sábado, 28 de marzo de 2009

"LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE BATMAN" (Mi ejercicio de Fanfiction sobre Batman) NIEVES JURADO


No sabría cómo explicar lo que me ocurrió, podría inventarlo todo y nunca se asemejaría lo más mínimo a la realidad. Empezaré por decir que mi nombre era Bruce Wayne, que tenía una cierta inclinación homosexual y que en los últimos años de mi existencia adquirí toda clase de adicciones. También diré que el mundo me conocía como Batman. Sí, yo era Batman, el Caballero Oscuro, el héroe de Gotham City y el soplapollas que vendió su alma al ser más despreciable que jamás haya existido.
Han pasado muchos años desde que, a causa del asesinato de mis padres y con la ayuda de mi mayordomo y confidente Alfred, creé mi alter ego. Me convertí en una sombra viva de la noche, un ser inteligente, amante de la justicia, poseedor de un gran valor y de una increíble fuerza. Ayudaba a la policía en su lucha contra el crimen. A veces pienso que en realidad me convertí en un tipo que andaba por ahí disfrazado de gilipollas con una capa que simulaba las alas de un murciélago, conduciendo un coche llamado Batmóvil y luchando contra enemigos con nombres tan ridículos como Joker o Acertijo. En honor a la verdad señalaré que la etapa más feliz y gratificante fue cuando iba acompañado de mi joven y muy querido amigo Robin. De igual forma reconozco que me apasionaba ser un héroe enigmático venerado por las masas. Pero todo tiene un precio. Con los años, Robin me abandonó, aceptó un cheque millonario y se fue como jefe de la Guardia Suiza del Vaticano. He oído que le va muy bien, incluso que allí ha tenido varios amantes muy influyentes. El viejo Alfred ingresó en una secta satánica dirigida por Joker y más tarde fue internado en un psiquiátrico a causa de las alucinaciones que padecía, probablemente fruto de las pastillas que tomaba desde hacía años para poder soportar la presión que yo le imponía diariamente obligándole a guardar mi secreto y a encargarse del cuidado de la baticueva, localizada bajo la mansión Wayne. Respecto a mí, yo colgué la capa, la máscara y vendí el coche a un circo que andaba cerca. Pero mi alter ego se había hecho demasiado poderoso y Batman nunca me perdonó que lo abandonara de aquella manera. Gasté mi dinero en el juego, la bebida, las drogas, prostíbulos, ya sea con hombres o con mujeres. Como era de esperar, mis deudas ocasionaron que los bancos me embargaran la mansión y otros bienes, herencia de mis padres. Me quedé en la ruina. Aún así, la policía conectó alguna vez más la batseñal solicitando mi ayuda. Y cuando yo la veía reflejada en el cielo sombrío de la noche, mi interior justiciero no podía evitar resurgir de nuevo. Pero mi físico había cambiado, y mucho, ya no había forma de encajarme ese estrecho y ridículo traje diseñado para un hombre corpulento y en forma como Batman, no para el gordo barrigón de Bruce Wayne. El Caballero Oscuro no pudo aguantar la decadencia y la humillación a la que yo le estaba sometiendo. Una mañana turbia y fría me levanté con una terrible resaca. Mi lengua parecía hecha de corcho y mi estomago vaciaba su interior como si arrojara un cubo de agua sucia. Me miré al espejo en el aseo del ruinoso motel donde me alojaba. Y entonces lo vi. Batman peleaba por salir de mi interior. Mis orejas, mis ojos, mi nariz, toda mi cara era de murciélago. Incluso tenía un par de colmillos como los vampiros. Estaba horrorizado, no entendía por qué mi alter ego quería destrozarme de aquella manera. Miré mi cuerpo, estaba cubierto de pelo negro y corto. No tenía brazos, en su lugar había un par de membranas finas y grandes como las alas de los murciélagos. Sin duda me había transformado en una sucia rata voladora, ahora sí que era un auténtico hombre-murciélago. Mi oído se vio alterado y empecé a oír todos los sonidos de la noche, me obsesionaba con ellos. Mi instinto estaba fuera de control, me empujaba a sobrevolar la ciudad, a buscar víctimas inocentes pero no para salvarlas de sus atacantes, mi objetivo era beber su sangre, me di cuenta que la necesitaba y no podía evitar esa desmesurada sed que se adueñaba de mi mente como un parásito.
Una noche especialmente oscura por la ausencia de luna, vino a mí un ser tan enigmático como atrayente. Su voz era profunda, no parecía de este mundo, y me hizo una proposición que no pude rechazar. Me ofreció la inmortalidad, recuperar mi forma humana y adoptar la de murciélago sólo para volar en busca de comida cuando llegara el crepúsculo. Viviría en su castillo y a cambio yo le daría mi alma de criatura mortal. Y así lo hice, no tenía nada que perder; o eso creía, porque sin saberlo estaba perdiendo lo más importante que me quedaba: mi esencia. Ahora vivo en Transilvania, no puedo ver la luz del sol y mi instinto salvaje me obliga a alimentarme de sangre humana. Soy un asesino sediento de muerte y estoy condenado a vivir eternamente como una bestia sin alma y sin identidad. El conde Drácula se apoderó de ella. Ahora él es Batman, el héroe justiciero de Gotham City.

4 comentarios :

Teresa dijo...

¡Qué bueno Nieves! Me he reído mucho con el toque de humor negro que ya te es característico.
Y también me ha llamado la atención que tanto como tanto Ana como tú habéis emparejado los pesonajes de Batman y el de los vampiros (Drácula en este caso)... Y bueno, lo de Robin ya lo decía yo (entre SOS y SOS algo se cocía en la noche).
Besos.

Ana Sofía dijo...

Bueno, esta claro que a las dos nos tira lo de los hombres misteriosos. Me ha encantado, compañera de personajes.

Felicidades Ana

Anónimo dijo...

¡Muy bueno Nives y cómo a Teresa también me ha chocado la coincidencia. Un beso Alicia.

Toñi dijo...

A mí también me llamó la atención que tanto Ana como tú hubierais elegido, no sólo el mismo personaje, sino la misma asociación con el murciélago-vampiro.

Siempre me ha dado un poco de rabia la excesiva perfección (y pijería) de Batman. Ya era hora de que alguien le pusiera una barrigota cervecera.

Un beso. Toñi