está desolada. Se detiene frente al altar, se persigna y busca como un sediento la cruz tallada que preside el altar. Se ve a sí mismo crucificado, expiando sus culpas eternamente, rogando por su alma de pecador.

Oye a su derecha una puerta que se abre y ve una figura que se le antoja enorme, recortada contra la luz que se cuela de la sacristía. Es el padre Marius, su confesor, su guía. Este avanza soberbio unos pasos hasta colocarse frente al muchacho, se diría que, pese a la negra sotana, irradia una luz personal, que prolonga la iluminación de la puerta.

—Padre necesito que me escuche— dice con la voz entrecortada y mirando hacia el confesionario.

—Hablemos aquí mismo —dice el cura señalando uno de los bancos— siéntate.

—Ha vuelto a ocurrir Padre, estoy condenado, he vuelto a manchar mis manos de sangre.

Y relata angustiado el enfrentamiento de la pasada noche en la que, sin poder contenerse, y presa de una ira que desconocía poseer, acuchilló hasta matar a un hombre cuyo único pecado había sido cruzarse en su camino y no haber podido refrenar el descontrol de sus caballos.

—No sé qué me ocurre Padre, no soy yo mismo. Ese hombre no merecía morir. Hay algo dentro de mí que no puedo controlar, un impulso, un poder que actúa a través de mí. Sé que no merezco su perdón Padre, que el Señor me ha abandonado hace tiempo, pero no quiero seguir así, no quiero seguir haciendo daño. Padre, ayúdeme por favor.

El padre Marius posa su enorme mano en el hombro huesudo del chico que, al instante, siente una corriente de sosiego, de paz, como un bálsamo puesto en una herida ardiente. Su cuerpo se relaja, inclina la cabeza de lado hasta rozar con su mejilla la mano del cura, como un perrillo apaleado buscando consuelo.

—Hijo mío, el Señor es el que traza el camino de sus corderos. Él tiene una misión para ti y tu no debes contradecir sus designios…

—Pero Padre, he matado a personas inocentes, he cometido el mayor de los pecados.

—Hijo, el Señor sabe por qué nos elije, y nosotros debemos aceptar la cruz que él nos imponga sin vacilación. No eres el primero, si nuestro Señor sacrificó a su hijo quién eres tú para negarte a cumplir su voluntad.

—Pero esto es pecado— dice el chico, con dolor en la mirada.

—Sus designios y sus razones se nos escapan muchacho, no peques más cuestionando su palabra. Y ahora arrodíllate y repite conmigo “Señor, yo soy tu siervo, muéstrame el camino y lo seguiré con humildad”. ¡Repite conmigo!

El chico se encoje bajo el peso de las palabras, las repite como un autómata por tres veces.

—Ahora márchate y no olvides quién guía tus pasos— dice con voz potente el Padre Marius mientras observa como el joven arrastra sus pasos hasta abandonar por fin la iglesia.

El Padre Marius se pone de pie, parece incluso más alto que antes de sentarse, más ancho de hombros, más luminoso aún. Levanta la vista hacia el cielo y una sonrisa se dibuja en su cara angulosa. Sus ojos, de un rojo encendido brillan en la oscuridad. Se siente satisfecho de su nueva oveja arrebatada al rebaño.

viernes, 26 de agosto de 2011

Amor Eterno

Regresó, como cada tarde, al puente de los candados. Le gustaba pasear a la puesta del sol e imaginar las historias que había apresadas en cada uno de ellos. Historias que, al menos por un instante, se juraban eternas. 
Candados que se oxidaban con la humedad y el paso del tiempo. Nombres escritos, que algún día acabarían borrados por el viento y la lluvia.
Como todo en la vida se va desgastando con el uso o el desuso.
A lo lejos, una pequeña isla le trajo un recuerdo de los que se pegan al cuerpo y remueven sensaciones que ya creía haber superado. El mar, el rompeolas, un atardecer perfecto, y las manos de aquel hombre recorriendo su cuerpo.
Se llamaba Scot.
Hacía muchos años de aquel verano y, por aquel entonces, nadie colgaba candados de ningún puente. Pero su historia también había sido eterna por un instante, y había quedado apresada en su memoria para siempre.
Su memoria... a menudo también parecía oxidarse con el paso de los años, pero algunos recuerdos permanecían muy nítidos.

En treinta y dos años de matrimonio, su marido jamás sospechó que pensaba en Scot cuando hacían el amor.

Igual que ella tampoco imaginó jamás, que Scot pensaba en ella cada vez que acariciaba a su esposa.


domingo, 21 de agosto de 2011

¿Y quién no?


¿Quién no se ha fumado un porro? ¿Quién no se ha fumado dos?

¿Quién no ha pegado un moco en la pared haciéndose el despistado?

O ¿quién no se ha puesto una película porno sin voz, creyendo que duerme la pareja?

¿Quién no ha contado los ladrillos de la acera por filas (sobre todo si vuelve contentillo), alternando los grises y claros, y hasta ha dado un saltito de ladrillo a ladrillo, invirtiendo los colores?

¿A quién no le ha pillado el vecino o conocido hablando solo alguna vez? Y claro, uno se pone a cantar, que es lo más socorrido en estos casos, diciéndote para tus adentros: ¡lo que me faltaba! Pensaran que estoy loco, con la fama que tengo…

¿Quién no se acuerda de sus padres o de sus hijos cuando coge una buena melopea?
Te puedo decir que yo, pero no te lo vas a creer.

Y quién no ha contado matrículas de coches hasta que la cabeza, llena de números dice: ¡basta, qué estupidez!

¿No se te ha “metido” nunca dentro de la sesera una horrible tonadilla de la cual no te puedes despegar?

¿No te has bajado alguna vez con las prisas, parcamente, los pantalones o las bragas y te has meado en ellos?

