martes, 30 de junio de 2009

GARBANCITO (Versión moderna de Gracia)

Hace mucho, mucho tiempo, vivió un niño tan, tan, pero tan pequeño que a sus padres se les ocurrió la genial idea de ponerle por nombre Garbancito. Sin duda, quien más ganó con este insólito suceso fue su madre, cuya figura apenas se vio transformada en el embarazo y cuyo parto fue de esos famosos sin dolor, de los que todas las mujeres han oído hablar pero no conocen a nadie que los haya experimentado.

Por lo demás, nuestro Garbancito era un niño normal, que asistía a la escuela, que jugaba con sus amigos y que salía a pasear con sus padres, con el beneficio para éstos de que sus espaldas no se resentían al llevarlo en brazos.

Cuando Garbancito caminaba solo por el pueblo, donde era conocido por todo el mundo, no se olvidaba de cantar a voz en grito, para que nadie le pisoteara, lo de “Pachín, pachán, a Garbancito no piséis… Pachín, pachán, a Garbancito no piséis…”.

Así de apacible y tranquila transcurría la vida para nuestro diminuto amigo, pero como es normal, incluso en los cuentos, los años pasaban y Garbancito se fue haciendo mayor, aunque no de tamaño claro, eso no. Sus amigos fueron encontrando pareja, algunos se enamoraron, otros se casaron… Menos Garbancito. A ver quién se iba a fijar en alguien tan chiquitín. Sin embargo, él sí que sentía una cierta quemazón por ahí dentro que le hacía sentirse muy, pero que muy triste.

Para suerte de nuestro personaje, un día, en el que andaba cabizbajo y apenado por su vida en cierto modo incompleta, llegó hasta el pueblo el rumor de que no demasiado lejos, tan sólo a cinco días de camino (para alguien de tamaño normal, eso sí), existía otra personita de dimensión inusual. Garbancito no tardó en imaginar a una bella y chiquitita joven, anhelando, solitaria, la llegada de su pequeño príncipe y suspirando por su tardanza.

Sin pensárselo dos veces, esa misma noche Garbancito preparó todo lo necesario para el viaje. Escribió una nota para sus padres, prometiéndoles volver en cuanto encontrase a su amada.

Y efectivamente, así ocurrió. Al cabo de dos semanas, Garbancito regresó al pueblo. Todos lo recibieron alegres y expectantes y las exclamaciones de sorpresa se sucedieron sin parar cuando Garbancito llegó a la plaza cogido de la mano de su acompañante.

-Os presento a Pulgarcito -gritó contento él.

Y ante el silencio que siguió, no dudo en añadir:

-Bueno, pues esto es lo que hay.

Y aunque en un principio nadie confió en el futuro de aquella relación, cuentan los más viejos del lugar que Garbancito y Pulgarcito fueron muy felices hasta el final de sus días.


miércoles, 24 de junio de 2009

EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR.


_¡Emperador, emperador! ¿es que no me oyes? _ el hombre que así gritaba, llevaba un saco en una mano con alguna comida y en la otra una botella de vino._ ¿Ya no conoces a tus súbditos tampoco? Eres de un raro…
El llamado pomposamente emperador, levantó la cabeza y lo miró con sus ojos orientales, pequeños y vivos. Había serenidad en ellos, toda su persona irradiaba serenidad. Tenía el pelo largo y blanco y una barba enmarañada, también cana. Daba de comer a unos gatos los restos que había cogido de la trastienda de un supermercado. Un perro dormitaba a su lado. Podría ser muy viejo, por el color de su pelo, o no tanto por el brillo de sus ojos; en cualquier caso, no creo que importara su edad. Vestía unas bermudas casi naranjas y una camisa ancha que antes pudo ser verde, sus zapatillas renegridas espantaban a patadas a las ratas que se paseaban, como Pedro por su casa en el desguace. Él, también cogió del suelo una bolsa de color indefinido y contó la chatarra que había en su interior. Luego se puso en pie, no era muy alto, su delgadez extrema hacía que las bermudas se hincharan de aíre. Más de una vez éste se lo llevó calle arriba.
_, Vamos Juan _ ordenó más que dijo_ nos queda mucha chatarra que buscar, quisiera poder comprarme un traje nuevo, soy el emperador…
Juan asintió con la cabeza y marcharon calle abajo; por ella subía Fernando que se unió a ellos preguntando amablemente: ¿Qué tal descansó hoy mi señor?
_Bien, bien, mi fiel consejero, el ministro y yo, caminamos hacía el extrarradio, ¿vienes?
_Por supuesto mi señor. Y los tres con sus bolsas al hombro siguieron el camino.
En la esquina una pareja de policías que cosían no se qué, sentados en el coche, les detuvo.
_.¿Dónde van ustedes? _preguntaron cortando el hilo con los dientes._ ¡Haber documentación…!
_ Siempre con lo mismo… _ Había paciencia en su voz_ ya os he dicho mil veces, que soy Miltriates, emperador de los Partos y estos hombres son respectivamente, mi primer ministro, y mi consejero.
_¡ Os aseguro que es cierto! ¡Que me azoten mil veces si miente! _ Afirmó el ministro con pasión., _ ¡es Miltriates, el bravo, el fuerte, el emperador capaz de poner en jaque a Roma! Pero ¡ay! Las traiciones lo trajeron aquí… ¿No veis su porte? _ Juan hablaba con seriedad, mientras se rascaba la cabeza.
¡Los mismos locos de siempre y sin documentación, ¡hala! Otra vez a chirona! se ve que os gusta ¿eh?_ Dijo uno de los polis.
_ Señor sastre, digo… señor comisario, Miltriates os dará las mejores telas de su reino, podréis coser maravillas, si sois buenos con nosotros. _ El primer ministro Juntaba las manos en forma de súplica, haciéndoles una reverencia. Ellos clavando las agujas en el hilo les empujaron al furgón.
_ ¡Miltriates, Miltriates! ¡Sabrá que dice el mendigo! estoy seguro_ refunfuño el otro poli _ que lo que quieren es no dormir en la calle una vez más.
_¡Lo que yo te diga,_contestó el primero,_ si va a ser que no están tan locos…
Ya en la celda después de tomar una especie de sopa, Juan miró al emperador y le pidió mientras agarraba por fin, un piojo y lo aplastaba con un chasquido entre los dedos:
_Cuéntame otra vez cosas de nuestro reino, señor _ y sonriendo como un niño. _falto tanto tiempo de allí…El emperador, también sonrió y cruzando las piernas sucias, que parecían dos sarmientos nudosos, empezó a hablar. Mientras, se oían los gritos y llantos de otros calabozos.
A medida que hablaba, sus ojos que eran como dos rayitas de luz, se empequeñecían aún más y su voz, sonaba dulce entre los gruesos muros. Los guardias seguían la historia fingiendo indiferencia, mientras cortaban una pieza de tela..

