jueves, 26 de marzo de 2009

ROCINANTE. Ejercicio de Fanfictión de Trinidad Alicia García Valero

Soy Rocinante; Ya sé que la mayoría de vosotros conocéis mi nombre, pues mis andanzas junto con mi amo y caballero don Quijote de la Mancha, me han hecho mundialmente famoso. Se llegó a compararme con el sin par” Babieca” (por si alguna de sus mercedes no lo saben): el valeroso caballo del Cid Campeador.
Tal como él de valeroso me sentía yo, cuando salimos a campo abierto, provisto mi amo de lujosa armadura y lanza, y adornada mi noble estampa con silla y aparejos parecidos.
¿Qué deciros de mi vida gloriosa y tantas veces arrastrada por los castillos, primero de mi Mancha natal y después por toda la ancha y larga, geografía de España?
Y algunas de esas veces he sentido, (aparte del natural orgullo, de ir con tan notable y honroso hombre de armas), unas inmensas ganas de llorar tendido en los secos ribazos de mi no menos, seca Mancha. Otras veces (como rocín noble que soy), guapas yeguas pasaron por mi aún, corta vida de caballo batallador, hasta una vez un caballo tordo de apariencia peleón, entró en mi honrosa cuadra, con la insana intención de hacerme proposiciones deshonrosas; ¡a mí! ¡Al caballo del sin par don Quijote de la Mancha!
! Macho y padre de varias yeguas y caballos de alcurnia! Me sentí en la obligación de ofenderme gravemente y le disparé una coz con tal fuerza que, si llega a darle…
Otra de las veces ocurrió que, volvíamos de aquel lejano castillo, donde mi señor, fue nombrado caballero por el venerable castellano que lo habitaba. Venía jubiloso después de salvar al muchachuelo, de las garras del villano que lo apaleaba. ¡Estuvo esplendido mi señor! Con la lanza al ristre, amenazando al ruin. Pero que gran tristeza sufrí al poco trecho.
Ya jubiloso marchaba yo, hacía la aldea, con no pocas ganas de llegar, fueron muchas las emociones y sinsabores, amén del hambre que pasé en el camino. Cuando vimos al grupo de príncipes que, acompañados de su séquito iban en busca de algo, no sé muy bien qué, pudieran ser aventuras como las nuestras, que no, ¡nunca como las nuestras! Mi amo creyose en la obligación de honrar a su amada y les instó a proclamar su belleza, ¡ah malandrines! No sólo no lo hicieron los muy cobardes, sino que alguien me puso entremedias de las patas traseras un palo, con tan mala fortuna que caí, tirando a mí sin par amo don Quijote. Debo decir que fue una de las primeras y grandes humillaciones que tuve que sufrir en nuestras intrincadas y maravillosas aventuras. Ver a mi señor rodando por el suelo y apaleado por un vil criado, que ya si fuera un rey… ¡Pobre de él y pobre de mí! Mi amo, aunque no era su costumbre, descargó su furia conmigo y yo inocente, sin poder demostrar lo sucedido, agaché mis hiniestas orejas y lloré, como sólo saben llorar los caballos nobles de raza y corazón. Menos mal que acertó a pasar por allí el señor Marqués de la Mantua, que, viéndonos en tal estado, puso a mi gran señor en su hermosa yegua parda y encima de mi grupa (que fue un honor) sus muchos tesoros y él como buen y generoso caballero fue andando.
La entrada a la aldea fue de noche, para evitar algún que otro mal pensamiento por parte de la gente plebeya y mal pensada. Ya en la mansión me llevaron a las caballerizas donde reposé mi maltrecho y enjuto cuerpo. Estaba seguro, como así fue, que ésta no iba a ser la primera de las muchas aventuras que me esperaban, nunca un caballo, a pesar del cansancio y el hambre, se sintió más honrado y feliz, y como era de esperar, un criado fiel me trajo doble ración de paja y agua.

4 comentarios :

Toñi dijo...

¡Pobre Rocinante! Menos mal que la historia tiene final feliz.

Teresa dijo...

Me gusta mucho tu relato Alicia; al parecer el pobre Rocinante iba en sintonía con su amo (psicológicamewnte hablanndo).
Y me alegro mucho de que los vayais colgando en el blog ya que no pude asistir a la reunión.
Un beso.

Anónimo dijo...

Gracias, sois muyn buenas, un beso
A.licia

Ana dijo...

Me ha gustado mucho, qué original la visión de Rocinante. Enhorabuena!