¿Se te ha caído alguna vez el chicle de la boca cuando estabas hablando?

¿Y nunca te ha pasado que cuando te limpias el culo miras el papel?
Un poco guarro, pero cierto. Aunque hay quien no tiene culo, sólo la parte baja de la espalda…

Por supuesto, ¿quién no ha contado árboles y postes eléctricos cuando va en el tren? Aunque ahora se le agregan también los molinos eólicos.

Seguro que has mirado al cielo alguna vez, formando figuras con las nubes: mujeres vestidas de gasa, hombres con chistera, pájaros y rebaños de ovejas, montañas de nieve…

¿Y quién no se ha puesto un candado en un pie, fusionado al candado de su amante, y se ha lanzado al río totalmente vestido (donde hay más caudal, claro), abrazado al ser amado, mientras las espumas de las aguas les llenan de burbujeos el corazón?

Yo no sé a ti, pero a mí me han pasado todas estas cosas; y muchas más…

lunes, 15 de agosto de 2011

Ejercicio Candados Playeros. Teresa.

Llegó a la playa solo, un caluroso día de agosto.  Esa misma tarde compró el candado en una tienda de chinos del paseo marítimo. Luego se pasó un rato sentado en las escaleras hasta que le vino la inspiración, y escribió la frase en la superficie metálica del candado con letra primorosa: “Para mi amor, el regalo más bonito que me ha hecho la vida” después, permitiéndose un alarde romántico hizo un corazoncillo gordo, robusto, negro.  Escogió un sitio discreto, y enganchó su candado junto a los cientos que bordeaban la escalera como una puntilla metálica. Por la noche  lanzó la llave al mar después de saltar siete olas, encontrar siete conchas blancas y cruzarse con siete señores bisojos.  

A ella tardó dos días en encontrarla. Se quitaba la arena de las sandalias en uno de los bancos del paseo marítimo, y mientras lo hacía se le habían desparramado las cosas de la mochila por el suelo. Tenía la cara colorada por el sol y el aspecto un tanto salvaje que otorga el mar;  una chica corriente, después de todo,  pero nada más verla supo que sería ella. Llevaba un turbante rosa retirándole el pelo de la cara, un turbante con un enorme y casi ridículo lazo rosa. La pitonisa le dijo que hiciese caso de las señales, y él al verla lo primero que había pensado es que aquella chica parecía un regalo, que podría ser el regalo más bonito que le iba a brindar la vida. Se acercó a ella y le ofreció su ayuda. El destino de los dos ya estaba encadenado.

domingo, 14 de agosto de 2011

Las amigas




No podían creer que fuese la última noche de aquellas maravillosas vacaciones.  Días en los que habían sentido una compenetración absoluta. Compartir la habitación en el hotel había resultado divertido. El color canela conseguido tras horas de largas conversaciones al sol resaltaba sus bonitas facciones. Estaban y se sentían guapas. La camaradería les daba alas para comerse el mundo, que se mostraba apetitoso a sus tiernos recién cumplidos dieciocho años. Se habían cansado de hablar de sus planes, que eran muchos y diferentes. Y como muestra de la felicidad vivida durante esa semana juntas en la playa, esa noche se sumaron a la curiosa tradición que tantas sonrisas les provocaba. Escribieron sus tres nombres en el candado y lo cerraron junto a tantos otros sin dejar de reír. “Nosotras también nos queremos, y con esto sellamos la promesa de volver a encontrarnos aquí dentro de un año”.
Con el arrebato de la juventud, y convencidas de que cumplirían su ofrenda, se dirigieron a la discoteca de moda de las afueras del pueblo. Y cuando cruzaban la carretera, la soberbia de un cobarde conductor se llevó por delante sus sueños, sus alegrías  y sus cuerpos, que quedaron sobre el asfalto, muy cerca los tres, casi abrazados, como en un guiño absurdo de la muerte.

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La mujer da un fuerte golpe al teclado del ordenador. Le cuesta aceptar lo que lee. Hace demasiado tiempo de aquello, pero sigue rebuscando en las entrañas de internet cualquier palabra que la acerque a ella, a su querida hija, la que le quitaron una ya lejana noche de verano en un pueblo costero. Por eso ha ido a parar a la página de un club de escritura de una pequeña ciudad, y guiada por la curiosidad, se ha puesto a leer los relatos de un sorprendente ejercicio que alguien ha propuesto. Lo que no llega a comprender es cómo esa aprendiz de escritora ha podido recrear en tan pocas palabras la verdad de aquella triste historia.

viernes, 12 de agosto de 2011

Candados, por Toñi

Media noche de un día de agosto en Benidorm. Cerca del mar, en la penumbra, una pareja de enamorados se besa a la luz de la luna.




-Teresa: tengo una sorpresa para tí, dice él.


Ella lo mira sonriente. Él saca de su bolsillo un pequeño candado.


-Me hablaste tanto de este lugar que pensé que te haría ilusión que compartiéramos un candado. Incluso he escrito nuestros nombres con un rotulador permanente.


Teresa mira el candado. Sonríe aún más.


-¡Qué buena idea, Agustín! Es muy romántico. ¿Me dejas que lo ponga yo?


-Lo cerraremos entre los dos y tiraremos la llave al mar.


Teresa busca entre los cientos de candados un lugar libre. Algunos van prendidos a otros, es difícil encontrar un hueco libre. Entre la masa de metal llena de buenos deseos, uno que una vez estuvo en su mano:


Pere i Teresa, 30 de abril de 2011

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Este microrelato lo he publicado en esta dirección de mi blog. He escrito también otras dos historias más, os dejo los enlaces, por si quereis leerlas:

Candados - Dos
Candados - Tres

Animo a nuestros lectores a que nos manden sus historias de candados y las publicaremos en este espacio. Muchas gracias.

