domingo, 9 de diciembre de 2007
"ENTRE LAS SOMBRAS" Nieves Jurado
La mujer, pensativa, pellizcaba el pan medio duro y se introducía sin apenas hambre el trozo en la boca. El hombre la miraba sin pestañear.
- No comes nada – le dijo
- No tengo ganas de comer. Estoy cansada de esta tormenta. El valle se está inundando y no vamos a poder salir en días – le contestó la mujer sin levantar los ojos de su escasa cena.
- Bueno, ya saldremos de esta. No es la primera vez que se inunda el valle por unas lluvias así. Deberías saberlo.
Un violento trueno retumbó como un proyectil lanzado por algún avión enemigo. La lluvia empezó a caer con brusquedad sobre la destartalada casa golpeando las ventanas, las paredes y el tejado como si miles de martillos intentaran derruirla.
- Nos tendríamos que haber ido a casa de la niña cuando oímos en la radio la noticia de la llegada del temporal - comentó la mujer mientras jugaba con unas migas de pan que habían caído encima de la mesa.
- ¿A casa de la niña? Pero tú eres tonta, mujer. Si tu yerno no nos puede ni ver. ¿O es que no lo conoces? – añadió el anciano, y con un gesto demasiado habitual en él bebió un sorbo de su tercer vaso de vino.
- No exageres, hombre. A la niña le hubiera gustado vernos. Hace más de tres meses que no puede venir por aquí. Y sabes perfectamente que me aterran estas tormentas. Nos quedamos aislados y si nos pasa algo nadie se entera.
- ¿Cómo que no puede venir? A veces, creo que no tienes nada en esa cabeza. Di mejor que no quiere venir. Piensan que estamos muy viejos. Para ellos sólo somos un estorbo ¿aún no te has enterado? Dentro de nada nos meterán en una residencia, y si no, ya lo verás. Además, si nos pasa algo, qué más da. Tarde o temprano nos tendremos que morir, ¿no? – dijo el hombre con una turbadora media sonrisa.
- No digas esas cosas, que no me hacen gracia. Y la niña sabe muy bien que a mí nadie me va a encerrar nunca en una residencia de esas como si fuera un trasto inútil. Faltaría más.
La mujer dejó el bocadillo en la mesa y miró a su marido. En la penumbra, el hombre parecía extraño a sus ojos. Su aspecto le produjo un escalofrío. Siempre había sido rudo y de malas maneras, aunque reconocía que ya no le pegaba tan a menudo como antes. Desde la boda, ella nunca dejó de sentir en el estómago esa sensación de vacío que produce el miedo, como si en algún momento pudiera salir una bestia del interior de su marido. Él era así, una persona malhumorada y violenta, que sólo era capaz de transmitir desconfianza y antipatía a la gente.
- Vaya, se ha apagado la vela del aparador – murmuró la anciana.
- Deja, ya voy yo – dijo el hombre.
Éste empujó la silla pesadamente hacia atrás y se levantó. Cogió la vela de encima de la mesa que habían introducido en una botella de Coca-cola, y arrastrando los pies fue hacia el aparador para encender la otra. En ese momento la mujer quedó a oscuras. Sintió pánico. A pesar de los años que llevaba en ese lugar tan apartado, no podía evitar un gran temor cuando se desataban esas tormentas tan fuertes que la obligaban a quedar varios días a solas con su marido. Parecía que los infiernos se apoderaban del valle y de la casa. Quizás la idea de una residencia no fuera tan mala.
- ¿Puedes o no? – preguntó mirando la sombra en la que se había convertido su marido.
No hubo respuesta.
Definitivamente diría a la niña que solicitara una de esas residencias. Allí siempre tendría a alguien cerca.
TORMENTA PARA DOS. Cristina Prieto
La luz se apagó de repente, y la débil insinuación del atardecer dejó la estancia en una penumbra cálida. Era un fin de semana distinto para ambos, lejos de su rumiar diario y de los desencantos de la ciudad, perdidos en aquel bosque de abetos cubiertos de nieve, dónde el silencio enaltecía las palabras, y el viento rugía caprichoso.
Se conocían apenas unas semanas, pero ambos, quisieron profundizar el uno en el otro, porque ninguno tenía ya nada que perder. Eran dos solitarios con un montón de cicatrices, que anhelaban una segunda oportunidad. Ella arrastrando sus miedos y frustraciones, por culpa de un matrimonio que la marcó para siempre, condenándola a un sexo mecánico al que se entregaba sin un ápice de deseo, como si su cuerpo fuera incapaz de experimentar las sensaciones en las que el placer nos atrapa, y él con el infortunio a cuestas, de un hombre señalado por un presidio improcedente. Ignoraban mucho el uno del otro, pero en realidad, quizás no querían saber. Y quedaron en encontrarse en aquel refugio, para rescatar del vacío lo poco o mucho que quedaba de ellos, y después de todo, si no funcionaba, solo serían dos días. Ninguno estaba seguro de nada, por eso aquella inesperada circunstancia, que en parte les aislaba del mundo, les dejó sumidos en un silencio tímido que vagó por la habitación como un presagio.
¿Tienes frío? –preguntó Mario al cabo de un rato frotándole con una mano la espalda. –Encenderé la chimenea, afortunadamente hay mucha leña disponible. Mientras los troncos prendían, y el chisporroteo del fuego ahuyentaba la ausencia de palabras, el deseo flotaba en el aire como una necesidad oculta.
Mi anterior pareja, me habría hecho encender el fuego a mí –Dijo con la voz empañada.
No hablemos de eso. Ya terminó…Ahora estamos tú y yo, solos, y además incomunicados porque la carretera está cortada, lo dijeron esta mañana por la radio, al poco de llegar, no tenemos corriente eléctrica, y el refugio está a más de cuatro kilómetros del pueblo. Creo que esto es una señal… dijo clavándole los ojos.
Solo quería que nos conociéramos, en eso quedamos ¿recuerdas?
Nadie ha dicho otra cosa. Pensaba que a veces las circunstancias nos sorprenden con situaciones curiosas, que pueden incluso marcar nuestro destino. ¿No crees?
Tal vez, pero no quiero complicarme con otra relación, solo quiero pasar un fin de semana apartada de todo, y me pareció que tu compañía me resultaría grata.
¿Y no es así?
Sí, eso es lo que me sorprende. ¿Sabes? llevo más de dos años separada, y hasta hoy, no me había sentido así, diferente, como si yo misma fuera otra.
Y tal vez lo eres, la vida nos cambia, pero necesitamos tiempo para ser conscientes de que una etapa ha terminado, y al fin comienza otra.
Marta, se acurrucó contra su pecho, podía sentir sus latidos calmados, acompasados, seguros, y la tibieza de su cuerpo, y aquellas sensaciones casi condenadas al olvido la emocionaron. Sorprendida descubrió que estaba viva, y que aún era capaz de excitarse con un hombre, de desearle, de querer ofrecerse a él sin requiebros ni culpa. Sonrió para sí y le besó. Mario desconectó su pensamiento, solo quería estar allí, abrazado a aquella mujer. Y se aventuró a deslizar despacio sus manos por sus pechos, con cierto temor al rechazo, pero los halló erectos, esperándole. Sus bocas como cuevas húmedas, se exploraron lengua contra lengua, surcando mares de saliva. Él, bordeó su flanco derecho y bajó en línea oblicua hasta el remanso de su sexo, liberándola de las bragas con movimientos titubeantes. Palpó cuidadoso su oquedad carnosa, sintiendo el leve vaivén que ella desplegaba en torno a sus brazos. Acarició la vulva, con suavidad, muy despacio, y poco a poco derribó barreras, y hundió los dedos en su interior, y aquel túnel húmedo le rodeo con fuerza como un anillo que tratara de retenerle, constriñéndole entre sacudidas, mientras a Marta se le escapó un gemido, que tembló en el aire. Entonces ella como en una nube, le desabrochó la camisa y paseó su lengua por su cuerpo, para terminar de rodillas frente a él, abarcando con la boca, su miembro erguido y firme.
