martes, 9 de agosto de 2011

ENCADENADOS (Ejercicio de Verano) por Trinidad Alicia García Valero

Pasaba por allí y me acerqué; nunca había visto nada semejante, encadenados a los leones de las Cortes, un grupo de hombres y mujeres aguantaban la lluvia que caía en torrente.
    Unos ojos febriles y orgullosos se clavaron en mí. Y así le conocí, se llamaba Lorenzo, era un sol hermoso bajo el diluvio. Un mechón de pelo negro y mojado le caía sobre la frente; en su boca la palabra Libertad sonaba con ansia.
    Ahora sé que tenía sobrados motivos para encadenarse, pero entonces lo aplaudí con entusiasmo porque me encandiló su esplendida anatomía y el brío de su mirada. Y me uní a sus quejas por amor. Yo, que era una miedica impresionante, que no hablaba jamás de ideas por no herir susceptibilidades, que huía de la palabra huelga… El miedo me atenazaba; ¿dije miedo? Terror me daba seguirlo. Tenía un buen trabajo, unos padres que nunca lo entenderían y una vida estable. Pero él me hablaba de sueños, proyectos de realidades, me contaba cosas… y le seguí. Alrededor, mucha gente se unía a nuestras protestas, gente consciente de todas las desigualdades y castigos que tenía que soportar la mansa humanidad, sin atreverse a ponerles cara, siempre pensando en que no somos lo suficientemente fuertes como para frenar los muchos desmanes de los poderosos. Hoy hemos despertado, reclamamos derechos que nos corresponden, hoy, esas ilusiones reinas de la vida, son las que nos hacen luchar soñando con verdades de igualdad y justicia, encadenándonos por ellas. Fue así, por amor; amarrada a los indomables leones junto a él, conocí un mundo diferente, mis ideales y los suyos crearon senderos de libertad.
    Dijo que me quería, me besó y le besé. En las cadenas cincelamos nuestros nombres, y un rumor de vínculos candentes agitó el aire. Al grito de igualdad nos amamos. Juramos morir por amor si fuera preciso…
Aún así, las desesperanzas nos envolvían y los sueños de vientos pacíficos se tornaron huracanes.
    _¡Fuera cadenas que no sean compartidas por amor! _gritamos.
Los gritos se sucedieron y una gran baraúnda llenó las calles. Uniformes y fuego andaban detrás. ¡El poder siempre grita más fuerte!
    Desde entonces, las quimeras de Lorenzo vuelan unidas a él por el infinito. Yo, continué sus pasos, sus espejismos son los míos, siempre batallando por la verdad. Un día no pude más, estaba tan cansada, subí a mi buhardilla y me encadené al ordenador. Merced a esta gran ayuda, puedo transitar el universo narrando miles de leyendas, todas ellas verídicas; risas y penas, cuentos de un mundo sin fronteras ni colores.

    ¡Agosto, pegajoso calor! Me despierta la voz profunda de Sergio Dalma cantando El jardín prohibido. Debí dejar la radio encendida. Espanto una mosca que me atosiga y bajo de la cama; me acerco al baño, luego a la cocina, retorno a la alcoba, siempre arrastrado mis cruces, como todos, y encendiendo el portátil, me dispongo a seguir relatándole al mundo todas las historias de pasión encadenadas que me quedan por contar. Vuelvo a poner la radio, a estas horas siempre suenan bellas canciones de amor.


6 comentarios :

Robert dijo...

Muy visual, me encanta el tono de la narración.
Saludos.
Robert.

Anónimo dijo...

Gracias Robert,un abrazo.
Alicia.

Pepi dijo...

Me gusta Alicia, es un relato muy tierno, invita a soñar contigo. Besos. Pepi.

Teresa dijo...

Una historia de amor encadenada a un Indignado, jeje. Menos exótico que los candados de la playa pero no menos intenso el sentimiento.
Me alegra mucho comprobar que ni el calor ni las vacaciones ponen freno a tu creatividad.
Un beso.

Diente de león タンポポ dijo...

Jejejeje, muy bien Alicia, una historia de plena actualidad. El amor siempre triunfa, aunque estemos indignados.

Un beso. toñi

Anónimo dijo...

Es un indignado cualquiera... yo, llevo llevo siglos indignada, y ahi sigo sin más.
Besitos.
Alicia.