_ De donde nosotros venimos, aunque se te haya olvidado, mi fiel ministro, también hay negras mazmorras, _empezó diciendo_ yo fui prisionero en ellas. Si, yo, el emperador más famoso de Oriente, mis dominios no tenían fin, nuestro país era rico y poderoso, abundaban allí los prados verdes y las flores. Las frutas dulces como miel; los pájaros más exóticos que cantaban sin cesar. Todas las mañanas solía bañarme desnudo en el lago, cerca de palacio, cosa que aprovecharon mis malvados primos… Un día, ansiosos de poder, cuando yo disfrutaba de las delicias del agua, me robaron mi traje nuevo y ahí empezó mi calvario… Juraron al pueblo que había muerto ahogado, por supuesto a mí me encerraron y torturaron en el calabozo de un castillo lejano; era negro y maloliente como este. La gente me lloró mucho y se hicieron grandes funerales en mi honor. Pero ellos reinaron. Yo pude huir, con la ayuda de unos fieles criados; vague por el país y al final conseguí hacerme a la mar de polizón en un barco mercante; y heme aquí: nuevamente prisionero, día si y el otro también.
_¡Venga Juan pásame la botella! _ Gritó el consejero, también llamado Fernando, _me emociono tanto…
_ ¡Inclinaos ante el emperador bribones¡ _les gritaba a los guardias el primer ministro_ ¡Que vais a saber vosotros de reyes ni de nada! _ Ellos reían mientras cosían y cantaban:
_¡”Salve al emperador Miltriates, que parece un botarate, que tal vez le cosa un traje.. Salve… Ja,ja,ja,ja…!”
_Menos mal que tenemos a menudo locos graciosos _exclamaban. ¡ pero venga, vamos a soltarlos no se acostumbren! ¿Ya habéis comido mi señor? _ se burlaban_ y ahora, ¡a la puta calle; y no bebáis más viejos chochos!
Los tres hombres llegaron tambaleantes al viejo desguace, con las bermudas sucisimas y las zapatillas más renegridas todavía. Se sorprendieron al ver un gran resplandor y pensaron que estaba ardiendo. Acercándose con miedo, pudieron ver ¡ah ilusión! Una gran fiesta. Dos pajes ricamente vestidos les abrieron la puerta, el tal desguace se había convertido en un bello salón, hasta las ratas bailaban felices, viendo tanta comida. Servidores con túnicas orientales, llevaban las bandejas de un lado a otro, miles de comensales con hermosos trajes, les esperaban sentados en una mesa larga adornada con flores y pájaros exóticos, los más ricos manjares y las más bellas damas, vestidas de Ágata Ruiz de la Prada sonreían.
Al momento, Los dos polis costureros o sastres que habían terminado la guardia, llegaron gritando:
_¡Sorpresa!_ Mientras tiraban de las bermudas de Miltriates y le ponían un hermoso traje azul marino de mil rayas. Éste, ya bien vestido, paseo la mirada majestuosamente por los comensales. Todos gritaron a una: ¡VIVA EL EMPERADOR Y SU TRAJE NUEVO; y él, feliz como nunca, con lágrimas en los ojos susurró: _pásame la botella Juan…
_¡Despierta abuelo! Mi padre dice que ayer la cogiste buena.
El hombre se incorporo como pudo restregándose sus pequeños ojos, miró alrededor, los gatos ronroneaban a su lado, Juan y Fernando, con la mochila al hombro y la botella en la mano le esperaban pacientemente.
_¡Vaya todo fue un sueño! _Se dijo malhumorado y salió a trancas y barrancas tras ellos.
Anduvieron un poco y al dar la vuelta a la esquina, vieron en medio de la calle cruzado, el coche de la policía, los guardias les dieron el alto. Y ante sus incrédulos ojos, sacaron un traje gris de rayas negras y se lo hicieron poner, amenazándole con un revolver de calibre treinta y cinco. Los dos compañeros miraban la escena petrificados, agarrándose a la botella.
_¡Salve Miltriatres!_ Se burlaron_ ¡al fin te atrapamos ! un emperador necesita un traje nuevo y éste terminamos de coserlo para ti, lo llevaras algunos años…¡Sube al coche!
El niño llegaba gritando: _¡ malditos polis locos! ¡Dejad al abuelo tranquilo!