Rodaron por el suelo, cerca de la lumbre, ahora el calor sofocaba el ambiente. Ella arrodillada, y él cabalgando sobre su grupa prieta, en perfecta armonía, con un ir y venir que rasgaba el deseo. Sus pechos bailoteaban sedientos bajo sus manos, y cuando sintió que todo se precipitaba, la tomó por el cabello y la atrajo hacía sí para volver a besarla. Se movían al unísono enredados en una melodía compuesta solo para ellos. El reflejo del fuego creaba sombras que cabrioleaban dantescas sobre la pared del fondo. Todo se aceleró, y el placer arrasaba ya sus cuerpos, como un huracán furioso y enloquecido que nadie podía detener. Mario deseó que aquel instante se perpetuara en su piel y en su memoria. Al fin podía disfrutar del sexo después de tres largos años en la cárcel. Y había cientos de mujeres ahí afuera esperándole. Su excitación se desbordó ante aquella idea.
Las sensaciones fluyeron entre los dos como un caudal inagotable, lejanos, y entregados cual dos adolescentes que ávidos de experiencias, se abandonan entre cervezas y speed. Ya no importaba nada, ni sus fracasos, ni sus resentimientos, ni sus rencores, ni tan siquiera el miedo a que cuando todo terminase, imperase de nuevo la soledad en sus vidas…
Marta, al borde del abismo, alcanzado el punto sin retorno, se dejó llevar más allá y apenas coronada la cima, supo que aquello era solo un principio, pero en el fondo quiso creer, que había encontrado la puerta, esa puerta misteriosa y mágica, que prendía sensaciones desconocidas en su cuerpo, liberándola de sus cadenas, y que al fin había traspasado el umbral…
sábado, 8 de diciembre de 2007
El conde Nikolai, escrito por Diana
viernes, 7 de diciembre de 2007
Ya podéis votar vuestros relatos favoritos de la reunión del 05/12/07
jueves, 6 de diciembre de 2007
"Calla, tonta" Inmaculada Belda
-Así de perfil pareces otro, Mario. Le digo con una voz tan melosa que ni yo misma lo entiendo; una voz que parece haber tomado vida propia y obviar mi aborrecimiento hacia él.
-Eso te gustaría, ¿verdad? Me responde con acritud. Por lo visto, su voz sigue bajo su influjo mezquino y se deja de melindreces.
-Pues sí. No me importaría tener a mi lado al hombre que parecías ser. El que eres no me gusta nada. Responde la voz, que sigue hablando por libre, esta vez desilusionada. No me puedo creer que le esté diciendo eso, y menos que le esté hablando. Me doy la vuelta hacia la derecha y dejo de mirarle.
-Pues tú de espaldas pareces la 60-90-60 de antes- me dice soltando una carcajada. ¡Qué razón tiene Lina Morgan! ¡Cómo cambian los cuerpos! Sobre todo el tuyo, que ha cambiado a lo grande- continúa su voz, que sigue siendo la suya y no otra más benévola.
-Ya, claro- le suelta la mía, un tanto molesta y preparada para el servicio y devolver la pelota. Empiezo a dominarla y no queda en ella nada de cariño -Tu curva de la felicidad parece un meandro, lo digo por si no te habías percatado.
-Si no echaras tanto aceite a las comidas…- responde y se queda a medias, parece que está buscando algo con que herirme.
-Si no te comieras dos platos…- respondo yo, esta vez totalmente dueña de la situación y dispuesta a ganar no sólo el tanto sino el set y el partido.
-Pues mira si me como dos es porque, a pesar de ti, te salen unos guisos de rechupete.
-Uy, si va a resultar que te gusto un poco. Le contesto burlona.
-Que va, pero el hombre no vive del aire y tú me sales más barata que el restaurante de enfrente.
Nos quedamos unos minutos en silencio. Escuchando su respiración trabajosa me acuerdo de lo mucho que me gustaba oírle junto a mí antes de que su leve respiración pausada se convirtiera en los ronquidos actuales. Y como si quisiera darme la razón le oigo soltar un estruendo y quedarse atascado. Pongo atención y nada, no pasa nada, ni sigue roncando ni se mueve ni lo noto. Me preocupo. Me abalanzo sobre él y empiezo a sacudirlo.
-Mario, Mario, ¿qué te pasa? ¿te encuentras bien? Como respuesta el aire retenido en su garganta sale de golpe y Mario se sobresalta consiguiendo asustarme.
-¿Se puede saber qué haces, estúpida? Vaya susto me has dado.
-Mira quién habla, el susto me lo has dado tú, que me creía que te habías quedado tieso.
-Ya estamos, eso te gustaría eh.
-Eres idiota, no te deseo ningún mal, un dolor de estomago quizás, pero la muerte… eso son palabras mayores. Le digo indignada y todavía con un pálpito en el pecho.
-Pues sería la solución para ti. No tendrías que aguantarme más.
-Lo dices como si te tuviera que llevar todo el día en brazos. Le respondo quitando importancia al asunto. No me gusta hablar de la muerte, ni siquiera de la suya.
-Reconozco que sería una pesada carga. Responde él jocoso. Además si hay que cargar el uno con el otro, mejor tú encima. Se echa a reír y yo me doy la vuelta para mirarle. Siempre me ha gustado su risa, su picardía. Nos quedamos así un buen rato, de frente, escrutándonos, con la boca suelta y haciendo amagos de sonrisa.
-¿Porqué nos llevamos tan mal? Le pregunto ansiosa, como si esperara una respuesta de él que cambiara de un plumazo el último año. Mario se levanta dando saltos para combatir el frío, pues no hay calefacción, nada funciona sin la electricidad. Le veo salir sin contestarme y bajar las escaleras, también le oigo soltar una imprecación ¡Me cago en la leche!
Cuando vuelve lleva una tarrina de chocolate foundi y un platito con trozos de fruta ensartadas en palillos. Como un experto camarero acarrea también dos copas y una botella de cava Canals i Nubiola. Y más abajo, en su pie derecho, un buen porrazo en el dedo gordo.
-No veas qué leche me dao. Me dice intentando parecer dolido aunque no lo consigue porque yo me he echado a reír viendo el espectáculo.
-Macho, pareces un hombre orquesta. Le digo. Él empieza a descargar todo sobre la cama y me lanza una mantita de coche para que me envuelva en ella, pues a pesar de que el ambiente se está caldeando sigue haciendo un frío del demonio.
Amenizados por Path Metheny sonando en el compact disc a pilas, nos comemos la fruta con el chocolate y después brindamos con el cava. Me mira muy serio y me dice con una voz que no estoy muy segura de que sea la suya: Laura, no sé porqué nos llevamos tan mal, pero sí sé que podemos intentarlo. Yo me acerco y él entreabre la boca.
-Te huele el aliento. Le digo con un susurro.
-Calla, tonta.
EJERCICIO PROPUESTO PARA LA REUNIÓN DEL DÍA 19

● CONCURSO DE RELATO CORTO: "SUCEDIÓ EN UN HOTEL"
1. Podrá participar cualquier escritor/a siempre que sus textos estén escritos en cualquier lengua oficial del Estado.
2. La temática será libre, no obstante los hechos o acontecimientos objeto del relato deberán tener un hotel como marco de referencia, serán inéditos y no premiados en otros certámenes ni pendientes de resolución en otro concurso.
3. Cada autor/a podrá presentar tan sólo una obra.
4. Los trabajos deberán tener una extensión máxima de 5 páginas, en formato Din A-
5. En el encabezado de la primera página del relato se hará constar claramente el título de la obra y el nombre del autor.