Un abrazo. Toñi

martes, 9 de agosto de 2011

ENCADENADOS (Ejercicio de Verano) por Trinidad Alicia García Valero

Pasaba por allí y me acerqué; nunca había visto nada semejante, encadenados a los leones de las Cortes, un grupo de hombres y mujeres aguantaban la lluvia que caía en torrente.
    Unos ojos febriles y orgullosos se clavaron en mí. Y así le conocí, se llamaba Lorenzo, era un sol hermoso bajo el diluvio. Un mechón de pelo negro y mojado le caía sobre la frente; en su boca la palabra Libertad sonaba con ansia.
    Ahora sé que tenía sobrados motivos para encadenarse, pero entonces lo aplaudí con entusiasmo porque me encandiló su esplendida anatomía y el brío de su mirada. Y me uní a sus quejas por amor. Yo, que era una miedica impresionante, que no hablaba jamás de ideas por no herir susceptibilidades, que huía de la palabra huelga… El miedo me atenazaba; ¿dije miedo? Terror me daba seguirlo. Tenía un buen trabajo, unos padres que nunca lo entenderían y una vida estable. Pero él me hablaba de sueños, proyectos de realidades, me contaba cosas… y le seguí. Alrededor, mucha gente se unía a nuestras protestas, gente consciente de todas las desigualdades y castigos que tenía que soportar la mansa humanidad, sin atreverse a ponerles cara, siempre pensando en que no somos lo suficientemente fuertes como para frenar los muchos desmanes de los poderosos. Hoy hemos despertado, reclamamos derechos que nos corresponden, hoy, esas ilusiones reinas de la vida, son las que nos hacen luchar soñando con verdades de igualdad y justicia, encadenándonos por ellas. Fue así, por amor; amarrada a los indomables leones junto a él, conocí un mundo diferente, mis ideales y los suyos crearon senderos de libertad.
    Dijo que me quería, me besó y le besé. En las cadenas cincelamos nuestros nombres, y un rumor de vínculos candentes agitó el aire. Al grito de igualdad nos amamos. Juramos morir por amor si fuera preciso…
Aún así, las desesperanzas nos envolvían y los sueños de vientos pacíficos se tornaron huracanes.
    _¡Fuera cadenas que no sean compartidas por amor! _gritamos.
Los gritos se sucedieron y una gran baraúnda llenó las calles. Uniformes y fuego andaban detrás. ¡El poder siempre grita más fuerte!
    Desde entonces, las quimeras de Lorenzo vuelan unidas a él por el infinito. Yo, continué sus pasos, sus espejismos son los míos, siempre batallando por la verdad. Un día no pude más, estaba tan cansada, subí a mi buhardilla y me encadené al ordenador. Merced a esta gran ayuda, puedo transitar el universo narrando miles de leyendas, todas ellas verídicas; risas y penas, cuentos de un mundo sin fronteras ni colores.

    ¡Agosto, pegajoso calor! Me despierta la voz profunda de Sergio Dalma cantando El jardín prohibido. Debí dejar la radio encendida. Espanto una mosca que me atosiga y bajo de la cama; me acerco al baño, luego a la cocina, retorno a la alcoba, siempre arrastrado mis cruces, como todos, y encendiendo el portátil, me dispongo a seguir relatándole al mundo todas las historias de pasión encadenadas que me quedan por contar. Vuelvo a poner la radio, a estas horas siempre suenan bellas canciones de amor.


martes, 2 de agosto de 2011

Propuesta para el verano: Candados


 




Estas fotografías las tomé en Benidorm y, como veis, parecen una réplica del puente Milvio de Roma, donde la tradición consiste en enganchar un candado, en el que los enamorados escriben sus iniciales, a las farolas del puente para después tirar la llave al río Tévere.

Leyendo los nombres de las parejas, las fechas y muchas veces, el estado de los candados, me inspiró la pregunta: ¿qué habrá sido de ellos? ¿cómo sería su historia de amor?  Muchas parecen de amistad: Jessy, Natalia y Raquel, por ejemplo. Y otras como Begoña y Bea, o Chloe y Mark ... ¿amigos? ¿amantes? ¿quienes fueron?

Pues ahí os dejo la propuesta: historias de amor (o desamor) inspiradas en los candados. Mejor en formato de microrelato. Mejor dos que una. O tantas como candados ...

El verano es largo. Así que mejor pasarlo pensando en el amor ... ¡venga, a escribir!

Un abrazo. Toñi

jueves, 28 de julio de 2011

"BOXING DAY"



Ya se puede adquirir por internet el libro de relatos finalistas en el I Certamen de Relato Corto "Boxing Day" convocado por la editorial LCK15. Uno de los relatos que aparecen es el titulado "Dos miradas" de nuestra compañera Josefa González Cuesta (Pepi) Para más información y para aquellos que estéis interesados en adquirir uno o más ejemplares os dejo el enlace de la página de la editorial.
http://www.lck15.com/