sábado, 20 de junio de 2009

LA CRISIS DE PULGARCITO por Nieves Jurado


Había una vez un matrimonio de trabajadores en paro de larga duración que tenían siete hijos. Todos los niños eran grandes, fuertes y estúpidos, menos el último que era algo más listo y tan pequeño como un dedo pulgar, por eso a sus padres se les ocurrió la feliz idea de recordarle toda su vida aquel aspecto tan insignificante poniéndole el ridículo nombre de Pulgarcito.
Los seis hijos mayores eran vagos e inútiles y lo único que sabían hacer era comer, escuchar música a todo volumen y chatear por Internet; sin embargo, Pulgarcito dedicaba gran parte de su tiempo a leer novelas históricas y a ver los documentales de naturaleza de la dos, por lo que con el tiempo fue un pequeño bastante espabilado y culto.
Una noche, en plena crisis del 2009, Pulgarcito se despertó y oyó que sus padres se lamentaban de la falta de dinero y de la escasa ayuda del gobierno para las familias numerosas. Estaban apenados porque ese verano ni siquiera podrían ir de vacaciones unos días a Benidorm, ni tomarse una paella en el chiringuito de la playa, como todos los años. Pero cual fue la sorpresa del pobre Pulgarcito cuando escuchó decir a su padre:
-La situación de la familia es insostenible. Nuestros hijos gastan demasiado y no creo que nunca consigan un trabajo decente, además tampoco los veo trabajando, y no podemos permitirnos mantener en un futuro a un montón de “treinteañeros” rascándose las pelotas mientras nosotros no tenemos ni para una miserable paella en la playa. Lo mejor será abandonarlos, antes de que crezcan más y les cojamos cariño. Quizás, si se lo montan bien y tienen suerte, consigan algún día sobrevivir con un subsidio del estado. El único que merece un poco la pena es el enano ese, pero es demasiado canijo y, la verdad, me da vergüenza salir con él a la calle, además es tan pequeño que cualquier día se lo come un perro y ni nos enteramos.
Después de muchos pensar, los sufridos padres decidieron abandonar a los niños en la primera gasolinera que encontraran en cualquier carretera secundaria perdida entre montañas. Pulgarcito, quedó sorprendido y muy enfadado por lo que había escuchado.
-¡Serán cabrones! –pensó.
Al cabo de un rato dándole a la cabeza, el pequeño tuvo una idea. Dejaría miguitas de pan por el camino, así encontrarían la manera de regresar a casa y sus padres no se saldrían con la suya.
A la mañana siguiente, se metieron los nueve en el monovolumen a medio pagar que tenían y partieron rumbo a la carretera más solitaria. Pulgarcito abrió un poco la ventanilla y con total discreción fue tirando miguitas de pan. Cuando los padres los abandonaron, los seis hermanos comenzaron a llorar como mariquitas. Hasta que Pulgarcito les dijo:
-No os preocupéis, sé la manera de regresar a casa.
Pero como todo el mundo sabe, las desgracias nunca vienen solas y cuando el niño se puso a buscar las migas de pan para seguir su rastro, se dio cuenta que era más idiota de lo que jamás imaginó, porque los pájaros se las habían comido todas, como probablemente hubieran deducido la mayoría de los mortales medianamente inteligentes. Los hermanos lo miraron incrédulos.
-¿De verdad pensabas que íbamos a regresar a casa siguiendo el rastro de unas ridículas migas de pan? -le dijo el mayor, ya adolescente, mientras se sentaba sobre una piedra a liarse un enorme porro–. ¡Tú flipas, canijo! -, añadió con una amplia sonrisa.
Todos los hermanos estallaron en una gran carcajada, por un momento sus afligidos corazones olvidaron aquella desgracia.
Pulgarcito, que pasaba de sus hermanos, vio a lo lejos una casa grande y lujosa con piscina y todo y decidió acercarse a echar un vistazo. El resto de los chicos hicieron lo mismo.
Cuando llegaron, fueron muy bien recibidos por la dueña de la casa, una señora con gruesos labios de silicona que al hablar se movían como si fueran un par de morcillas tiernas. La mujer, temiendo por ellos, los escondió en una habitación secreta. En realidad no quería que su marido los encontrara, ya que de ser así, los mataría a los siete, pues se dedicaba al negocio del tráfico de órganos y nunca desperdiciaba la oportunidad de conseguir unos cuerpos tan jóvenes como aquellos. Pero el hombre, que era grande y gordo como un oso, no tardó en descubrirlos.
-Será mejor que los acuestes para que estén bien descansados. Mañana me encargaré de sacarles todo lo que me sirva –ordenó con voz ronca.
La mujer los acostó en una cama grande junto a la cama donde dormían las siete hijas que ellos tenían. Las niñas eran tan presuntuosas y pedantes que dormían cada una con una corona de oro en la cabeza. A mitad de la noche, Pulgarcito se despertó, algo lógico estando en aquella situación tan complicada, sin embargo sus hermanos dormían a pierna suelta como si no les importara nada. El niño, intentando demostrar que lo de las migas había sido un simple error de cálculo, pues él era pequeño pero no tonto, pensó que quizás el hombre querría matarlos antes del amanecer y así, fue a la cama de las niñas y cambió las coronas por unos gorros ridículos que la mujer les había puesto. Como él sospechó, el hombre se despertó y acudió a la habitación, tocó las cabezas y cuando localizó los gorros sacó un cuchillo y con toda la sangre fría les rajó el cuello a sus propias hijas. Cuando se dio cuenta de su error, no le afectó demasiado porque bajó las escaleras tranquilamente y se lo contó a su mujer como si le relatara la película que acababa de ver por la tele. La esposa subió a la habitación y al ver la sangre calló desmayada al suelo. Los hermanos salieron corriendo, saltaron la verja y escaparon de la casa, no sin antes darse un bañito rápido en la piscina.
El hombre cogió la pistola y su magnífico Porche y los persiguió por la carretera. De manera asombrosa e inexplicable, los niños habían recorrido en unos pocos minutos casi todo el camino a su casa, aunque lo más fantástico fue la recuperación tan espontánea de la memoria pues los siete recordaban perfectamente cual era el trayecto exacto a seguir, pero esto sólo ocurre en los cuentos, obvio. El hombre se quedó sin gasolina, cosas de la vida, y paró en una gasolinera a repostar. Pero, como hacía mucho calor decidió dormir un rato tumbado bajo la sombra de unos árboles cercanos, momento que aprovechó Pulgarcito para quitarle las llaves del Porche y la pistola. El niño les dijo a sus hermanos que continuaran sin detenerse hasta su casa, pues no quedaba lejos y el muy listo se subió en el Porche y partió hacia la comisaría del pueblo. El jefe de policía siempre había sospechado del traficante y lo consideraba culpable de la muerte de su hijo un par de años antes, aunque nunca consiguió pruebas contra él. Agradecido, le dio al pequeño una buena recompensa y consiguió un magnífico trabajo para cada uno de los miembros de la familia. Actualmente, Pulgarcito sigue siendo un enano que nadie sabe cómo hace para conducir un Porche, y menos aún cómo consigue ir cada día con una chica distinta. Su familia vive como auténticos reyes en la casa del traficante de órganos. Algunos dicen, que ahora se dedican al tráfico de drogas y es el hermano mayor quien dirige el negocio familiar.

viernes, 19 de junio de 2009

"EL SABOR DE PATRICIA" por Josefa González, Segundo premio en el XV Certamen de Relato Breve AMUSYD.







Pepi











"El sabor de Patricia"