6. Los relatos se publicarán directamente en la web www.elrecepcionista.com , incluyendo los datos del autor requeridos en el formulario pertinente , y adjuntando el relato en formato acrobat pdf.
7.- La fecha máxima de presentación finalizará el día 31 de Diciembre de 2007.
8. El jurado, cuya composición se dará a conocer en el momento del fallo, será designado por los responsables de Nuestro Pequeño Mundo Viajes y
9. Sólo podrá resultar un relato ganador y el jurado podrá realizar cuantas menciones de honor estime oportunas. Los nombres de los galardonados se darán a conocer a los medios de comunicación y a todos los participantes en el mes de Enero de 2008.
10. El premio para el relato ganador consistirá en un viaje para dos personas a Londres de Jueves a Domingo, incluyendo avión desde España, traslados y estancia en hotel de categoría Turista Superior en alojamiento y desayuno. Así como un premio en metálico de 300 € para gastos.
Igualmente se publicará el trabajo en la página web www.elrecepcionista.com en posición destacada, junto a cinco relatos adicionales seleccionados por su calidad.
11. Los relatos ganadores quedarán en poder de la entidad convocante, que podrá publicarlos en la página web www.elrecepcionista.com, citando siempre fuente y autor, además de poner en conocimiento de éste tal hecho.
12. Tras el fallo del jurado, los relatos no premiados serán destruidos si en el plazo de un mes no son reclamados por el autor/a.
13. El jurado resolverá, según su criterio, las incidencias que se produzcan y no estén recogidas en las presentes bases.
14. El mero hecho de participar en el concurso significa aceptar las presentes bases.
Más Información: Web: www.elrecepcionista.com
E-mail: administracion@elrecepcionista.com
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lunes, 26 de noviembre de 2007
NAVIDADES "ESPACIALES" (Inmaculada Belda)
-¿Sabíais que el turrón se llama así desde que en 1421 Enrique Villena bautizó al Dulce Blanco de los andalusíes como Torró? Dijo éste haciendo un despliegue de cultura a la española. Y con habilidad atrapó la segunda tableta y pasó la bolsa a Ingrid.
La alemana metió la mano en la bolsa sin mirar, como si estuviera sacando una bolita numerada con el tema a exponer ante un tribunal de oposiciones. Tanteó el interior contando las existencias y poniendo una expresión de contrariedad dijo:¡Oh, oh!
-¿Oh, qué? Preguntó Nicolai temiéndose lo peor, pues la que fuera su tableta se había quedado en manos de John, que tras atraparla consideró justo conservarla como un trofeo, al igual que los cazadores conservan un cuerno de rinoceronte o un colmillo de marfil.
-Sólo queda una, han contado mal las porciones al envasarlas.
John se apresuró y sin esperar a hidratar su onza, se la metió en la boca ante la mirada desaprobadora de Sergio, que enfadado le espetó: eso, eso, no vaya a ser que tengas que compartirla. Sin dejar de mirarlo puso su porción dentro de la bolsa.
-Gracias, contestó la alemana. Sortearemos las que hay y el que se quede sin ninguna podrá coger una ración extra de bacalao al pilpil.
-Mmmm, dijo el ruso, bacalao de postre, ¡qué buena idea! Y se echó a reír como loco, de manera que su mandíbula inferior fue un batir arriba y abajo durante un gran rato.
Mientras tanto el intercomunicador con la tierra saltó haciendo un gran ruido, producto de las interferencias que proporciona la lejanía desmesurada. A continuación, con voz grave y perfectamente audible escucharon al Jefe de la Operación.
-Aquí Houston, tenemos un problema dijo. Bajo ningún concepto comáis Turrón esta noche.
-¿Pero qué dice ese? Preguntó Sergio con la voz airada, es Noche Buena, cómo vamos a olvidarnos del turrón.
Mientras la radio seguía su lucha particular contra las interferencias, el rostro de John se volvió azulado, luego púrpura y finalmente rojo como la grana, comenzó a toser despidiendo los restos del dulce por el aire, produciéndose una lluvia hacia arriba de fragmentos blancos. Su boca se abría y cerraba como la de un pez intentando respirar fuera del agua y finalmente, tras escucharse un gemido, su cabeza cayó sobre su hombro y terminó por desplomarse sobre la improvisada mesa para la cena de Noche Buena.
Sus compañeros se quedaron sin habla.
-Repitoooo. Zsssss, zss, zsss. No comáis turrón. Zsssssss, zzzsssss, se han olvidado una porción y la he probado: Es repugnante, está hecho con sal.
Mientras todos se reían del error del cocinero, John volvió en sí y, todavía aturdido, exclamó: ¡Pues que asco de dulce tenían los andalusíes! Casi vomito la cena entera.
Todos siguieron riendo, esta vez de John, que un tanto azorado comprendió que su acción egoísta le había llevado a ser el único que comiera aquello y encima sin agua. Pasaría mucho tiempo antes de que se le olvidara el sabor de aquella pasta que se le formara en la boca en las navidades de 1990 en la expedición que la N.A.S.A. envió… no se sabe dónde.
domingo, 25 de noviembre de 2007
"LA MALA NOCHE DE NOEL" (Fermín Gallego)
Noel estaba completamente saturado de trabajo. Primero la preparación, recopilar y ordenar todas las cartas recibidas, después el almacén para llenar los sacos y preparar la distribución y luego, a viajar y, menos mal que por los efectos mágicos de su puesto, podía estar en varios lugares a la vez.
Esa noche ya llevaba atendidas varias casas de aquel barrio de las afueras de la ciudad, cuando llegó a la hora prevista, al número 32 de la calle Eucalipto. Dejó el trineo mal aparcado como casi siempre, con los intermitentes de los cuernos de los renos en funcionamiento y se dispuso a entrar en la casa de los Garcia. Cargó su saco al hombro y trepó hasta la chimenea como en tantas ocasiones, se introdujo y ¡ahí va!, quedó atascado.
-Lo sabía, alguna vez tenía que ocurrir- gruñó para sí- Mira que me lo decían, tenía que haberme puesto antes a dieta.
Lo intentó hacia abajo y hacia arriba pero nada, no lograba moverse, y encima la molestia del saco que había quedado sobre su cabeza.
-¿Y qué hago yo ahora? – pensó en voz alta.
Mientras tanto en la vivienda de los García comenzaba a cundir la impaciencia en los niños.
-Pero papá, dijiste que iba a llegar antes de la cena- protestaban malhumorados.
-No os preocupéis, seguro que no tardará en llegar- intentaba calmarlos su padre.
-Bueno, voy a traer ya la cena antes de que se enfríe- intervino la madre tan práctica como siempre. Primero fueron los aperitivos, luego le tocó su turno al pavo, después desfiló la inevitable piña y llegó por fin el turno de los turrones, polvorones y licores y aunque los padres intentaban calmar los ánimos, los niños permanecieron callados y de mal humor toda la velada mientras que el abuelo, apenas se enteraba de nada.
El pobre Noel, en mitad de la chimenea, se tenía que contentar con alimentarse de los olores y aromas que llegaban de abajo. Seguía sin encontrar la solución a su grave problema.
El padre, algo eufórico por los licores, y ante la creciente desesperación de la familia decidió llamar por teléfono a Laponia, aunque sabía que le iba a costar un pico la conferencia. Después de una larga espera al son de villancicos telefónicos, al fin una voz respondió.
-Pues no sabemos que ha podido ocurrir. Ha debido dejarse el móvil en el trineo porque no responde, no hay manera de contactar con él. Intentaremos localizarlo, tengan calma, por favor.
Pero la calma de los García se había convertido en resignación, mientras en Laponia el teléfono no paraba de sonar. Eran los vecinos de la calle Eucalipto, del nº 34, del 36, del 48. Todos con la misma queja, que si no había derecho, que si habían enviado las cartas a tiempo, que iban a reclamar y pedir indemnizaciones.
