jueves, 21 de mayo de 2009

ISUR (José María)


Si algo hace a Isur diferente de otras ciudades es que en lugar de aire tiene sexo. No un sexo parcial, determinado, sino una especie de aliento cálido, de sombra protectora o de lluvia de verano, que moja la tierra para que ascienda un fuego que cubre plenamente las calles, las habitaciones están llenas de deseos satisfechos que dejan las paredes manchadas por una pátina antigua, como una humedad eterna que trepa con apetito voraz, con la avidez instintiva de la codicia más piadosa, sobre los peldaños se posan manos y pies sobrecogidos por la urgencia, por la exigente premura genital de los sujetos, acaso ya laxos de disipación y abandonados, o comprometidos y erectos como estrategas de la pasión más inflamada; encima de los tejados el sol pierde el sentido y da paso a una luna carnosa y satisfecha.
Si los ciudadanos pueden andar por la ciudad sin contratiempos, cavilando deberes y contratos, ajenos a los humores ciegos que agitan el cuerpo con espasmos, no lo sabemos. Pero estamos seguros que todos sucumben al intento inútil de olvidarlos, de no saberse bestias tiernas o animales rudos e insaciables, y adoptarán posturas similares, apolíneas, imposibles, grotescas o espectaculares; les conviene permanecer quietos y tendidos a la espera, atentos a un rumor que les sorprenda y les demande sus favores, porque torcer la voluntad del sexo les atrapa, les roba el alma y les borra el cuerpo para siempre y los reduce a recuerdos sin rostro, a nombres sin cara.
Hay quien dice que al faltar el aire los sonidos permanecen congelados, que las palabras se encuentran escondidas, porque ya se saben inútiles, gastadas, y no queda sino creerlo. Los lugares están en calma, testigos mudos de roces aleatorios repetidos, y atesoran los últimos sabores salados de la vida.
De noche, fijando el oído al suelo, se pueden escuchar palabras sueltas, gemidos o quejas de aquellos que, ignorantes, faltaron a su cita, perdieron besos furtivos y quemaron sus últimos sueños.

5 comentarios :

Toñi dijo...

¡¡Guau!!

Tu frase de la luna carnosa y satisfecha me encanta.

Me gusta mucho.

Anónimo dijo...

Me parece muy bonito, muy sensual. Un Isur muy apetecible, vamos. Lo he leído varias veces para recrearme en el vocabulario, en los adjetivos que usas. Que me ha gustado mucho, ea.

Gracia

Teresa dijo...

Desde luego en tu ciudad no se aburre la gente... ¡Qué potencial como alternativa al turismo rural!!

Fuera de bromas, es un texto muy sensual, y me uno a lo que dice Gracia; es una delicia leerlo.

Anónimo dijo...

También a mí, me parece sensual, aunque sea repetitivo; y la luna carnosa también lo es, sensual y bien escrito.
Alicia.

Anónimo dijo...

También me pido este "Isur" para los fines de senama, un paseíllo por sus calles y seguro que volvemos a la rutina con más ganas...
Diana