domingo, 17 de julio de 2011

"FOTOGRAFÍAS", Teresa Sandoval - 2º Premio AMUSYD 2011

Tres meses es mucho tiempo. O poco. Depende. Cuando uno se encuentra  perdido en el infierno y  espera que cada día traiga vientos benévolos que orienten la brújula de su vida,  pero esos aires nunca llegan,  tres meses se  pueden convertir en una  nube pesada y negra dispuesta siempre a descargar tormenta. Si simplemente se trata de dejarse llevar, día tras día,  de manera inconsciente, sin pensar demasiado, lo más probable es que el tiempo avance de una manera tan sutil que sus pies apenas dejen huella.
A Carlota le resultaba muy difícil precisar cuándo su  vida se medía de una o de otra manera. Tenía  la sensación de haber perdido para siempre la perspectiva del equilibrio,  de que su reloj biológico se había convertido en una burbuja de arena llena de partículas de distintos tamaños que arbitrariamente se daban turno para sucederse con un ritmo peculiar y caprichoso. A veces la arena era fina, tan fina que se escapaba como un suspiro; otras, eran pesadas piedras a las que costaba mucho empeño atravesar el delicado canal sin otro afán que seguir el ritmo de los días. Pensaba en eso, ahora, que ni siquiera era capaz de precisar cuánto tiempo había estado subida en el avión, cuánto tiempo había transcurrido desde que abandonara Kigali; otra vida, una eternidad. Una tarde metálica se extendía al otro lado de las cristaleras del aeropuerto, pero ¿de qué día? Aturdida se dejaba llevar junto al resto de los pasajeros por la cinta,  apretando  la bolsa de la cámara contra su cuerpo, como un apéndice más de sí misma, un apéndice vital para ella, y vulnerable, con conciencia propia.
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Era fácil distinguirla entre el resto de los pasajeros que acababan de desembarcar.  Su cabeza sobresalía por encima de la mayoría de ellos. Se había cortado el pelo, y parecía más delgada y mucho más frágil. Iba vestida con un traje de lino,  arrugado y deslucido después del largo viaje. Cargaba el equipaje con un cansancio que parecía crónico. Cuando distinguió a sus padres sonrió. Los vio jóvenes, un tanto extraños, como rescatados de un álbum de fotos donde sólo cupiesen recuerdos alegres. Cuando la abrazaron se sintió como una niña y tuvo que aguantar unas ganas enormes de llorar. Más aún cuando su madre comenzó a acariciarle la cara, a decirle lo delgada que estaba y a preguntar qué era aquella cicatriz que tenía sobre la ceja. Tuvo que pasar los dedos por ella para ser consciente de que la herida era suya, de que la había traído consigo desde el infierno. Una piedra perdida, dijo. No quiso contarle a su madre que en realidad aquel día habían estado a punto de acabar con su vida. Habían viajado hasta  Bangadi, a unos 40 km de la frontera del Congo con Sudán. Estaba fotografiando a un grupo de niños desnutridos a la entrada de una chabola. Instantáneas que se clavan en la retina para siempre. De pronto ruido de motores, gritos, un extraño tumulto. Apenas tiempo para proteger la cámara instintivamente,  reflejos lentos para una chica de ciudad que aún no se acostumbra a las guerras ajenas. Luego disparos, y más gritos. Madres raquíticas arrastrando a niños moribundos para apartarlos de una muerte aún más precoz. Hombres con ojos inyectados en sangre arrasando a su paso la escasa y pobre vida. Guerrilleros rebeldes masacrando  poblaciones enteras: secuestros, violaciones, saqueos, destrucción. Y ella apretando el disparador más por automatismo que por profesionalidad. Carlota está bloqueada, la cámara no, y es ella la que le incita a tomar aquellas fotos, las fotos que le han valido varias felicitaciones por parte de la directiva del  periódico y para las que le han organizado una exposición apenas tenga tiempo de incorporarse a la rutina.
Aquel día supo lo que era el verdadero pánico. No el miedo al que está acostumbrada  sino algo mucho más grande, más visceral, algo imposible de describir con palabras pero que quizá sí se deja entrever en alguna de sus instantáneas, porque desde que está cubriendo los reportajes sobre las guerras civiles en África tiene un archivo completo impregnado de pánico; de pánico, de desesperanza, un catálogo fulminante de desheredados de la Tierra. Ha visto la cara oculta de la vida, si puede seguir llamándosela así a esta manera de estar en el mundo. Incluso llegó a vislumbrar la cara de su propia muerte reflejada en los ojos de aquel hombre, apenas un muchacho que la apuntaba con un fusil a menos de tres metros. Ella sí tuvo tiempo de dispararle una foto, y luego de apartar la cámara de su cara para mirarle frente a frente unos segundos en los que no pudo pensar en nada, sólo en que todo se acababa.  No vio  pasar siquiera la película de su vida porque el terror la había paralizado, o quizá fue  porque estaba llorando. Fotos borrosas. No se puede enfocar bien con lágrimas en los ojos, y sin embargo ahí están, el mejor  trabajo que ha hecho hasta ahora. Luego vio como aquel muchacho dejaba de apuntarla, lentamente, el fusil se escapaba de sus manos mientras otro, uno de los aldeanos, le asestaba un golpe en el cráneo con un machete. Y luego una lluvia de piedras. Un dolor intenso en la frente y el mundo se volvió rojo. Todavía no sabe cómo salieron de allí. Su compañero surgió de algún lugar, la cogió de la mano  y la sacó de allí, arrastrando casi hasta que pudo reaccionar y echó a correr.
Fue esa misma noche,  ya en el hotel cuando salió a fotografiar la luna, llena, tan hermosa en África como en ningún otro sitio. Docenas de fotos. Estampas bellas para limpiar el horror de sus ojos, del objetivo. Trae consigo toda la miseria de África pero también su belleza, instantáneas de las que pudo haber tomado cualquier turista en un safari y con las que ha intentado aplacar las heridas del alma. Ha atrapado imágenes de hermosas garzas a la luz del atardecer, de un león soberbio, ignorante de las heridas por las que se desangran sus dominios; altivos antílopes, grullas coronadas, un ibis, patos egipcios de color anaranjado, mariposas...  También ha traído en su cabeza los olores, los sonidos al anochecer, ¡tantas sensaciones! un continuo choque entre devastación y  belleza.
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Recuperar su vida fue fácil pero extraño; se sentía como se hubiera sentido un exiliado que regresa a su patria después de mucho tiempo. Se quedó unos días en casa de sus padres antes de volver a su piso, un ático en las afueras que siempre le había encantado y que de pronto se le antojaba ajeno y vacío.
En cuanto al trabajo en el periódico,  lo retomó con la disciplina de quien se inicia de nuevo, como si fuera otra la que tuviese que encajar en el hueco que dejara una Carlota que ya nunca iba a volver.
La exposición sobre sus reportajes de las guerras civiles africanas estuvo montada en menos de un mes.  El día de la inauguración, mientras paseaba la mirada por las fotografías,  pensó que estaba incompleta, que  sólo mostraba la cara de una moneda,  que para reparar parte del daño que esas fotos podían hacer  a la conciencia el público había de ofrecerse también la segunda parte, la colección privada que empapela todas las paredes de su casa en espléndido desorden. Primero empezaron siendo las imágenes de la cara cautivadora de África, pero pronto se dio cuenta de que eran insuficientes. Ha seguido haciendo fotos desde entonces, también en Madrid, como un vicio con el que llenar un agujero que probablemente nunca vuelva a cerrarse. Sale a la calle, a los parques, atrapa con su cámara sonrisas de niños, besos de enamorados, un manojo de globos de colores, una cometa ondeando en el aire. Se ha convertido en cazadora de momentos felices, pequeñas piezas que ayudan a cerrarle durante un rato la boca al monstruo que le muerde por dentro.
Alguien en la exposición se acerca para decirle que sus fotos tienen alma. Ella le mira con una sonrisa triste, enigmática. No le contesta, no sabe que ha dado en el clavo, que sí, que tienen alma, que es la suya propia la que se fue evaporando en cada disparo. En cada una de ellas hay un trozo de Carlota, un poco de inocencia, de entusiasmo, de fe en el ser humano;  a cambio la desgarradura inevitable de la pérdida de la ingenuidad. Su alma colgada en las paredes, agazapada entre sangre, ojos llorosos, cuerpos desnudos, miseria, espanto y alguna sonrisa blanca de un niño negro, como una flor exótica y preciosa.