Patricia tenía los ojos del color del cobre y la piel tostada de los que marcharon al otro lado del camino, recia herencia que se imponía sobre los rostros de luna llena de la rama materna que aún le duraban, pertrechados tras la escasez que andorreaba por el esbozo de hogar donde decían vivir. El cutis se le había vuelto cetrino, malhumorado igual que la garganta rasposa siempre como lengua de gato, todo por el hambre de sol, a pesar de que su tierra era pródiga en ardores que calaban sin moderación hasta reblandecer el entendimiento, pero allá abajo donde ella hacia las horas, la luz tenía veda eterna. La mina le robaba los instantes, la respiración teñida de azufre, tan espesa, tan densa y pegajosa que a veces dudaba, si no sería más prudente masticarla, que dejarla correr por unos pulmones enojados que rumiaban una tos cansina que la acompañaba día y noche. Tenía las manos ajadas y el mirar marchito, la espalda rendida, resquebrajados los dedos de tanto escarbar las paredes pardas de unos túneles tan estrechos como su mañana, tan oscuros como su ahora. Patricia era menuda, frágil y tierna, tanto que las costillas parecían temblar dentro de su armazón, cada vez que se echaba al lomo el saco de mineral (futuro regusto de señoronas huecas) que le había arrancado a la galería, mientras se bebía a sorbos los sueños que se negaban a anidar, los juegos que olvidó jugar o las travesuras que se perdían tras su niñez extraviada, porque Patricia tenía los días por terminar, arrastraba los restos de sus once años y casi la mitad se los había dejado pegados al filón que se alimentaba con el envejecer precoz de su cuerpo, pero su país tenía hambre y sed, sus mil hermanos también. Por eso cada amanecer se arropaba de paciente desilusión y con otros rostros calcados al suyo, descendía hasta el confín de su horizonte, donde su figura pequeña podía serpentear sin recato, diestramente, libre de la torpeza de los adultos y sus tallas de gigante, entre corredores apretados que rezumaban con turbia obscenidad su miedo y el de los que antes los recorrieron. Cuando se levantaba el polvo más arriba de su frente y el suelo se quería mover, Patricia apuntalaba sus temores con pensamientos cuajados de luz que le despegaban de la tierra los miembros acobardados.
Siempre igual, desde el instante mismo en que comenzó junto a su madre en la selección del desmonte y luego cuando el pecho de la vieja amenazó con romperse y hubo de regresar a la chabola a ayudar a vivir al resto de la familia, Patricia “ascendió” al procesamiento de piedras distraídas y más tarde, acumulados los méritos en las espaldas, “el premio mayor” la mina con las fauces ansiosas por sus mejillas aún coloreadas. ¿Cómo si no? Si ella era una sierva más de la penuria, de las canteras y las simas. Excavarle el alma a las rocas, golpearlas hasta que parieran gravilla, alguna vez con un poco de suerte batear al amparo del río, barrenar y romperse los huesos y el aliento, consolada si acaso por alguna hoja de coca para mascar (que roía sin contarle a la madre) que los mayores apiadados le pasaban para que engañara la gana de vida con ella, cuando la veían espantando alguna lágrima, recostada sobre un puntal o junto a una pilastra.
Con el correr del tiempo, Patricia se hizo diestra en burlar las congojas. Se alió con su imaginación, despistando a la mente con momentos sin estrenar. Si el mercurio viciaba el aire, dándole ramalazos secos en el rostro. Ella había construido dos alternativas: rezar a sus santicos para que le cerrasen la boca a las minas, aunque cavilaba, que para ello, antes las tierras habrían de granar de nuevo y los animales resecos, parir y dar leche otra vez. Y se forjarían así, tortas y apaños para todos. Y si las oraciones se le tropezaban con el polvo de los labios y el remedio no llegaba, hilvanaba historias diferentes cada día con las que fugarse de la tierra rota. Y veía así a su amiga Selina, vestida de domingo, con los dedos de la mano derecha que perdió mientras barrenaba, crecidos de nuevo. Y a Miguel que se agrandó muy de seguido y los amos no lo querían porque no avanzaba rápido en las galerías y hasta su madre se le representaba con los senos henchidos de pan, para regalarle la boca con ellos.
Patricia continúa nutriéndose con quimeras con las que acicala sus horas, sentada sobre un banco de piedra, con la sombra de cien álamos abanicándole la cara que aún conserva dejes de niña. Vuela con los protagonistas de las páginas que la acompañan en aquel anochecer apenas agobiante del mes de junio.
La Madre Patria la enseñó a leer entre otras muchas cosas. La inició en andanzas que jamás conoció tras las rejas polvorientas de la mina.
Lo sueños se fecundan ahora con el viento de calma, de dulzura o zozobra que habita en el ejemplar que cuidadosa escoge en el gran almacén, donde ella cree que deben vivir todos los libros del mundo. Nadie le requiere, ni increpa su incesante vaivén y así va creciendo por dentro, espantando la soledad cada vez que atrevida se le acerca y los momentos reales se gozan con los de papel. Y Patricia olvida a veces cuales son unos y otros.
Sabe cierto cuando el pensamiento le regresa a su tierra, que los suyos tienen pan donde agarrarse, con lo que ella le repela aquí a los días y que a ninguno de sus hermanos chicos le saben las manos a polvo ni a piedras. Y de vez en vez se le escapa la sangre desflorada de la ignorancia de ayer y sobrevuela por encima de las simas selladas por la razón, sobre las que juegan las voces añoradas y hasta las escucha cantar y reír, mientras pisan y sacuden los pies con ahínco si algún atisbo de arenilla les quiere rozar.
Y Patricia vive, preñado su mundo con palabras y rayos de sol que le empujan suavemente la espalda para que avance, cuando el oscurecer regresa y guarda entonces el libro de turno, después de acariciarle el lomo con la mirada y la chaqueta con la que se ha cubierto el alma para disfrutarlo sin reparo, en aquel bolso inmenso donde atesora trozos de ilusión para despejarse mientras aguarda.
-¿Cuánto pides guapa? –los árboles se apartan indignados tras el rostro que se acerca. Tal vez un viejo con sed de lozanía, un inmigrante como ella, que quiere recordar el tacto de una piel familiar, quizás algún chaval apocado, acuciado por los ardores de la edad
-15 euros y la cama cariño. Es aquí mismo y de confianza, bien limpia la pensión sí señor y discreta..verás mi amor lo que tú quieras te hago, sin prisas. Repetirás seguro…
La letanía harto aprendida, camina con la pareja buscando el final del parque, abrazados como si los sentimientos andasen por allí. Él regatea que los tiempos andan mal y la competencia de cuerpos es mucha y variada. Ella hace que le mira, le chorrea el azúcar por la boca embustera a la fuerza. Sólo hace un servicio por noche, para darle tiempo a la dignidad a regresar antes de irse a dormir, sin chulos que la sometan o la apaleen. Esa norma la tiene clara, aún así le arde la mente en vergüenzas propias y ajenas y mañana buscará otra vez, escarbará en la ciudad minas donde arrancar ventura y decoro y también sueños o al menos alguna palabra nueva donde apoyarse.
-Venga nena, que sean 10 euros, que no llevo más encima. Otro día si eso…
-Vamos, pero no creas que lo hago con todos, no lo cuentes tesoro. Sube. Aquí es, es este portal. Ni te figuras corazón, ni te figuras…Y mientras sube los escalones renegridos, colgada del mirar lascivo que la ha alquilado esta noche, de nuevo a Patricia le sabe la boca a azufre.


jueves, 18 de junio de 2009

ENTREGA DE PREMIOS XV CERTAMEN DE RELATOS BREVES AMUSYD







El miércoles 17, Teresa, Alicia y yo (Nieves) fuimos testigos de la entrega de premios del XV certamen de Relatos Breves AMUSYD. El primer premio fue para Gracia y el segundo para Pepi. Las dos leyeron muy bien, sin nervios y con pleno autocontrol. ¡Enhorabuena, chicas!





Aqui tenemos a nuestras ganadoras:
izquieda, Pepi y derecha, Gracia. Ambas
portan y enseñan orgullosas las placas
que les entregaron.

martes, 16 de junio de 2009

12 MIRADAS ESTÁ EN MADRID



¡Hola amigos!

