domingo, 19 de agosto de 2012



Retornar




Adoro el estallido
de las encrespadas olas,
que feroces escupen sus espumas
contra mis trémulos muslos,
mientras sobre el mar,
revolotean voraces las gaviotas,
y la niña que fui vuelve a la arena.

Contemplar el faenar de los pesqueros,
sentir el corazón ardiente por el sol
y  entrever en mi piel
el rojo azulón que corre por mis venas
desbocadas de sal,
es mi destino.

Y allá, la arena húmeda vibra
abarrotada de sombrillas,
sombreros que se agitan a lo lejos
y minoristas de coca-cola.

Y distante, mucho más distante,
y solitaria, siempre solitaria,
camino sobre la raya  
verdosa del horizonte,
quemándome en sus soles
y sorbiendo sus algas.