domingo, 10 de julio de 2011

Haikus en Aýna

Los días 6, 7 y 8 de julio se celebró en Aýna el 2º Curso-Encuentro Internacional de Haiku, en el que partipamos Paula y yo. Os dejo una foto y el enlace al blog del curso, por si os interesa obtener más información: Adentrándonos en el haiku japonés

Un abrazo. Toñi

domingo, 3 de julio de 2011

¡DEJADME QUE SUEÑE! Segundo premio de prosa del concurso del Molino de la Bella Quiteria en su XXXVI edición.

Déjame soñar, ¿qué más te da a ti? No me digas que soy una ilusa,

que no distingo la realidad de los sueños, ¡no lo digas!

No me digas que tristes emigrantes buscan incansables en la basura,

ni que los grandes icebergs se están deshaciendo.


¡Déjame soñar! No quiero enterarme de que hay niños con armas, y personas

adultas viven de ello. ¡No quiero pensarlo! Duele.


Déjame soñar con un mundo limpio, ¡es tan hermoso!

No me cuentes que la vecina del segundo ha sido asesinada por su pareja, ¡no!

Ni que a las niñas del barrio de al lado las están prostituyendo sus propios

padres. ¡Por Dios, cállate!

Que los tomates valen cuatro euros y el aceite es oro líquido, y que la riqueza

sigue siendo sólo de unos pocos. ¡No me digas eso, por favor! Tantos años de

lucha, ¿para qué?

Ni que seguimos criticando a los homosexuales y los oscuros comerciantes

viven de la pornografía infantil. ¡No me lo recuerdes! ¡Déjame soñar en paz!

No repitas que la justicia no existe, que sólo vale el petróleo, el poder.


Que tenemos el planeta plagadito de guerras y nos preocupa mucho más el

vecino que acaba de separarse.

¡Déjame, quiero dormir tranquila!


¿Qué me importa a mí que todos alardeemos de solidarios, que engañemos el

cuerpo y el alma creyéndonos justos y piadosos, y que veamos pasar a nuestro

lado la miseria en sus miles de idiomas y nos de lo mismo. No me digas que ya

estamos acostumbrados y pasamos de largo, ¡no me lo cuentes!

¡Vete! ¡Déjame soñar en paz, ya te lo he dicho!


No me hables de que alguien está pagando con cárcel un robo de comida y

grandes mafiosos viven al sol de las mejores playas.

Ni que millones de personas duermen en la calle y se mueren a la puerta de los

hospitales.

No me expliques como se destruye el amor.


¡Déjame soñar con cielos azules y nubes blancas, con estrellas que pasean el

firmamento! Y también con la luna y, si acaso no te parece excesivo, con la

justicia y la ternura.

No me hables de corrupciones ni engaños, ni de trampas solapadas. No me

cuentes más vergüenzas. No quiero saber de odios ni rencores. Háblame de

ilusiones, dime mentiras hermosas como:

el mundo es bello, no existen las guerras ni los abusos, todos somos iguales

ante la ley y los hombres, no hay hambre, vivimos en libertad…

Las flores blancas llenan las calles y alguien canta al amor universal.

Dime que lucirá el sol todos los días también para los pobres y los sueños

serán realidades.

Que reinará la felicidad y desplazaremos a las sombras.

¡Déjame soñar! aunque sea tan simple y tan boba…

Déjame soñar con un mundo hecho de copos de algodón y mares en calma,

con sonrisas y miradas claras, con justicia. ¡Que nunca perezcan las ilusiones!

Déjame soñar con un universo en paz, que no abusa de la fuerza.

Dime que la razón siempre será la razón, sin tapujos ni engaños.


¿Tanto te cuesta comprenderlo? ¿Tan ilusa te parezco?

No hables, no digas nada más,

sólo te ruego que me dejes soñar.

jueves, 30 de junio de 2011

Entrega de premios AMUSYD 2011

Este jueves 30 de junio se han entregado los premios del XVII Certamen Literario AMUSYD en el Ateneo de Albacete. La única galardonada ha sido nuestra compañera Teresa. En la foto el momento en que la presidenta de AMUSYD, Ana Motos, y la concejala de Igualdad le entregan el premio. Os dejo algunas fotos en este enlace. 