El matrimonio García, mientras los niños veían la televisión y el abuelo dormitaba en el sillón, continuaba discutiendo: -Ya te decía que era mejor los Reyes Magos, como siempre, que esos sabes que no fallan nunca, pero tú, dale que dale, que si así tienen más tiempo para jugar, que si es mejor. Pues mira el resultado.
-Cállate un momento-, le cortó el marido.-Me ha parecido oír un gemido en la chimenea.
Aguazaron el oído: –¡por favor, ayúdenme, me he quedado atascado!- se oyó una voz. El marido se asomó con una linterna y creyó ver unas botas. Estiró fuertemente y ¡zás!, le cayó encima Noel que en lugar de rojo y blanco estaba recubierto con una capa de hollín.
-¿Pero usted se cree que estas son horas de llegar?- le increpó. Todos los miembros del hogar miraron con asombro al recién llegado, La barba en lugar de ser blanca y algodonosa, parecía una pelusa gigante acabada de barrer, la borla del gorro medio caído, golpeaba la nariz de un rostro completamente tiznado de ceniza y sudor. Ante ese deplorable aspecto, los niños asustados prorrumpieron en un impetuoso llanto mientras se cobijaban detrás de su madre.
Noel pidió permiso para sentarse y reponerse del golpe. Estaba aturdido y no tenía claro ni donde se encontraba.
-Por favor, pueden darme un vaso de agua- le pidió a los García.
-Ahí tiene, sírvase la que quiera- dijo ella señalando la mesa con los restos de la cena.
Noel, cogió la botella transparente que tenía más cerca y llenó un vaso. Le dio un generoso trago y de pronto sintió como el líquido abrasaba su garganta.
-¡Pero que hace hombre de Dios!. ¿Es que ahora quiere emborracharse con el orujo?- le increpó el padre.
-¿Orujo?. Creía que era la botella de agua. Y además, si yo no bebo.
-Bueno, ¿nos da los regalos de una vez?- intervino la madre.
Noel abrió su maltrecho saco y su semblante cambió de color. –Encima me he equivocado de saco. Perdónenme, voy ahora mismo a por el suyo. Si no les importa, utilizaré la puerta.
Noel salió a la calle, la cabeza comenzaba a darle vueltas. El trineo continuaba donde lo había dejado pero los renos ya no estaban. Al lado, las luces intermitentes de la policía iluminaban la escena mientras la grúa cargaba con el vehículo navideño.
-Pero ¿y los renos?, fue lo primero que preguntó.
-Los hemos soltado -contestó el agente- Como comprenderá ya tenemos bastante con llevar el depósito todos los coches multados. Encima, no querrá que tengamos unas cuadras para los animales.
-Pero no hay derecho. ¿Y qué hago yo ahora?.
-Ud. sabrá, ¿no tiene la facultad de hacer magia?. Y que conste que hemos estado aguardando, pero aquí no venía nadie.
-Pero es que me he quedado atascado….
-¡Cállese! –el agente no le dejó acabar-. Todos iguales, siempre buscando alguna excusa. Además, usted huele que apesta a alcohol, vamos a hacerle la prueba si no le importa.
Efectivamente, los efectos del orujo en el abstemio Noel no se habían hecho esperar y sobrepasaba los límites admitidos.
-Usted no tiene vergüenza. Menudo ejemplo para los niños
-Les aseguro que yo no lo sabía. Por favor si quieren después pueden llevarme detenido pero ahora tengo que repartir los regalos que faltan. Tengo que volver a esa casa a entregarles el suyo, pues me había equivocado de saco.
-Encima de borracho, incompetente. Venga, vaya usted aprisa-.Los policías habían hablado entre ellos y decidieron dada la noche de que se trataba, dejarle continuar con el reparto. No obstante, permanecieron allí, sin quitarle el ojo de encima. Noel se dirigía de nuevo a casa de los García. El padre lo estaba esperando el la puerta y malhumorado le arrebató el saco.
-Traiga, no quiero verlo más por aquí.
Noel, completamente mareado, volvió a su trineo y le costó un gran esfuerzo encontrar y después coger el saco siguiente. Haciendo eses, logró llegar con la bolsa a cuestas al domicilio del número 34. Inesperadamente, llamó al timbre. Cuando la puerta se abrió, no daban crédito a la pinta de Noel que tambaleándose y con voz de borracho preguntó:
-Buenas noches, ¿podría indicarme por donde se accede a la chimenea?- Al mismo tiempo que hacía la pregunta, se derrumbó en el suelo.
-Agentes, vengan por favor. Además de tarde miren en qué estado viene. Llévenselo, es lamentable, no queremos que los niños lo vean-. Los policías cargaron como pudieron con Noel introduciéndolo en el coche patrulla.
Y aquella noche, ya no hubo más reparto de regalos en aquel barrio de la ciudad.
A la mañana siguiente, en todos los hogares se recibió una carta por correo urgente:
“Por problemas de distribución, anoche fue imposible repartir los encargos efectuados por todos ustedes. Estamos contactando con una nueva empresa, por lo que previsiblemente sufrirán unos días de demora. Pero no se preocupen, en la noche del 5 de Enero, tres empleados ataviados con trajes reales, les harán entrega de los mismos. Rogamos disculpen las molestias causadas.”
Mientras tanto, Noel había sido despedido. Las explicaciones que intentó ofrecer a sus jefes, no fueron suficientes. Habían pasado unos días desde aquella aciaga noche. Sentado en el sillón de su casa, leía los anuncios de trabajo del periódico. Su mujer tratando de animarle le comentó:
-Tú no te preocupes, ya encontrarás algo. Además, las próximas Navidades nos podemos ir de vacaciones a Lanzarote.
viernes, 23 de noviembre de 2007
"OTRA CANCIÓN... DE NAVIDAD" Teresa Sandoval
En cuanto a los motivos que el viejo había tenido para despedirme, los sospechaba. Alguna que otra mañana se me habían pegado las sábanas, era cierto, tan cierto como que era del dominio público mi costumbre de fumarme un cigarrillo de vez en cuando en los lavabos; y otra cosa no, pero el decreto antitabaco el viejo la había recibido con el mismo compromiso que Moisés las tablas de la Ley. Aún así, y reconociendo mis deslices, despedir a alguien en Navidad seguía pareciéndome inhumano. ¿No podía haber esperado el viejo hasta enero y dejarme caer por la cuesta por propia inercia? El viejo era un miserable y un rastrero. Pero “esto no va a quedar así. Yo le amargo las Pascuas como el me ha amargado las mías”. Hubiese estado bien que al señor Salmerón, como en un cuento de Dikens, se le hubiesen aparecido los tres espíritus de la navidad, mostrándole mi pasado, presente y futuro, a cual más amargo, pero yo a esas alturas ya no creía en la magia, así que quise aportar mi granito de arena y le pedí al fantasma de mi primo Gustavo que él mismo se encargara de visitarle para recordarle que el Espíritu Navideño era una cosa muy seria.