La última vez que he estado en Madrid, provista por fin de un ejemplar de nuestro libro y las pegatinas pertinentes, liberé "12 Miradas" en uno de mis bares favoritos. Está en el barrio donde viví siempre, Pueblo Nuevo, y donde sigue viviendo mi familia. Es un bar pequeñito, con un ambiente joven e intelectual, buen servicio y excelentes tapas.

Está situado en la C/Elfo, nº 123, por si alguien tiene la tentación de visitarlo, y tiene un nombre tan literario como "El Callejón de Álvarez Gato". El lugar es frecuentado por escritores y periodistas, y casi siempre puede enconrarse alguna exposición de cuadros o fotografías.
En fin, creo que lo dejé bien abandonado.

Gracias a Luis, su dueño, por su amabilidad, y a Juan, por su ayuda.

Teresa

"LA BELLA DURMIENTE", VERSIÓN TERESA

Érase una vez un rey y una reina que después de sopesar durante muchos años los pros y los contras se animaron por fin a tener descendencia. Una vez consumado el hecho y tras los nueve meses de rigor la alegría llegó al reino en forma de bella princesita. Los padres, decidieron hacer gala de toda la pompa de la corte y organizaron un ostentoso bautizo. Invitaron a toda la gente que pintaba algo en la sociedad del momento, especialmente a las hadas, que siempre dan mucho empaque a los festejos, aunque tuvieron un olvido tan celebre que sería recordado por los siglos de los siglos. Ninguno de los dos orgullosos padres recordó a una pariente lejana y cascarrabias con fama de aguafiestas. Y lo que sucedió durante la fiesta todo el mundo lo sabe: la pariente ofendida se presentó en mitad de la celebración y el inocente bebé sufrió su frustración en forma de épico maleficio: la princesa, estaría a condenada a morir a la edad de 16 años, al pincharse con un huso. Afortunadamente una de las hadas madrinas, que todavía no había entregado ningún don a la niña, logró cambiar esta maldición por un largo sueño del cual sería despertada por un príncipe. No obstante, para e vitar la desgracia el rey ordenó retirar todas las ruecas de la Corte a un lugar secreto.

Fueron pasando los años, y la princesa creció sana y fuerte aunque con una tendencia preocupante a la pereza, y a la Reina no había quien le quitase de cabeza que se debía a algunos efectos incontrolados del maleficio, porque lo cierto es que la niña era una real holgazana y tareas tan simples como el aseo personal o los juegos de palacio que se organizaban en su honor le parecían un martirio. Y entretanto la princesa se convirtió en adolescente y fue entonces cuando por fin alcanzó a descifrar aquella leyenda urbana sobre el encantamiento maldito que pesaba sobre su cabeza y que a pesar del tiempo transcurrido aún corría de boca en boca.

Ella no sabía lo que era un huso, porque como ya hemos dicho los reyes habían restringido su empleo en la corte, pero venciendo su natural holgazanería realizó una serie de pesquisas que la llevaron a descubrir un sótano clandestino donde se amontonaban docenas de personajes de color amarillo y ojos rasgados, (ella tampoco sabía aún lo que era un chino), manejando con pericia y rapidez las ruecas de donde salían los ricos tejidos con los que se confeccionaban los trajes para la Corte. La princesa, una vez vencida la primera impresión, se acercó decidida a una de las agujas de la rueca y sin dudarlo ni un instante se pinchó en el dedo, porque lo que ella deseaba desde hacía tiempo y con todas sus fuerzas, era dormir por fin un sueño profundo del que nadie pudiera despertarla. Y así ocurrió, la joven quedó inmediatamente vencida por el hechizo, pero con tal gesto de felicidad en su rostro que era increíble pensar que se trataba de la víctima de un maleficio.

El Rey y la Reina cuando se enteraron de lo ocurrido se sintieron muy tristes, aunque en cierto modo un poco aliviados también, ya que de pronto se vieron libres de la carga de estar constantemente regañando a la princesa o repitiéndole mil veces lo que tenía que hacer antes de que lo hiciera, y cuando un hada compasiva les dio la opción de dormir a todo el reino para evitar sufrimientos innecesarios, rehusaron la bienintencionada oferta y disfrutaron de la libertad de esta versión singular del síndrome de nido vacío pero lleno. Y así vivieron felices, y comieron perdices durante muchos, muchos años, hasta que llegó el día en el que se sintieron demasiado mayores y pensaron que había llegado la hora de pensar en la descendencia real.
El Rey entonces mandó un mensajero a todos los reinos con príncipes casaderos, ofreciendo nada menos que el trono al galán capaz de despertar y deposar a su hija. Y el príncipe Azul, conocido en todos los cuentos por ser el más trepa y rápido de reflejos, se presentó en el Reino impaciente por romper el hechizo de la Bella y de paso asegurarse la Corona. Así fue como con mucho protocolo el Príncipe se acercó hasta el lecho donde se encontraba la joven y la besó en los labios. Fue un momento dulce, en el que el tiempo pareció detenerse en la Corte, mientras los padres en primer término y tras ellos el resto de los personajes principales del feudo, contemplaban arrobados la consumación del encantamiento. La Princesa bostezó, larga y profundamente, y cuando abrió los ojos y comprendió lo que había ocurrido al ver la cara del Príncipe tan cerca de la suya, le propinó tal bofetada que espantó a las aves del bosque y a los pretendientes que habían ido llegando tras aquél, esperando la oportunidad de probar suerte.
Desde ese día ningún otro pretendiente osó acercarse al Reino de la Bella Ex - durmiente, ya que las noticias corrieron como la pólvora, y pronto fue conocido por todos el carácter huraño y violento de la princesa, que tras la sobredosis de letargo comenzó a sufrir de un profundo insomnio que la sumía en la mayor de las desdichas. Y cuenta la leyenda que desde entonces no hizo sino vagar de un lugar a otro del mundo en busca de otro alma caritativa que le impusiera otro maleficio.


lunes, 15 de junio de 2009

Los 3 cerditos contructores y el lobo ferozmente hipotecado, por Toñi



Érase una vez un joven lobo que quería comprarse un piso. Y para su desgracia fue a dar con “LOS TRES CERDITOS”, que eran constructores y promotores de viviendas.


El primero de ellos, el CERDITO FLAUTISTA, le enseñó una bonita choza de paja. Al lobo le pareció un poco canija, pero el cerdito le aseguró que era de paja ecológica y que vivir en aquella choza era recuperar la primigenia vivienda de sus ancestros lobos, así que el lobo muy contento, aceptó la compra. Además, el precio no estaba mal. La hipoteca no era demasiado grande y podría permitirse una vida más o menos desahogada.Mientras firmaba el contrato, una brizna de paja se metió por su nariz y el lobo estornudó con tal mala suerte que la casa se vino abajo al tercer estornudo. El lobo, lógicamente, montó en cólera, persiguiendo al cerdito, no sabemos si para comérselo o para romper el contrato.