¡¡Enhorabuena, Teresa!!

Un abrazo. Toñi.

martes, 14 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE “INTIMIDADES” De Trinidad Alicia García Valero.


El pasado día 9 de junio, tuve la alegría de presentar mi segundo libro de poemas,
Intimidades, en la Biblioteca pública de Albacete, San José de Calasanz 14.
Al final no pudo estar Javier Lorenzo; sí lo hizo Soledad Velasco, a la cual agradezco su amabilidad. También doy las gracias por su inestimable ayuda al director de nuestra Biblioteca, Juan Manuel de la Cruz.

Como se puede ver, estuve muy bien acompañada por mis compañeros del club de escritura La Biblioteca; también los amigos de La Tertulia me acompañaron en este día. Muchas gracias a todos.

domingo, 5 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE “INTIMIDADES”, POESÍA

 El jueves día 9 de junio a las 7,30 de la tarde, en la Biblioteca Pública de San José de Calasanz,
será la presentación de “Intimidades” mi segundo libro de poesía.

 Estaré acompañada por el poeta, Javier Lorenzo Candel.

Para mí es un día especial, y me hará feliz vuestra compañía.


¡¡Un abrazo para todos!!

Alicia.

miércoles, 25 de mayo de 2011

BASES DEL XVII CERTAMEN DE RELATOS BREVES AMUSYD

    
     AMUSYD convoca un Certamen de Relatos Breves cuyo tema será libre.

1- Podrán concursar todas las mujeres residentes en la Región de Castilla-La Mancha mayores de 18 años. No podrán participar las ganadoras de los dos certámenes anteriores.

2- Las obras estarán escritas en lengua castellana.
    Originales e inéditas.
    Extensión máxima de 6 folios mecanografiados a doble espacio y por una sola cara.
    Cada autora podrá presentar un sólo relato, aportando el relato original y dos copias.

3- Para preservar el anonimato y la imparcialidad del jurado, las obras se presentarán bajo seudónimo acompañadas de un sobre cerrado con los datos de la autora,  fotocopia del DNI y teléfono de contacto.

4- El plazo de admisión de originales finalizará el 16 de junio de 2011 y se podrán presentar o enviar a  AMUSYD. 
    En el sobre se hará constar: "Para el Certamen de Relatos Breves AMUSYD"
    Los trabajos se remitirán a:

AMUSYD
Dionisio Guardiola, 43, 5º dcha.
 -02003 ALBACETE

Se podrán entregar en mano de lunes a jueves de 17:30 a 20:30 horas.
O por e-mail en formato PDF a:  amusyd@hotmail.com 

5- El jurado seleccionará los mejores trabajos, con los siguientes premios:
   
    Primer premio: dotado con 200 € y 100 € en cheque-libros.
    Segundo premio: dotado con 100 € y 50 € en cheque-libros.

6- Lo premios se fallarán el 30 de Junio de 2011, a las 19:00 horas, en el Centro Cultural del Ateneo de Albacete.

7- Las obras premiadas quedarán en poder de la Asociación, que se reservará el derecho de publicar aquellas que, a su juicio, lo merezcan. Sólo serán devueltas las obras no premiadas, que podrán retirarse por las concursantes en el plazo de 15 días a partir de la entrega del premio.

8- La participación de este certamen implica la total aceptación de las presentes bases.

AMUSYD

martes, 17 de mayo de 2011

La hija de Iman por Pepi

-Por favor, sea breve-dijo Imán-¡gitana corte deprisa! ¡Que yo ahuyentaré los demonios que se cuelguen del cabello de mi hija, no vayan a espantarle la razón! Agarre con fuerza la hoja. Que no le tiemblen las manos, vieja. No vaya a quebrar ni una brizna más de vida de la precisa. Y ¡no la mire a los ojos! Que nadie le dio ese derecho, no ve que se le han cobijado allí su dolor y el mío.
Imán sacudió su piel negra, como si quisiera desterrarle el color y empezó a cantarle bajito a su niña, suave, apenas traspasando los labios el arrullo, como cuando en las noches sin nubes, el viento la quería manchar y su madre la metía de nuevo en el interior de sus entrañas siempre tibias, para que no cogiese frio. Con su nana le abrazaba la quemazón, que hurgaba la parte más honda del vientre infantil. Su cuerpo era más frágil que nunca, diminuto, sus escasos ocho años no le habían dado para más.
-Mi luna chiquita- la voz se balanceaba mientras la vieja maniobraba en el interior de la nena- verás que todo terminará y mañana volverás a cavar agujeros en la tierra para jugar al mancala. Te recostaras al abrigo del árbol galol y él te regalará sus raíces cuando yo no esté. Y correrás tras el hýras hasta su madriguera y te burlaras de tu amiga Kizzy cuando ella no sea capaz.
Niña adorada: he leído en el humo, cuando quemamos la mirra en la hoguera, que serás feliz, que el viento te llevará lejos de aquí. Allá donde la lluvia no deja de caer.
-¡Maldita sea gitana!, ¿Acaso la cuchilla se durmió?- le gritaba ardiendo, al rostro arrugado- no ve que mi hija se revuelve, que se le escapa el alma de tanto llorar . Cosa de una vez, que ya le pagaron por ello.
Y la anciana movía sin ritmo las espinas de acacia horadando en la inmensa costura, rematando su espesa labor.
-Cariño de tu madre- Imán regresaba al canto- ya todo se va a pasar. Dicen que ahora no serás niña más. No les escuches. Algún día tu y yo traeremos flores amarillas del desierto y te envolveré con pañuelos de colores, de los que tú quieras, que decidas al menos una vez.
Ya verás- le sujetaba la frente preñada de sudor- te pintaré las manos con henna y mis lagrimas al despedirte serán el khol de tus ojos, porque te irás con él. No, no me protestes. Tú serás feliz, lo sé. Me lo ha dicho el humo ¿recuerdas?. Te prometo que no será el tuyo un novio de barba blanca, ni manos ajadas por el tiempo, las que te toquen, las que te recorran dueñas. Yo hablaré con el hombre santo para que te haga un amuleto con las letras del Corán escritas, lo coserás cerca de tu pecho y en verdad que te traerá un marido que te deje soñar, que te abrace y te haga hijos, que conozca eso que llaman amor.
La hija rota, ya solo ansiaba escarbar en la arena del desierto, para poderse esconder. Las niñas mayores le habían dicho que así sería limpia, deseada, dispuesta para varón. Que el día que la mujer nómada llegaba, tras el olor de hembras enteras, era tiempo de gozo, de desprenderse de los dinjs que acechaban a las jóvenes impuras. Ni entendió entonces ni lo hacía ahora, ella solamente quería escapar.
-Dése prisa vieja,- las palabras de Imán se volcaban de nuevo sobre el desastre-que no hay agua para lavar lo que ha hecho, no vaya a ser que aún se me emborronen los ojos, y recuerde que ayer y mañana, mi hija no tiene voz.
Las manos retorcidas la observaron con un gesto de vanidad, recogieron la cuchilla, manchada de sangre ajena, la metieron en la bolsa de cuero y buscaron en el aire caliente el rastro que nunca acababa.
Imán recostó a su niña a los pies del baobab, reclamando su consuelo de madera y abrazada al árbol se dio cuenta que aún no podía llorar.