Entre en un bar de la plaza Mayor. Las vidrieras y el mostrador estaban adornados con guirnaldas, bolas, Papas Noeles colgantes y toda clase de horteradas mil. A mi alrededor se respiraba ya un ambiente empalagoso y eso que no eran siquiera las once de la mañana. Pedí un café y una copa de ponche y me acodé en la barra observando a la gente. La mayoría iban con paquetes, hablaban de las vacaciones, de lo que iban a ponerse esa noche; muchos de ellos se quejaban de lo que esperaba y hubiese sido creíble si no les hubiese delatado el brillo torpe en los ojillos. ¿Y yo? Yo también tenía cena familiar, y normalmente solía sobrellevarla con más o menos moral, pero ese día se me había cortado el rollo para todas las Pascuas. En cuanto al señor Salmerón, imaginaba que tendría reservada alguna cena íntima con una de esas amiguitas suyas a las que obsequiaba generosamente (a ellas sí) a cambio de compañía. No tenía familia, al menos familia que quisiera compartir mesa con él. Por miserable. Y sin embargo algo me hacía sospechar que su noche iba a ser mejor que la mía. Entonces fue cuando acabé de calentarme y llamé a Gustavo. Hacía años que no nos veíamos. Él era la oveja negra de la familia. Yo sólo la gris. Me llevaba un par de años y siempre habíamos tenido una relación cordial a pesar de que nuestros caminos discurrían por senderos distintos. Desde muy joven se había dedicado al boxeo. Ahora, con el dinero que había ganado, había abierto un bar muy cutre en la zona de Vallecas; un antro frecuentado por putas, borrachos y otra gente de mal pelaje, como diría mi madre. Después del consabido ritual de cortesía le expliqué que quería hacer un regalo navideño. Un escarmiento eficaz y poco espiritual. Me dijo que él ya era un hombre de negocios y no se dedicaba a asuntos menores, pero que conocía a gente discreta dispuesta a hacerlo por lo que costaba un cotillón. Le di la dirección de la casa del señor Salmerón, una descripción bastante detallada de él y de su coche y la hora a la que aproximadamente podrían abordarle en el garaje de su casa. Lo demás lo dejé todo en sus manos. Después pasé brevemente por casa y preparé un equipaje ligero para viajar hasta el pueblo de la sierra donde viven mis padres.
La cena de Navidad transcurrió con pocas variaciones respecto a la del año anterior, y a la del otro. Lo único que variaba era la cantidad de criaturas que mis hermanos iban aportado a la familia: más ruido y menos espacio. Por lo demás cada Navidad era una estampa que nunca hubiese podido ser de ese elegante color sepia con el que se maquilla los recuerdos. Todo igual que siempre si no hubiese sonado mi móvil poco antes de medianoche. El primo Gustavo desde el otro lado me informó de que el trabajo ya había sido llevado a cabo limpiamente, con la única salvedad de que al ejecutante se le había ido un poquito la mano y había dejado al viejo muerto en el suelo del aparcamiento. Eso sí, para guardar las formas había tenido la discreción de robarle la cartera. Cuando colgué el teléfono me sentí mareado. Los efectos del alcohol se habían multiplicado por mil. Había dejado de escuchar el alboroto, las canciones del programa de varietés que ponían en la tele. La venganza se me había escapado de las manos. Yo tan sólo quería darle un escarmiento; me hubiese contentado con que ese año se quedase sin probar el turrón duro, pero ahora el señor Salmerón estaba muerto… ¡Muerto…! ¿Y qué?, me replicó el otro lado de la conciencia ¿A quién va a importarle? Después de todo era un miserable, un cerdo y no merecía disfrutar de la fiesta de las almas puras.
Para no levantar sospechas volví a incorporarme a la reunión familiar y la fiesta siguió dentro de sus cauces hasta que poco a poco mis hermanos se fueron marchando y yo me acosté en la que antes era mi habitación juvenil. Eran las tres de la mañana. Caí en un sueño pesado y plácido hasta que me despertaron las campanadas de una iglesia cercana dando las horas. Un, dos, tres, cuatro… inconscientemente conté los tilines hasta el número siete. Imposible pensé, tenía la sensación de haberme acostado hacía sólo un momento. Probé a darme la vuelta en la cama para seguir durmiendo pero entonces sentí como alguien con violencia apartaba las cortinas de la ventana y me retiraba de encima la ropa de la cama. Abrí los ojos. Mentiría si no dijera que casi me muero allí mismo al distinguir en la penumbra la cara del señor Salmerón. Estaba distinto, con los morros hinchados, las gafas torcidas y un halo sobrenatural e inquietante, pero sin duda era él.
“¡Arriba, gandul! Te aseguro que a partir de ahora no vas a dormirte ningún día” Intenté ignorarlo. Pensé que eran alucinaciones sufridas por la cena copiosa, por el alcohol. Quise volver a cubrirme con las mantas, pero el señor Salmerón con una fuerza descomunal me sacó de la cama. “¡Arriba, he dicho! Ha llegado la hora de que te muestre tu futuro”. Y sin saber cómo, fui sacado casi desnudo de mi cuarto, y sobrevolamos el pueblo y luego la ciudad hasta que divisamos un complejo de edificios siniestros que identifiqué como un penal. Entonces comprendí. Me puse a implorarle al fantasma de Don Salmerón piedad, conmiseración en nombre de la Navidad. Él contestó que mi condena era de siete años y un día, pero que quizá pudiera conmutarla por otra no menos oscura. Así seguimos planeando sobre la ciudad hasta llegar a un sitio que me era bastante más familiar. La oficina del paro estaba llena de personas o espectros, no sé. La cola infinita salía de la oficina y rodeaba el edificio varias veces. Mi cuerpo ingrávido hasta entonces retomó toda su pesadez al ocupar el último lugar en la cola. Lo peor de todo es que ni siquiera pude encender un pitillo. No sé si he dicho que el señor Salmerón odia el tabaco.
Teresa Sandoval
LA MUDA (Diana Disavoia)
Las Navidades son para Gerardo una fecha muy especial. Sabe que lo son para la mayoría de las personas pero a él le afectan de forma singular. Es la época del cambio, de la transformación. A sus cuarenta y dos años ya ha pasado por la experiencia en innumerables ocasiones y está de sobra familiarizado con el proceso. Bien es cierto que desde que se hizo mayor la frecuencia, naturalmente, se ha ralentizado. Ahora el cambio se produce cada tres o cuatro años, siempre coincidiendo con la Navidad. Tiene su lógica puesto que nació un veintiséis de diciembre.
El primer cambio del que conserva recuerdos ocurrió a los diez años. Iba con su madre mirando escaparates y decidiendo mentalmente qué regalo le pediría a los Reyes Magos, cuando comenzó a sentirse mal, algo mareado al principio, instantes más tarde se le nubló la vista y sintió que sus piernas no le sostenían. Recuerda que su madre lo sujetó por debajo de los brazos y una vecina lo dejó pasar al portal de su casa. A partir de ese momento los recuerdos son confusos. Evoca la voz de su madre hablando con la vecina “estas cosas siempre pillan por sorpresa, por muy natural que sea, si pudiéramos preverlas sería más cómodo, pero nunca sabemos exactamente cuándo va a ocurrir”. Recuerda que al llegar a su casa la madre le dijo que debía estar contento, que había dado un estirón y que eso, en los niños, era signo de que estaban creciendo sanos. “¿A ti también te pasa?” preguntó a su madre, “por supuesto, sólo que las personas mayores cambiamos menos que los niños”.
Gerardo siente ternura al evocar aquellos recuerdos de infancia. Bien es cierto que nunca llegó a vivirlos realmente con naturalidad y ahora, de mayor, siempre que puede anticipar la llegada del cambio, de la muda, como le llamaba su madre, prefiere estar en casa, o al menos en un lugar donde no haya gente, sabe que a nadie le llamaría la atención, pero él se siente desnudo por unos instantes, por eso se alegra de que esta vez le haya pillado en casa, por la mañana, justo antes de salir para la oficina.