El cerdito, para aplacar su furia, le llevó a ver la casa de su hermano VIOLINISTA. Ésta era de madera y, aunque el lobo no la vio demasiado consistente, el cerdito le aseguró que la madera era de unos árboles que habían sido talados de una forma natural por una comunidad de trabajadores en los bosques amazónicos. Y que la madera es lo mejor para armonizar el espíritu, en cuestión de Feng shui. El lobo, no muy convencido, firmó un nuevo contrato, aunque no se dio cuenta de que el precio de la casa había duplicado el valor de la primera.Y una vez firmado el contrato, se quedó hablando con los cerditos de los detalles cuando, sin querer, se apoyó en el quicio de la puerta de la casa, y esa sola presión dio al traste con todo el edificio, que seguramente estaba hecho de madera carcomida.Esta vez la rabia del lobo fue monumental.


Los dos cerditos fueron corriendo a casa de su hermano PRÁCTICO, que le ofreció, en compensación, una de ladrillo que había construido de una forma muy chapucera y con los materiales más baratos que había encontrado, pero que vendió al lobo como si fuera un palacio. Éste o era demasiado tonto o estaba muy desesperado, el caso es que se quedó con la casa. Eso sí, firmando un contrato con un precio que triplicaba la primera compra.


Así que ya tenemos al lobo hipotecado de por vida por una casa horrorosa y a los TRES CERDITOS constructores cantando tan contentos. Porque, con semejante lobo feroz, ¿QUIÉN TEME A LA CRISIS?

jueves, 11 de junio de 2009

La nueva Cenicienta por Pepi





Aquella mañana se despedía de la que había llegado a ser su más íntima confidente, su camarada, cada vez que rodaban a su alrededor los bramidos de su madrastra o los antojos acuciantes de las caricaturas de hermanas con las que el destino la había obsequiado. Le decía adiós a la ceniza de los fogones, a la chimenea que estornudaba hollín como alérgica compulsiva, por el atranque con que vivía el negro ojo que la comunicaba con los demás tejados. Era un “hasta luego” compasivo el suyo, porque nada auguraba que llegara a sentir nostalgia de aquel destierro y menos después del chasco que le chorreaba por su vanidad de muchacha sin estrenar.
Mientras recogía los cuatro pingos que había atesorado desde que murió su padre, que en Gloria estuviera, pero vaya birria de legado el suyo: tres cacatúas con más kilos de deudas y ganas de aparentar, siempre dispuestas para volverle el seso del revés, cada vez que se encaprichaban del último modelito o del peinado de turno que ellas customizaban con inacabables tirabuzones que Cenicienta debía arrastrar de sus estropajosas matas de pelo. ¡ay! Con el cabreo que llevaba a las espaldas y no pudo evitar concederse un instante de flaqueza evocando la noche de la Fiesta en Palacio. ¡Su pobre hada madrina con la varita fuera de garantía le quiso construir un hermoso idilio que la sacase de pobre! Pero no atinó y el caso es que los recuerdos eran de azúcar, la mano del príncipe ciñendo su talle, el aliento con aroma a mojito rozándole el ánimo y la oreja y aquel subir y bajar de mariposas desde la boca hasta…bueno hasta donde fuera, que ella había nacido noble y aquello tan rico debía ser cosa de plebeyos. ¡Cuántas chispas de felicidad amarradas a la mirada de ambos! ¡qué palabras, qué proyecto de beso el que se había quedado en el aire de la medianoche peleándose con las campanadas inoportunas!
Pero ya estaba bien con el sainete. Acaso mientras ella preparaba el hatillo dispuesta a buscarse la vida, no estaba su hermanastra mayor, la de las lorzas bordándose los últimos bodoques del ajuar. ¡Fueran con Dios los novios y toda la comitiva real! Mira que con la buena planta y la labia que parecía tener, no percatarse el príncipe dichoso que aquella cuarentona de nalgas correosas, capaz de sacarse de cuajo dos dedos y el juanete con tal de embutir los restos de su pie en el hermoso zapatito de cristal, no era su amada Cenicienta. Delito tenía después del medio manoseo que ambos protagonizaron cobijados por los matorrales del jardín de palacio, admitir que la gobernanta mantecosa sería su más tierna y fiel amante cuando se la pusieron por delante, por mucho que le agobiaran sus ardores masculinos.
Pero bien está, que aquel desengaño le había servido a la hija del hollín, para descubrir su auténtico camino. Se negaba a ser una mujer florero por mucha tableta de chocolate que se le marcase al heredero del reino bajo su uniforme de marca. A partir de ese instante se dedicaría a plasmar su experiencia en un libro que titularía “La Nueva Cenicienta” no fuera a confundirse con un cuento de nombre parecido que andaba por el mercado, con bastante éxito por cierto, y mientras se procuraría el sustento , que por lo visto el oficio de escritor no daba para muchos dispendios en aquellos días, como representante de tupper sex, que ya le había procurado los contactos necesarios su madrina, ofreciéndole incluso su casa allá en el país de la fantasía, para hacer la primera reunión. Parecía ser ese un buen lugar para abrir mercado porque las pobres hadas con el tópico a cuestas de los polvos mágicos ayunaban bastante en semejante tema.
Escuchó más allá el parloteo de las hermanastras dando los últimos toques al atavío nupcial y en el fondo sintió pena por la pareja. Él con el olfato y la vista sin graduar; ella antes princesa lisiada que moza vieja en casa materna. Respiro al cruzar la puerta en busca de su libertad.
A propósito, ¿no le interesaría a alguno de ustedes una reunión de juguetitos sexuales? Sin compromiso, eh..y regalando además un anillo vibrador con rayas láser y preservativos con sabor a lomo de orza…..