viernes, 15 de abril de 2011

PRESENTACIÓN DE "EL LLANTO DE LA VIEJA HILDA Y OTROS RELATOS", DE MIGUEL ÁNGEL MOLINA



Ayer, 14 de Abril, acompañamos a nuestro amigo y compañero Miguel Ángel Molina en la presentación de su libro "El llanto de la vieja Hilda y otros relatos" en la librería Popular. 

Fue un acto sencillo, entreñable y muy concurrido, con la presencia de muchas caras amigas. La presentación corrió a cargo de nuestra querida Rosa Villada y del editor Ángel Aguilar. Después Toñi nos leyó uno de los cuentos que integran el libro y para finalizar el propio Miguel Ángel nos leyó el fragmento de otro de ellos (el resto corre por parte de los lectores). 

Le deseamos la mejor suerte del mundo y que éste tan solo sea el primero de una larga lista de éxitos.

Enhorabuena, Miguel Ángel.

jueves, 14 de abril de 2011

UN INACABADO EN EL MUSEO. (Proyecto de personaje, teatro)

Avatar de UsuarioEl museo había cerrado, los cuadros que momentos antes se exhibían estáticos, empezaban a tomar vida.del fondo izquierdo, un pliego medio enrollado, lucha por abrirse. Gira a un lado y a otro y al fin lo consigue. El esbozo de personaje que sale del papel apenas trazado, tiene signos de clásico y signos de abstracto, mira hacía todos los cuadros y todos los cuadros lo miran a él. Se encuentra solo, ni siquiera está acabado.

_¡Seguro que va a ser maravilloso conocer a tantas celebridades!_ Piensa feliz, con su cerebro inconcluso_ un mechón de pelo cae por el lado de la frente clásica y por el abstracto, un ojo desorbitado mira azorado en rededor. Sus piernas a medio terminar, se esfuerzan por aproximarse a los personajes de los cuadros.

_¡Guau!_exclama con admiración_ ¡Si son las Meninas y los Borrachos; la hermosa Monna Lisa, y Ofelia, Ofelia, mí amada Ofelia! _Llora emocionado y en su afán de reconocer a sus héroes, cae varias veces y cada vez que cae, vuelve a enrollarse en el pliego reapareciendo otra vez con más brío, aunque un poco más borroso. Todos le dan de lado y le vociferan:
_¡Vete de aquí, no te conocemos!
Desde la altura de su cuadro, Felipe IV, mueve la cabeza murmurando entre dientes con desprecio:
_Plebeyo inconcluso_. Él, se arruga impresionado. Apenas es un boceto.
_ ¡Un inacabado! _Asevera uno de los borrachos, mientras agita la mano echándole._¡lo que nos faltaba! Con el problema que tenemos!

El proyecto de retrato, ha pasado largo tiempo enrollado en un rincón y no sabe nada de lo que ocurre. Camina vacilante de un lado a otro de la sala.
Al “inacabado” como ya le llaman algunos clásicos, le faltan muchos trazos para ser un verdadero personaje, se siente desnudo y triste, busca cobijo en cada una de las representaciones pictóricas, que lo rechazan airados. Dos lágrimas de carboncillo, caen de su gran ojo.
Las meninas se vuelven de espaldas al verlo. La mujer de la ventana, dejando a un lado su parte casquivana, parece apiadarse de él y le invita a descansar en su cuadro, mientras los demás le gritan:
_¡¿No ves que es sólo un croquis?! ¡Échalo, no es de nuestra estirpe, ¡un inacabado cualquiera…!

