jueves, 9 de abril de 2009

Fanfiction de Jose Arístides

Nieves propuso que escribieramos una fanfiction (relato basado en una novela, una película, un comic o un cuento). He aquí la mía.
La cena



Inocencio era uno de esos individuos que han logrado eludir un destino de crimen y rapiña, gracias al tesón. Último vástago de una estirpe sanguinaria, se marchó de su bosque natal, cuando todavía era muy joven, para ganarse la vida allí donde no imperase la ley del más fuerte. Encontró trabajo en la ciudad, en una fábrica de salchichas y, aunque fuera duro pasar tantas horas de pie, manipulando carne picada, llegaba a su casa contento. Con la conciencia tranquila.

Aquella noche, después de acabar su turno, se disponía a tomar una cerveza cuando sonó el timbre de forma insistente. Como era miedoso y no esperaba a nadie, miró por la mirilla antes de abrir.



—Abre, Inocencio, soy el cartero. Traigo una carta urgente para ti.

Inocencio abrió la puerta, intercambió un saludo con el empleado de Correos y, tras despedirlo, se derrumbó en el sofá. Bebió un largo trago de cerveza antes de rasgar el sobre. Presagiaba malas noticias. La crisis había obligado a la empresa a reducir la plantilla, y el modo de comunicar el cese a los obreros siempre había sido el mismo: una carta urgente. Apuró la cerveza, abrió el sobre y leyó:



“Querido primo, lamento comunicarte la muerte, en extrañas circunstancias, de tu hermano Feroz. Según la policía, sufrió un fatal accidente cuando visitaba la casa de los Tres Cerditos. Al parecer —y esto es algo que deberíamos aclarar—, murió asado vivo. Ya sé que no te llevabas bien con él, y que nunca entendiste su obsesión por atrapar a esos tres bribones, pero te ruego que olvides viejas rencillas y asistas al sepelio para darle el último adiós.

Tu primo, el Coyote.”



Inocencio suspiró aliviado: no lo despedían. La muerte de su hermano, en realidad, le importaba un pito. Había sido un tipo sádico y brutal; el mundo estaría mejor sin él. Pero debía asistir a las exequias. Y no porque se lo pidiera su primo: otro imbécil obsesivo que había dilapidado la fortuna familiar adquiriendo complejos artilugios para atrapar a un estúpido avestruz, sino por sí mismo, por cerrar definitivamente aquel capítulo de su vida que lo ligaba a un oscuro linaje.

Ya sólo quedaba él. Sus padres habían muerto en el asedio a una granja de gallinas y su otro hermano, el primogénito, fue sorprendido por un cazador mientras sesteaba, con la panza llena, tras haber engullido a Caperucita y a su abuela.

Inocencio regresó al pueblo, recogió las cenizas de su hermano y las arrojó a un lodazal. Por fin se había cerrado el círculo de sangre.

Consideró que visitar a los Tres Cerditos para pedirles perdón por el daño que les había infringido su hermano, era un acto irreprochable; tal vez ineludible. A él no le temían: conocían de sobra su condición pacífica. Telefoneó al cerdito Práctico para anunciarle su propósito, y éste le invitó a cenar con ellos esa misma noche.

Llegó poco antes de las diez, con una bandeja de pasteles y una botella de buen vino. Los tres salieron alegres a recibirlo. Sobre la mesa, dispuesta con estilo, había todo tipo de manjares vegetarianos (los cerditos respetaban su aversión carnívora). Varios troncos de cedro crepitaban en la chimenea, que esparcía una luz cálida sobre la estancia. De un pequeño compact disc llegaban los acordes de la Romanza número dos para violín y orquesta de Beethoven, y colgado en la pared, había un cuadro que representaba una ristra de morcillas, con un letrero que rezaba: “mis padres”. Inocencio miró todo aquello sin verlo. Sólo vio tres cuerpos, rosados, rollizos, exuberantes, moviéndose plenos de vida a su alrededor. Entonces ocurrió algo. La sangre de toda su estirpe empezó a bullir en sus venas y un vigor caudaloso inundó sus miembros. Arrastrado por un ímpetu secreto y oscuro, un ímpetu más hondo que la razón, abrió las fauces y los devoró allí mismo. Después eructó y el aire que exhalaron sus pulmones apagó la chimenea. Pero la sala no quedó a oscuras. La luz de la luna llena entraba por la ventana recortando la sombra de un lobo que aullaba a la noche.





9 comentarios :

Anónimo dijo...

Me encanta. Me he reído un montón, sobre todo con el retrato de familia de los 3cerditos. Divertido y muy inspirado. Como sienpre con tu sentido irónico absolutamente genial.
Un besazo

Cristina

Anónimo dijo...

Estupendo, muy ironico y como dice Cristina "la foto" es un puntanzo, me ha gustado mucho. Alicia.

Paula dijo...

Yo también me he reído con lo del cuadro de la ristra de morcillas. Genial. Si es que el ADN es el ADN aunque uno se llame Inocencio.
Muy cómico.

Anónimo dijo...

Muchas gracias, guapas, por vuestros comentarios.

Pero he de deciros que el cuadro existe realmente en la casa de los 3 cerditos. En una de las secuencias de la película de Walt Disney, no en un primer plano, en uno tangencial, aparece un cuadro con chorizos o longanizas, no recuerdo bien, lo ví hace muchos años. Se lo tendré que preguntar a mi sobrina.

Me pareció un puntazo muy canalla para una película infantil.

Arístides

Toñi dijo...

Por fín se hace justicia y alguien se come a estos antipáticos cochinos que seguro que tienen algo de culpa en esto de la crisis inmobiliaria!!

Muy divertida tu fanficción.

Toñi

Teresa dijo...

A mí también me ha gustado y me ha parecido muy divertido, no puedo aportar nada nuevo a lo que han dicho las chicas.
Y sí, la verdad es que los cerditos eran un poco pedantes. ;)

Antonio Majano Soto dijo...

Jose Arístides, muy bueno en todos los sentidos: imaginativo, bien escrito, gracioso...

Siendo su autor quien es, no daba yo dos duros por los pobres cerditos, jajaja.

Muy bien traído lo del primo coyote, que dilapida la fortuna familiar (enriqueciendo, de paso, a la empresa ACME).

He pasado un buen rato leyéndolo.

Anónimo dijo...

¡Qué derroche para escribir bien, de creatividad, de esfuerzo mental, de imaginación, de inspiración...! ¿Te ha costado mucho escribirlo? Me parece un relato muy bueno, Jose. ¡Enhorabuena! Esto del fanfiction va a ser lo tuyo! Sigue escribiendo y si puedes haz más de estos!!
Un beso

Mercedes

Ana Sofía dijo...

Bueno ya se sabe, nunca te fies de un lobo con piel de cordero.

Me ha gustado mucho

Ana