La verdadera historia de Hansel y Gretel (by Miguel Angel)

Hansel y Gretel vivían con su padre, leñador de oficio, y su madrastra en una casita en el monte. Como no tenían que llevarse a la boca, el padre decidió abandonarlos en lo más oculto del bosque. “¿Cómo vamos a hacer eso? Son tus hijos”, dijo ella. El leñador, a quien no le gustaba que le llevaran la contraria, se puso la mano en la entrepierna y zanjó el asunto: “Cállate, si no quieres pasar hambre de otra cosa además de pan”. Humillada, la madrastra bajó la vista y acompañó al leñador a abandonar a sus dos hijos en medio del bosque.
Hambrientos y entristecidos, Hansel y Gretel deambularon sin rumbo durante horas hasta que dieron con una casa. Al chico le pareció que estaba hecha de dulces, y no se lo pensó dos veces antes de hincarle el diente al pomo de la puerta. El intenso sabor a fresa ácida reventó las exclusas de sus glándulas salivares.
Se habían comido media puerta cuando llegó la dueña de la casa: una bruja simpática y dicharachera. “No es bueno que comáis tanto dulce de una vez”, les aconsejó. “Venga, pasad dentro. Os voy a hacer una manzanilla antes de que el dulce os siente mal”. Pero Hansel y Gretel no llegaron a probar la infusión, pues antes el caramelo les encontró la salida por arriba y el chocolate por abajo. Tan malo fue el empacho, que la bruja tuvo que ocuparse de su cuidado durante varios días. Tiempo éste en el que creció el cariño mutuo entre los niños y la bruja. “Podrías adoptarnos”, dijo Gretel. “Sí, sí, adóptanos”, insistió Hansel. La bruja, que siempre había querido formar una familia, se mostró encantada y dio su primera lección como madre: “Lo haré, queridos, pero a partir de ahora sólo tomaréis una onza de chocolate y un caramelo al día. Llevaremos una alimentación equilibrada”.
Había pasado una semana desde el feliz encuentro de los chicos con su nueva madre, cuando ésta les anunció algo: “No os he dicho, niños, que tengo un novio. Viene a verme todos los domingos. Así que hoy os lo presentaré. Ya veréis, os gustará”. A Hansel y a Gretel la idea de formar una nueva familia, después de que la anterior los hubiera repudiado, les pareció maravillosa. Se lavaron, se peinaron y se pusieron elegantes. Querían hacer todo lo posible por agradar a la visita.
Llamaron a la puerta y la bruja fue a abrir. Al otro lado, un hombre recio y corpulento la tomó en sus brazos al momento. Ya le subía el vestido, cuando se percató de la inesperada presencia de los niños. “Pero… ¿Y esto?”. La bruja se colocó junto a Hansel y Gretel de un salto y dijo: “Siempre me estás prometiendo que vas a dejar a tu mujer y vamos a formar una familia. He adoptado a estos chicos, ya podemos ser una”. El hombre soltó el hacha que llevaba en una mano y, señalando con ella a los niños, dijo: “¡Qué cojones hacéis vosotros aquí!”.

BAMBI por Ana

ESTA ES MI "ADAPTACIÓN" DEL CUENTO DE BAMBI


Una noticia se extiende como la brisa fresca a lo largo y ancho de la jungla de asfalto.
Una pequeña habitación de una vieja casa es testigo del nacimiento de una princesa a la que sus padres pondrán el nombre de Bambi. El vecino del quinto, un chiquillo sereno y enjuto con grandes dientes al que todos apodan tambor por su característico tic de golpear el suelo rítmicamente con la pierna cuando está nervioso, espera impaciente el alumbramiento que tendrá lugar entre las manos expertas de la mujerona del sexto, que con un rostro ciertamente similar al de una ardilla ignora los grandes gritos de dolor que la madre – reina exhala, cubierto el rostro por grandes perlas de sudor. Bambi da la bienvenida a la vida con un sonoro chillido que llena el rostro de todos los vecinos de la finca con una sonrisa de satisfacción, la princesa al fin ha nacido.
Esos primeros años la vida de Bambi transcurre tranquila, con la compañía de su siempre fiel amigo tambor que es el adalid de las travesuras que la pequeña princesa improvisa en las callejuelas de la ciudad. Sin otra escuela que la calle y sin otra compañía que la miseria y el hambre, pronto Bambi se matricula en el arte de los pequeños robos de comida y se licencia en el arte de sobrevivir cada día con un agujero de penuria en los bolsillos.
Bambi, la princesa de los mendigos como ya es apodada en la comisaría del barrio, por hacerse acompañar de un séquito de pequeños secuaces con apodos de animales, es ya una habitual en el despacho del comisario donde entra y sale con una sonrisa pícara en los labios.
Una noche especialmente cálida en que el sopor acompaña los ojos y los corazones de los habitantes del viejo edificio, el brasero de la abuela del tercero decide dejar de funcionar justo en el mismo instante en que la parca ha terminado de contar los días de la anciana y decide hacer la visita final. El gas pronto se propaga por todo el edificio, meciendo en un sueño fingido el alma de todos los habitantes. Entre el sopor del vino y del gas, el rey padre de Bambi, despierta cuando unas pequeñas lenguas de fuego comienzan a acariciarle los pies. Con un resto de conciencia que logra arrancarle a su estado de embriaguez, lanza unos terribles chillidos de temor que alertan a la pequeña Bambi y a su madre, que abrazadas acompañan en su huida al resto de vecinos del edificio, los cuales, entre lágrimas de miedo y temor, asisten con el corazón encogido como ante sus ojos se quema su pasado y su futuro, por fin conscientes de que aún se puede caer más bajo. Como únicas víctimas los sueños del vecindario…



Bambi estremece sus apenas dieciséis años entre los brazos de un apuesto bombero que ha acudido en su ayuda, Joven, apuesto y con el aire redentor de los héroes del alma, busca en los ojos azules de Bambi su propia salvación y como ocurre en todos los cuentos con final feliz, la encuentra

jueves, 4 de junio de 2009

12 Miradas está en Mojácar


Este lunes, a la hora de la siesta, otro ejemplar de nuestro libro “12 Miradas” inició un nuevo viaje en libertad. Se quedó en Mojácar (Almería) esperando en el hall del hotel Marina Mar.
Al afortunado que lo encuentre, le pido dos favores personales:

-El primero que lo lea, lo disfrute el tiempo que crea preciso, y luego lo deje seguir su camino.

- El segundo favor, que nos lo cuente. Bien aquí, en nuestro blog, bien a través de la página de
bookcrossing. Me haría muy feliz saber que ha llegado a buenas manos, me haría ilusión saber de él.



Y es que, en el momento en que arrancamos el coche, y supe que aquel libro se quedaba en el hotel, a su suerte, sentí como si hubiese dejado una parte de mí sobre aquella mesa. Fue una sensación extraña. Una sensación bien curiosa, saber que en estos momentos, alguien tocado por el azar, puede haber cruzado su camino con el mío de esta manera tan peculiar.



Espero que este haya sido el comienzo de una aventura interesante. Feliz viaje.

Un final feliz (Mi ejercicio sobre el papel higiénico. Gracia)

El niño mira sonriente y satisfecho el inodoro antes de estirar de la cadena. A sus siete años ha conseguido terminar aquella faena él solo, sin ayuda de su madre. Cierto que ha usado bastante más papel higiénico que si lo hubiera hecho aquella, pero por el contrario su deleite se hubiera visto menguado de haber requerido su favor. Además en cuanto pulse el botón todo aquel derroche desaparecerá, ¿qué más da que el papel rebose el retrete?, ¿qué más da que haya terminado un rollo casi intacto? Lo importante es que su orgullo no cabe en el cuarto de baño, y eso que es espacioso. Así es que estira por fin de la cadena dispuesto a despedirse de su solitaria proeza. Por un momento, la alegría se le queda atascada en la garganta, como el papel en la tubería, que se resiste a tragarlo y comienza a dar vueltas en un baile indigno y demasiado largo. Pero todo ha sido un pequeño susto. Tras emitir un sonido ronco, el papel y su compañía desaparecen para siempre. El niño se lava las manos y se va.