El proceso es muy rápido, aunque no deja de maravillarle la magia que encierra. Siente una sensación de mareo que precede al proceso. Sabe cómo afrontarlo, simplemente debe relajar los músculos, no oponer resistencia y dejarse llevar. Mira sus manos, la piel está muy reseca, tensa, sin elasticidad. Cierra los puños y la tensión que supone este gesto, rasga la piel en varios puntos con un sonido leve. La rasgadura, una vez producida, es ya imparable. Avanza por los brazos dejando entrever debajo una epidermis rosada, húmeda y suave. Mueve un poco los hombros y unos jirones de piel acartonada caen al suelo. Las facciones de su cara se desfiguran por un instante pero, rápidamente, ayudándose con las manos, despega la piel de la frente, de los pómulos, de la nariz y siente la liberación de su cuerpo. Todo el proceso dura unos pocos minutos, la espalda, el pecho, las piernas. Su envoltorio cae al suelo inerte, sin más vida que un cuero reseco. En apenas unos instantes ha dejado sobre las baldosas un montoncillo de células muertas, dos o tres años vividos y un poco de fatiga. Otro estirón, diría su madre, otra muda y un nuevo cuerpo, rosado, fresco, elástico, que se irá deteriorando poco a poco hasta que, en unos años, en unas Navidades, vuelva a mudar la piel nuevamente.
jueves, 22 de noviembre de 2007
RESUMEN DE LA REUNIÓN DEL DÍA 21 DE NOVIEMBRE
A continuación, propuse un ejercicio de escritura automática, para realizar en clase. Consistió en continuar el siguiente microrelato de Fredic Brown titulado "Lamada":
"El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación. Todos los demás han muerto. Llaman a la puerta".
Como es habitual, los relatos que salieron fueron divertidos y muy originales. Aunque el que dio un aire distinto fue Arístides, salvando de la muerte a todas las mujeres, muy listo. También recuerdo el de Teresa, muy bueno, con ese regalo tan peculiar pedido a Papá Noël, jejeje.
Después hablamos de sacar una especie de folleto, al estilo del que hace la biblioteca, con los relatos. La intención es publicar los realizados ahora para Navidad. Pero, también se acordó ir sacando cuadernillos con los relatos que vayamos haciendo con un tema común, dependiendo de la época del año; como, por ejemplo, carnavales, Semana Santa,... Ya iremos viendo. Miguel Ángel, dando muestras una vez más de su gran eficacia, se está encargando de ver cómo lo hacemos.
La cena se acordó hacerla después de Navidad, pues casi no quedan fechas y la gente ya tiene otras cenas. Aún así, en la cerveza, se dijo que si había gente que no se iba de puente, podríamos irnos de cena el viernes 7 de diciembre, además de ir a la de enero con todos los que no puedan asistir a esta. Bueno, es una propuesta más. Ya lo hablaremos.
Pues creo que esto es todo. Si a alguien se le ocurre otra cosa, que lo añada. Por cierto, id colgando los relatos para que los leamos y así los podamos recordar. Yo ya he puesto el mío.
El siguiente coordinador para el 5 de diciembre es José Arístides, que ya entregó su propuesta, y para el día 19 será Teresa.
Nieves.
¡¡FELIZ NAVIDAD, FAMILIA!! Nieves Jurado
Antes de comenzar, le diré que para esa noche tan especial y como acto de buena voluntad, mi familia me saca de la residencia de ancianos, donde me encerraron como a un preso peligroso hace ya algún tiempo. Me llevan a casa de mi hijo mayor, Jacinto, y de mi encantadora nuera Pilar, y me colocan en una esquina como si formara parte, un año más, del típico ornamento navideño que decora el comedor con total ausencia del más mínimo sentido del ridículo. Y así, comienza la velada. Estamos sentados alrededor de una mesa alargada con multitud de platos repletos de comida, cuya única opción es montarse unos sobre otros para poder hacerse con un sitio digno; pues mi nuera, en una muestra más de su pésimo gusto, ha colocado en el centro de la mesa tres candelabros decorados con unos enormes lazos dorados y unas velas rojas que sólo sirven para que cada vez que alguien estire el brazo se queme con la llama.
Jacinto es un hombre de 45 años, con una prominente barriga, un cierto grado de falsedad y una incontenible inclinación hacia la pornografía. Mi querida nuera Pilar, como es habitual en ella, a la hora de la cena ya da muestras de haber sido la primera en probar, generosamente, el vino tinto, el rosado y el blanco. Es una mujer tetona, con un gran culo y una increíble mala leche. Al lado de mi nuera, se sienta Rosita, mi nieta, un angelito de 11 años, rubio, regordete y con unas ganas tremendas de joder a todo el mundo, en especial a su primo Daniel, el niño con la cabeza más grande que jamás he visto, pero que, a juzgar por su comportamiento, no le debe servir de mucho. Daniel es el hijo de Laura, mi pequeña, una mujer escuálida, histérica y fumadora compulsiva, casada con Miguel, el hombre más gilipollas que existe en el planeta, el cual se empeña todos los años en ejercer de chef preparando, como él mismo se atreve a decir, una deliciosa exquisitez sorpresa, aunque la verdadera sorpresa es que alguien se atreva a comerla. Y finalmente, sentado a mi lado está el hermano menor de mi nuera, Rafita, un expresidiario colgado y drogadicto, con los ojos inyectados en sangre y la cara desvaída, y del que nunca logro entender ni una sola palabra.
Conforme pasan los minutos, los comensales van dando buena cuenta de la comida. Gula, auténtica gula es lo que yo veo. Bocas insaciables devorando todo lo que encuentran, restos de salsas y de grasa deslizándose por sus barbillas, copas que se vacían y se llenan como por arte de magia. Yo los contemplo con una gran repulsa, especialmente porque a mí sólo me han puesto una sopita y una pechuga asada.
- ¡Abuelo, ya sabe que a su edad no puede comer otra cosa! – me grita la odiosa de mi nuera con una estúpida sonrisa. Sé que la muy zorra está disfrutando.
- ¡Joder, Laura! Deja ya de fumar, das asco siempre con el cigarro en la boca – le regaña mi hijo Jacinto a su hermana.
Bien, pues aquí comienza mi auténtica Nochebuena, cuando el vino se adueña de las mentes y la lengua de la familia. Mi yerno Miguel saca al exterior el macarra que lleva dentro y le dice a Jacinto:
- Tú cállate, degenerado hijo de puta. Mi mujer se fuma los cigarros que le da la gana y sólo yo tengo derecho a decirle algo.
- ¿Tú?, ¿y quién te crees que eres tú? – le contesta Laura a su marido.
- Pues te guste o no, soy tu marido, ¿entiendes? Tu ma-ri-do- le grita con la mano levantada.
- Ya salió el salvaje soplapollas como siempre levantándole la mano a su mujer – añade Jacinto.
- ¿Quieres ver cómo te meto una hostia y así compruebas lo salvaje que puedo llegar a ser? – le amenaza su cuñado.
- ¡Venga, ya está bien! Estamos de fiesta. ¡Viva la Navidad! – aúlla con una desagradable voz de soprano y totalmente borracha mi nuera Pilar, que en un intento de levantarse de la silla, tira dos copas manchando de vino el ridículo vestido morado comprado para la ocasión de mi hija Laura.
- ¡Borracha de mierda!, ¡mira lo que has hecho! – le increpa, mientras se limpia con la servilleta.
- De todas formas ese “festido” te sienta como el culo. Te marca todos los huesos, pareces una momia con traje de noche - añade Laura.
- Más quisieras tú tener mi cuerpo, bola de sebo - le contesta la otra.
Como usted comprenderá, yo observo la escena divertido y ajeno a toda discusión, porque es lo mismo de siempre y disfruto viéndolos. De pronto un trozo de pan me da en la frente. Ya han empezado. Llega el momento de los niños. Ese momento tan especial en que comienzan a volar los restos de la comida, migas de pan, trozos de carne con hueso incluido,… una auténtica batalla.
- ¡Me cago en la puta!…. Murmura entre dientes Rafita cuando le alcanza en la nariz algo pringoso que le gotea hasta su camiseta negra de los Sex Pistols.
- ¡Niña, estate quieta!, que siempre la tienes que liar – dice mi yerno Miguel.
- Oye, tú a mi hija ni la miras ¿Me oyes, chulo de mierda? Además, siempre empieza el imbécil de tu hijo – añade Jacinto, poniéndose en pie y rascándose sus partes con total impunidad.
- ¿Qué has dicho?, ¿a quien le has llamado imbécil? – le grita Laura.