Cansado, derrotado, el esbozo, sigue el peregrinaje. A ratos, oye la voz gangosa de otra mujer que agarrada a la botella deambula lloriqueando y hablando sola entre los cuadros. Tiene mucho miedo. Menos mal que a lo lejos divisa un oasis y se arrastra poco a poco hacía allí.
_¡Son girasoles!_ Prorrumpe en gritos gozosos y, reuniendo los pocos arrestos que le quedan,se introduce con cuidado entre ellos que, aunque se hacen los despistados mirando cada uno hacía otra parte, le ceden un minúsculo espacio. Y el esquema sonríe, y sin arrancar ni una sola pipa, se enrolla en su pliego y se queda dormido. Ha sido una dura prueba para un inacabado como él en un museo tan importante…

jueves, 24 de marzo de 2011

MUSLOS DE TRUENO (Diana)





He leído recientemente que se han descubierto en EEUU los restos fósiles de un brontosaurio emparentado con los diplodocus cuya principal característica es el tamaño de sus patas. Creen los expertos que este animal, apodado “muslos de trueno” y desaparecido en el cretácico inferior, utilizaba sus poderosas patas como arma para defenderse de los depredadores.

Una servidora, lectora apasionada de artículos científicos, se sintió sumamente sorprendida con el bombo que se dio a la noticia. Entiendo que, para los científicos de bata blanca, sumergidos en profundas excavaciones o en sus asépticos laboratorios, esta noticia les sorprenda. Yo creo que se debe a que tienen muy poco contacto con la realidad que les rodea. Si miraran con un poco más de atención se darían cuenta de que no se trata de una especie extinguida, nada más lejos de la realidad. Con que se detuvieran en las noticias que nos inundan a diario, descubrirían que estos dinosaurios, con poderosas patas, que atacan a sus enemigos a patadas, no han desaparecido de la faz de la tierra, antes bien, están más vivos que nunca.

No hay más que observar a nuestros políticos en plena pre campaña electoral, cómo se hacen un hueco en la sabana política y cómo, haciendo gala de una musculatura excepcional, apartan sin piedad al oponente, sin importarles si los dejan mal heridos, mutilados o muertos de muerte política. Lo realmente curioso del caso, y ésto sí que alguien debería estudiarlo, es que estos especímenes moribundos renacen con más bríos y se incorporan de nuevo al ruedo para ejercitar, una vez más, el juego de dar patadas a todo el que se interponga en su camino, y así, en un círculo sin fin, en una danza bestial (de bestias) hasta dejar agonizante a la ciudadanía, que no acierta a descubrir de dónde vendrá la próxima coz y a qué órgano vital lesionará, si a los salarios, a los servicios básicos o al intelecto del ciudadano de a pié que ya no atina a levantarse después de semejante andanada de golpes bajos.

La paleontología, ciencia que estudia el pasado de la vida sobre la tierra, debería ampliar su mirada y detenerse en la nueva fauna política, heredera de las bestias depredadoras que habitaron nuestro planeta. El único dato que aporta algo de esperanza es el hecho de que aquellos monstruos se extinguieron, no debemos desesperar y confiar en que algún cataclismo ciudadano los borre nuevamente de la tierra. Algún cataclismo, como por ejemplo no acudir a votar en las próximas elecciones o en su defecto, votar en blanco. Así, tal vez, se mueran de inanición.


domingo, 13 de marzo de 2011

CARTA EMOCIONADA


Nunca pensé que el verte, me iba a producir tal satisfacción, te aseguro, que si lo hubiera sabido, te habría buscado antes. Tanto tiempo de sufrimientos y ahora, nos encontramos frente a frente. Tú, yo, y tú mujer.
Ha sido extraordinario ver ese rostro que tanto soñé, atiborrado y mofletudo, eso si, los ojos son los de siempre, de sapo, como toda la vida, aunque ya ni conservan la malicia. Y ese cuerpo rumboso… ¡Ay que cuerpo! Supongo que las juergas se te habrán acortado, no quiero decir que ya no sirvas, ya me entiendes… pero con esa tripa cervecera que imagino sin ropa, ¡me repele pensarlo! Aunque al mismo tiempo me congratula. Me has mirado con ojos de nostalgia, no dudo que tu mirada la pueda expresar claro, pero, ¡estabas patético! Me diste pena, mucha pena…
Te cogiste del brazo de tú compañera y echándome una última mirada empezaste a caminar, ibas renqueante, supongo que la reuma ya no te deja correr, la verdad es que correr nunca ha sido lo tuyo, más bien subirte a la barra del bar y tomar whisky, sobre whisky, eso si, mostrándole al camarero el buen fajo de billetes que llevabas, no fueran a pensarse que eras uno de esos andrajosos que beben sin tener con que pagar.
Vestías según tú costumbre de los domingos: chándal azul eléctrico y botines de piel negros, sin olvidar, la riñonera esa, donde sueles meter los móviles y los cuartos, aparte de algunos tornillos, que no dudo te falten. La verdad, me entusiasmó tú presencia, tan digamos, ¿anormal? Te colocaste las eternas gafas negras, (eso también sigue igual), y me saludaste jubiloso mientras exclamabas, “que eso era lo tuyo”. Chico, son cosas de la personalidad…
Sin querer, por supuesto, me fijé también en tú compañera; ¡vaya foca con anteojos! Con esas piernas que apenas le llegan al suelo, tan rellenitas y ese cuerpo que Dios no ha podido darle. Me gustaron mucho los horquillitas de colores que adornan su mata de pelo y el vestido corto y blanco, que deja ver sus rollizos muslos, muy apropiado si, sobre todo para montar en moto, esa pobre moto que sufrirá tanto como lo hice yo en pasados años. (Por diferentes motivos claro), al tener que soportar el enorme peso de vuestros hermosos cuerpos. Me encantó ver como os encaramabais los dos en ella, ¡desdichada motocicleta!

El final fue apoteósico, con el gorro calado y los cortos perniles enrollados en los pedales, parecíais talmente dos hormigas atómicas, (con perdón para las hormigas) aunque ya cascadas, naturalmente.

En fin, que estoy muy contenta de volverte a ver; y no sé si mandarte estas letras o colgarlas en Internet con nombre, apellidos y dirección, por si alguien tiene la curiosidad de conocerte.

Que seas muy feliz y sigas, bueno, sigáis, tan divinos…

Tú ex amante.


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