La mujer se dispone a hacer pis consciente de que el tiempo se le echa encima. Tiene que llevar a su hijo a judo y tiene que llevarlo ya. Se sienta en la taza sin siquiera encender la luz, para no perder apenas un segundo. Suspira ruidosamente mientras se permite una queja silenciosa y corta por su estresante e ingrata rutina. Busca el papel higiénico y con lo que se encuentra es con el esqueleto de un tubo de cartón pelado. La rabia enfila el camino inverso que acaba de realizar el pis del que se ha desecho, pero consigue atajarla. Los minutos corren. Toma aire profundamente y grita: “¿Alguien puede traerme un rollo de papel?”. Enseguida aparece una mano por la puerta que se lo entrega y oye la voz de su hija que le reprocha: “No sé cómo te las arreglas para quedarte siempre sin papel”. La mujer se asea, mira su sombra en el espejo y aunque no le gusta lo que medio ve sabe que no hay tiempo para arreglarlo.

La chica entra en el cuarto de baño y echa el seguro, aunque está sola en casa necesita la más absoluta intimidad. Tiene intención de llorar un rato por el desaire que le ha hecho el imbécil del chico que le gusta esa mañana en el instituto, delante de toda la clase. Las lágrimas brotan con una facilidad pasmosa, por lo que se abastece de mucho papel. Llora desconsoladamente porque aunque es un imbécil el chico le gusta mucho, mucho, tanto que le cuesta dormir por las noches, le cuesta comer y los estudios se le hacen insoportables. Coge más papel para sonarse los mocos. Decide sacarlo de su aplique para facilitarse las cosas y una vez que ha decidido que ya está cansada de llorar sola y que se va a casa de su amiga Lucía, que es la única que le entiende, no vuelve a colocarlo. La chica sonríe a su imagen desconsolada para intentar arreglar en algo su apenada cara antes de marcharse.

El gato entra sigilosamente. Para él la oscuridad no es un problema y en seguida encuentra su objetivo. En cuanto ha visto irse a la adolescente ha intuido que el rollo podría estar a su alcance, la chica siempre le facilita las cosas. Apoyándose sobre sus patas traseras se alza juguetón y con sus uñas tantea a su presa, que no pone resistencia. El rollo se tambalea un par de veces antes de caer al suelo. El gato se relame. Aquel es su juego favorito. Primero se recrea lanzándolo en el aire y cogiéndolo de nuevo. Cuando se cansa de aquellas piruetas entonces empieza con lo bueno, lo que le lleva un rato. Al acabar decide subirse al armario más alto. Bien sabe que su entretenimiento siempre trae consecuencias, pero a él no le importa y tranquilamente se echa a dormir.

El hombre abre la puerta de su casa con una sonrisa que se borra nada más entrar. No se lo puede creer a pesar de estar viéndolo con sus propios ojos. El bicho asqueroso ha vuelto a hacerlo. El papel higiénico acampa por todo el pasillo, para continuar en la cocina y acabar desparramado en el salón. Pequeños pedazos, como confeti blanco, adornan los sofás. El hombre mira todo aquel barullo sin soltar si quiera el maletín. Parece que medita un rato, tentado por la idea de volver a salir por la puerta, pero finalmente busca la escoba y el cogedor para limpiar todo aquello. Luego se quita los zapatos, se hace con una cerveza bien fría de la nevera y enciende la tele, acomodado en el sillón ya limpio.

El papel higiénico, mezclado en la bolsa con el resto de la basura, da gracias al gato, sin duda aquel final es mucho mejor que el que le tenían preparado.

martes, 2 de junio de 2009

Poemas. Mercedes Zayas

Amargura es una espina en el pecho,

el desasosiego que en ocasiones

con ahínco nos habita

y constante por dentro nos desgarra.

Amargura es una muerte anunciada

en el camino

o el dolor del corazón que no espera.


************


En esta nueva mañana de otoño

que hoy termina y parece que comienza,

saber que estás ahí, al otro lado,

me da fuerzas y me estimula,

pero también me hunde en secreto

en la triste miseria más profunda

y caigo con tu ausencia en mi vacío.

lunes, 1 de junio de 2009

Títulos para el próximo libro

En la última reunión, después de leer los ejercicios que propuso Mercedes, retomamos el tema del título para el próximo libro. Éstas son las propuestas que se recogieron. Si alguien tiene más, por favor que las añada:

* ACTOS SOLITARIOS

* EL REVÉS DE LA MONEDA

* CUANDO EL AZAR NOS TRAICIONA

* NO ME ROBES EL ALMA

* LOCOS DE ATAR

* PAN PARA HOY

* UNA BOTELLA VACÍA

* CUANDO LAS PALABRAS MIENTEN

* EL GUARDIÁN DE LAS PALABRAS

* LOS HIJOS DEL EUCALIPTO

* LA VOZ DE LOS LIRIOS

* LA MEMORIA DEL AGUA

* EL AIRE DE LOS CHOPOS

* LOS OJOS DE LA MUERTE

De la reunión anterior estaban:

* PAPEL DE PLATA

* EL GATO AZUL

Comentamos que sería buena idea que cada uno eligiera los tres que más le gusten para que vayamos a la próxima reunión con los títulos más votados y de entre ellos saquemos el definitivo. Así es que: a votar....

Más títulos:

- SOMBRAS CHINAS

-MOSAICO

-CARRETERAS CORTADAS

-SEGUNDAS INTENCIONES

-SEGUNDO PLATO

-PASEN Y LEAN

- LOS MOSAICOS DE LA BIBLIOTECA

-ENTRE LÍNEAS

-LOS UNOS Y LOS OTROS

-UN PUÑADO DE LETRAS

-ESPERANDO TUS OJOS

-DE PRINCIPIO A FIN

-DE PUÑO Y LETRA

-CERVEZA, CANNABIS Y FELACIÓN

-LÍNEA QUEBRADA

-LAPICEROS AFILADOS

--ENTRE PALABRAS

-EL ESCRIBA DE LA QUINTA PLANTA

-AVES DE BIBLIOTECA

-WHISKY DE MISS AMELIA

- UNOS POCOS PELAGATOS

-EN MODESTA OPINIÓN

-Relatos de cuatro pelagatos