La escena parece sacada de una película de Almodóvar. Totalmente surrealista. Mi nuera Pilar consigue levantarse al tercer intento y comienza a retirar los platos de la mesa. Como su andar es oscilante, al pasar por el gigantesco árbol de Navidad tira unas cuantas bolas que se hacen añicos en cuanto tocan el suelo. Todo el mundo calla de pronto; es como si hubiera cometido el peor crimen de la historia. Ella se para, los mira con ojos de besugo y entre balbuceos consigue decir:
-¿Quién ha puesto aquí el puto árbol?
Todos saben que el puto árbol lo coloca ella en ese mismo lugar todos los años, pero nadie dice nada. Se levantan y ayudan a recoger la mesa. Llega la hora de los turrones. Los niños siguen con sus peleas hasta que se fijan en mí. Es la parte de la noche que más temo. Rosita se acerca y pega su cara a la mía.
- Abuelo, tienes muchas arrugas. Estás muy viejo y se te cae la baba.
Los dos niños comienzan a reír y a estirarme del escaso pelo que aún me queda.
- Niños, dejad al abuelo, que es muy mayor y no se entera de nada – les dice Miguel.
Y por fin llega ese momento tan esperado. El del turrón. Una hermosa bandeja de turrones de varios sabores ocupa el centro de la mesa. Todos se lanzan a por el pedazo más grande. Mi nuera, dando muestras una vez más de su mala leche, me da una mierda de trozo de yema tostada.
- Tome abuelo, que con esa dentadura no puede comer otro – me dice entre risas y echándome su apestoso aliento de borracha. Me doy cuenta de que sus dientes están manchados de resto de comida. Siento auténtico asco hacia ella.
De pronto, mi hija Laura empieza a encontrarse mal. Está azulada y muy mareada. Con un fuerte impulso comienza a vomitar encima de la mesa. Al verla las náuseas y el malestar se extienden por el resto de la gente. Todos vomitan y se quejan de fuertes dolores de estómago. La primera en morir es Laura. Un grito propio de un cochinillo en el matadero se adueña del ambiente. Es mi nieto Daniel, que mira a su madre con los ojos muy abiertos mientras cae al suelo con los pantalones mojados de orines. Poco a poco todos van muriendo entre espasmos y calambres. Yo contemplo impasible la escena, sin una mueca. La verdad es que no siento nada.
Se ha hecho el silencio, sólo quedamos mi nieta y yo. Ella mordisquea un trozo de turrón de chocolate que acaba de coger, mientras yo observo el mío de yema tostada. La niña, como ausente, susurra:
- No te preocupes, abuelo, a tu trozo de turrón no le he echado veneno. Total, te vas a morir pronto. Eres demasiado viejo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios. Levanto los ojos, miro aquel angelito rubio y, con suavidad, le digo.
- Pero yo al tuyo sí, cariño.
Nieves Jurado
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Vota tu relato favorito (reunión 21/11/2007)
El procedimiento es muy sencillo: pinchad en "comentarios" y escribid el que más os haya gustado y la autora, luego marcad la casilla "anónimo" y, acto seguido, "publicad comentario".
Los relatos propuestos son:
- "Una nochevieja de muerte", de Toñi (una muerte despistada en la Puerta del Sol en Nochevieja. Publicado en el blog: elvinodelestio.blogspot.com)
- "Una declaración de culpabilidad", de Miguel Angel (declaración ante la policía de un empleado de la campaña de Navidad de El Corte Inglés, se puede leer en su blog "derramesdellobulofrontal.blogspot.com)
- "Objetivos comunes", de Jose Arístides (cena de navidad del equipo de urgencias de un hospital. El más macarra de los médicos intenta ligar con la más ingenua de las enfermeras...)
- "Otra canción de Navidad", de Teresa (haciendo alguna que otra referencia al famoso cuento de Dikens, el relato trata sobre un sujeto que pierde el empleo en vísperas de Nochebuena. Intenta vengarse de su jefe pero la cosa se le va de la manos, y entonces...)
- ...
martes, 20 de noviembre de 2007
Papá Nöel (Relato de Diana Disavoia)
Marta, tumbada en la cama, mira con los ojos llenos de deseo a Jorge, desnudo de cintura para abajo y con una botella de cava medio vacía en la mano. Ella luce el picardías morado que se compró en las rebajas y que desequilibró la economía familiar del mes. Las medias y los ligueros, que ahora yacen en el suelo, a los pies de la cama, los conservaba desde el día de su boda. Ambos están achispados, con ese punto que da una buena cena y un vino exquisito. Marta se ocupó de todo, no descuidó detalle, unos canapés para empezar, cazuela de gulas, según una receta que le pasó su hermana, la tradicional pechuga de pavo rellena y de postre, helado de vainilla con salsa de menta, velas y música romántica. Llevaba mucho tiempo esperando la ocasión de jugar con su fantasía, aunque ahora, llegado el momento, una pequeña mota de culpa empaña el encuentro. Cuando le hizo la propuesta a Jorge, él se mostró encantado, disfrutó de los preparativos como un adolescente encendido. Ahora, tumbada en la cama, con su picardías morado, Marta decide no permitirle a su conciencia enturbiar el instante y se concentra en la barba de Jorge, tan erótica, tan provocadora. Se imagina su tacto, levemente áspero, recorriéndole el cuerpo. Levanta una pierna lentamente y sitúa el pié a la altura del pecho del hombre, éste, con los reflejos un poco lentos por el alcohol, sonríe divertido y vierte unas gotas de cava en el empeine que se deslizan por la pierna hasta el muslo y resbalan hacia la parte interior, casi rozando las ingles. Marta se estremece de placer. Sin embargo se siente traidora, sabe que este momento delicioso ha sido obtenido con engaño. A Jorge no parece afectarle y le sigue el juego, da un pequeño sorbo a la botella y se atusa el bigote con ojos pícaros. Marta se dice que ya no hay vuelta atrás y que no merece la pena malograr ese momento tan deseado. Le costó muchas promesas lograr que los niños se fueran temprano a la cama, muchas mentiras para aplacar sus protestas. En el último instante estuvo a punto de claudicar al verles la carita de decepción con que le dieron el beso de buenas noches. Vuelve a ahuyentar los pensamientos y se concentra en Jorge que ha llegado a la altura de la rodilla lamiendo el cava vertido. Hacía mucho tiempo que no se permitía algún capricho, el trabajo, los niños, las obligaciones cotidianas la absorbían casi por completo. Ésta vez contó con la complicidad de su madre que le ayudó a buscar una excusa creíble para librarse de la cena de Nochebuena con sus suegros. Fue también ella la que explicó a los niños que este año Papá Noel había tenido demasiado trabajo y no había podido pasar personalmente a dejar los regalos y que por eso se los traía ella. Marta no podía dejar de pensar que les había robado una noche especial. Allí, tumbada en la cama, con su picardías morado, observa a su marido, desnudo de cintura para abajo, concentrado en el caminito de líquido burbujeante que se desliza por su pierna y que le conduce directo hacia sus ingles, decide entonces que el engaño ya no se puede deshacer y se concentra en la barba de Jorge, algo áspera, blanca, tapándole casi toda la cara, en las espesas cejas algodonosas, en el gorro y en la chaqueta de paño rojo con enormes botones blancos, se concentra en la abultada barriga con relleno de gomaespuma y piensa que esta versión de Papá Noel no era para los niños.
martes, 13 de noviembre de 2007
La Tesorera informa
- Acta fundacional
- Copia de los estatutos
- Fotocopia del DNI de las personas que ocupan (ocupamos) los cuatro cargos
Si queréis el miércoles lo hablamos y decidimos si se hace ya o esperamos a la respuesta burocrática. De momento guardad los 50 euros en el calcetín y que nadie se los gaste en turrones ni en picardías.
Besos para todos.
Teresa
lunes, 12 de noviembre de 2007
Pensamiento de "La Perra" del retrato de Cranach (Inmaculada Belda)
Si yo fuera ella tomaría precauciones. No permitiría que el hombre gigante agarrara a los angelitos por el cuello mientras juegan a la pelota y los metiera en la caja. No dejaría que me los quitara un buen día, cuando las mamas no tienen leche, cuando las crías ya no son torpes, cuando la madre solo da cobijo y calor en la noche pero no amamanta.
Ah, amita. Cuídate del hombre blanco o acabarás como yo, hambrienta de hijos, sedienta de ladridos, vacía de ganas.
viernes, 9 de noviembre de 2007
Un poema de Bukowski

jueves, 8 de noviembre de 2007
Vota tu relato favorito
Después de cada reunión, según los ejercicios que se hayan leido podríamos elegir el que más nos gusta de manera anónima.
El procedimiento es sencillo, se publicará una nota como la presente y los miembros del club podrán pinchar en comentarios y poner el relato o ejercicio que más les ha gustado, luego marcarán la casilla "anónimo" y, acto seguido, "publicar comentario". El que más votos reciba (no se puede votar el propio) se publicará en el blog.
Si os parece bien, ya podéis empezar a votar el relato navideño que más os gustó.
Adelante.
EJERCICIOS Y ACTIVIDADES A REALIZAR EN LA REUNIÓN DEL 21 DE NOVIEMBRE.
Certamen de Relato y Microrelato "No más turrón, por favor"
Ya se acercan las Fiestas Navideñas, una época para la generosidad, los regalos y las encantadoras comidas familiares... ¿o no? Bueno, reconozcamos que a veces no todo son campanillas y turrones.
Desde Portaldelescritor queremos animaros a que nos contéis historias de esa otra Navidad, la que no siempre es como en los cuentos de Disney.
Portaldelescritor, en colaboración con Grupobuho y Canal Literatura, convoca este Premio para relatos cuyas historias transcurran en la época Navideña y que lancen una mirada diferente sobre a estas Fiestas.
Así, esperamos recibir:
* Relatos o microrelatos de terror o de humor encuadrados en las fechas o fiestas navideñas
* Sátiras de relatos navideños clásicos o relatos que contemplen la Navidad con ironía.
* Relatos realistas, de historias que transcurran -al menos en parte- en la época navideña, pero sin el típico y obligado "final feliz" de los cuentos de Navidad.
* Cualquier relato o microrelato que se acerque a la temática de las fiestas huyendo de los tópicos.
Los cuentos deben atenerse a las siguientes BASES:
1. Puede participar cualquier persona que lo desee, con un máximo de dos relatos o microrelatos no premiados anteriormente en ningún otro certamen.
2. Los relatos tendrán una extensión máxima de 10.000 caracteres (con espacios). Unas 4 páginas aprox. con letra Times New Roman, tamaño 12, interlineado doble. No hay extensión mínima.
3. Su temática deberá atenerse a lo expuesto en el párrafo introductorio: relatos o microrelatos que transcurran (al menos en parte) durante las fiestas navideñas y que nos cuenten una historia atípica en este tipo de relatos.
4. Los relatos serán enviados a través del formulario que encontraréis aquí:
FORMULARIO PARA ENVIAR RELATOS Y MICRORELATOS AL CERTAMEN
5. PlAZO DE PRESENTACIÓN: hasta 1 de Diciembre.
6. El Jurado, seleccionado por Portal del escritor, Grupobuho y Canal Literatura hará público su veredicto el día 10 de diciembre.
7. Se concederán los siguientes Premios:
RELATO (O MICRORELATO) GANADOR: El autor/a recibirá un curso de relato online, a su elección de entre los ofertados por Portaldelescritor. FINALISTAS: Se seleccionarán dos relatos o microrelatos finalistas, cuyos autores -al igual que la persona que el primer premiado- podrán participar como colaboradores habituales en el Blog colectivo Literaturate.com. Los relatos ganador y finalistas serán publicados en un libro a cargo de la Editorial Grupobuho. Para este libro, además, se SELECCIONARÁN, de entre los relatos y microrelatos participantes, aquellos que, a juicio del jurado, tengan calidad para ser publicados.
8. El hecho de participar en este concurso presupone la total aceptación de estas bases y la renuncia a cualquier reclamación. Cualquier imprevisto será resuelto por la Organización o el Jurado.
Para quien quiera enviar el relato debe hacerlo desde la página: www.portaldelescritor.es/certamen
- Al terminar la lectura de los trabajos realizados, la coordinadora, osea Nieves, propondrá la realización de un ejercicio de escritura rápida en unos tres o cuatro minutos, depende. Leerá un pequeño texto que finalizarán los estupendos escritores que forman el club. El tema será de terror o suspense. Faltaría más.
- A continuación, la coordinadora, que aún seguirá siendo Nieves, recomendará algunas páginas webs que podrían ser interesantes para todos, y recordará la cercanía de diciembre, por lo que se intentará poner fecha a la tradicional y bienvenida cena de Navidad.
- Para finalizar, José Arístides, coordinador del día 5 de diciembre, dirá sus propuestas.
Resumen de la reunión del día 7 de noviembre

- En el cuadro de Cranach hubo un empate entre los pensamientos del ángel y el perro, además de dos trabajos desde la perspectiva de uno de los niños que aparecen en la pintura. Teresa de una forma poética; Miguel Ángel reivindicando los derechos de los niños; Jose reflexionando que en el Renacimiento aún no se había inventado la goma; Alicia que hablaba de una buena vida de perros... estuvieron graciosos aunque el ángel del cuadro no tenía cara de tener buenas intenciones, sin parar de afilar la vara de abedul. De todos me llamó la atención el de Pilar, que es digno de figurar en los catálogos del Thyssen (ya quisiera la baronesa tener tan buenos críticos de arte)
- El cuento de navidad podría haber sido de menor extensión, lo que se tendrá en cuenta para más adelante. Había para todos los gustos, cada uno se metió en una navidad diferente, desde la erótica de Diana hasta la magia de Teresa, los efectos especiales en el relato de Miguel Ángel, uno muy tierno de Alicia, una navidad diferente de Pilar, un poema crítico de Jose... son los que más recuerdo.
No todos llevamos nuestros ejercicios, pero lo pasamos bien; a pesar de ello el tiempo nos jugó una mala pasada y no pude hacer el ejercicio de escritura rápida, por lo que lo guardaré para una mejor ocasión.
Al final de la reunión se decidieron los cargos de nuestra asociación, que han quedado así:
PRESIDENTE: Yo (Toñi)
VICEPRESIDENTE: Jose Arístides
TESORERA: Teresa
SECRETARIO: Miguel Ángel
Hemos decidido que en la próxima reunión llevaremos 50 € para dárselos a Teresa, nuestra tesorera, y así empezar con un capital para la Asociación.
Al final Nieves repartió los ejercicios propuestos para la próxima reunión, el 21 de noviembre.
Y Jose Arístides será el futuro coordinador para la próxima.
Esta mañana he presentado los papeles para nuestra Asociación, que ayer rellenamos entre todos (¡cuántas firmas! ¿eh?). Me han dicho que me llamarán cuando sepan algo.
Una cosa: me gustaría que quien quisiera pusiera en nuestro blog los textos del cuadro de Cranach.
Y nada más. Tenemos dos semanas para escribir un cuento "diferente" de navidad, según la propuesta de Nieves. Aunque haya que subir a papá noel en una Vespa (como en la foto ¿se han declarado los renos en huelga? ¿por fin se moderniza el gordo de la barba blanca? Lo sabremos en la próxima reunión)
También recordaros que esta tarde a las 8 da una conferencia Juan Manuel de Prada, en el centro de CCM (muy cerca de la biblioteca) y que estaría bien ir, quien pueda.