jueves, 14 de agosto de 2008

"CORAZONES EN EQUILIBRIO"

¡Hola a todos! Este cuento lo escribí para Toñi, como regalo de cumpleaños. Ella me dio el tema sobre el cual escribir, y se me ocurrió lo siguiente. Es un cuento ligero, de verano, y he querido compartirlo con vosotros (por supuesto con el permiso de su "dueña") y de paso animar un poquito el blog que casi casi está cerrado por vacaciones,

Besos.

Teresa



"Corazones en equilibrio"

Mª Teresa Sandoval



Encontró el papel prendido en el limpiaparabrisas del coche, uno de esos panfletos publicitarios que se suele arrugar y tirar sin mirarlo siquiera; pero hubo algo en él, unas palabras entrevistas al vuelo, el rumor de una promesa peregrina, que le incitaron a leerlo. La cuartilla era el anuncio de los servicios de una hechicera. Las prestaciones: limpiezas energéticas, quiromancia, numerología, males de ojo… hasta ahí todo lo habitual. Fue el ultimo servicio: “Se equilibran corazones” lo que llamó poderosamente la atención de Cándido.


Aunque no atinaba a imaginar a qué se referiría aquello con exactitud, intuyó que de alguna forma tenía que estar relacionado con la zozobra que él mismo llevaba experimentando desde hacía meses. Con una extraña lucidez Cándido presintió que allí se le ofrecía el remedio para solucionar el grave problema que le aquejaba, aquella descompensación brutal entre lo que pensaba y lo que sentía, el desequilibrio que le causaba el hecho de que su corazón pesase mil veces más que su cerebro.


Eso fue lo que le impulsó hasta aquella consulta de la calle Princesa. La mujer que lo atendió más que una pitonisa parecía una entrañable ama de casa. Le sirvió café con pastas en la mesa camilla de la trastienda. Después leyó sus manos, y siguió leyendo su rostro, hasta que en el fondo de los ojos de Cándido encontró lo que buscaba, y fue capaz de valorar el desequilibrio que tiraba de él hacia el abismo. Descubrió que existía ella, o mejor dicho, que existía pero lejos, que desde que se fue él caminaba al filo de una cuerda que separaba peligrosamente el placer de mirar el pasado desde las alturas y el peligro de caerse y hacerse añicos. Consideró que el mundo se le torcía a Cándido muchos días porque el órgano rojo que llevaba en el pecho estaba notoriamente descompensado por el peso de la amargura. La hechicera le dijo que si bien no se equivocaba lo suyo tenía remedio. Le prescribió una receta y le entregó un kit completo para equilibrar su corazón de una vez por todas. Así Cándido ataviado con su nueva camiseta donde se leían con letras orondas “Nadie se muere de amor” y un péndulo en el bolsillo derecho, salió a la calle, y caminó por Madrid con cuidado de seguir la línea recta que trazaban las losetas de la acera (era fundamental los primeros días). Mentalmente iba repitiendo como una retahíla las sencillas recomendaciones extendidas en la receta: nada de alcohol ni drogas; la autoestima bien alta; prohibido mirarse el ombligo; usar menos el coche y caminar más; bostezar 33 veces al día; observar a la gente con la que te cruzas e imaginar sus cuerdas flojas…


Cuando llegó a casa se dio cuenta de que llevaba horas sin pensar en Lucía. Para celebrarlo aquella noche cenó un par de huevos fritos con patatas y chorizos. De la hipertensión nadie le había dicho nada.



* FIN *

10 comentarios :

Toñi dijo...

Gracias, amiga.

Fue una celebración muy emocionante, hace dos años.

Me aplico la receta (incluyo los huevos y los chorizos, qué diablos, sólo se vive una vez)

Besos.

Teresa dijo...

Bueno, tampoco os toméis la receta al pie de la letra, que he improvisado un poco, ...aunque un buen plato de huevos con patatas de vez en cuando no le hace daño a nadie, ¿verdad?

Y gracias a ti, porque el cuento es un recuerdo de una velada estupenda. Además si no me hubieses puesto los deberes no lo habría escrito.

Besitos.

Miguel Angel Molina dijo...

Una historia muy chula, qué diablos. Lo del peso del corazón me ha gustado mucho. Pues nada, que a mi también me gustaría que me escribiese alguien, qué pijo.

Teresa dijo...

Jeje. Bueno Miguel Ángel ya dedicaremos un día en tu honor en el club de escritura, tú por eso no te preocupes.

Muchas gracias por tu comentario.

Besos.

Anónimo dijo...

Muy linda historia. Te felicito.

Anónimo dijo...

ME PARECE UN BONITO CUENTO Y COMO DICE MIGUEL ANGEL ES BUENO QUE SE ACUERDEN DE TÍ Y DESEABLE.
UN BESO ALICIA.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho, Teresa. Es un cuento precioso, aunque se lo hayas regalado a Toñi, yo lo he tomado prestado, pero sólo un poco ¿eh, Toñi? no te pienses que te lo he "chorizado" tan alegremente. Buenas recomendaciones, icluidos los huevos con chorizos, claro está.
Un beso.

NIEVES

Teresa dijo...

Gracias Alicia, Nieves y "Anónimo". Me alegro mucho de que os guste esta pequeña historia real como la vida misma. Viendo que a todos os gustan los consejos "mágicos" estoy pensando meterme a pitonisa... seguramente en el paro habrá más demanda que de administrativos.
Intenté que las recomendaciones para curar el mal de amores fueran cosas de sentido común, algo tan difícil de hallar cuando se trata de asuntos de corazón, eso mezclado con algunos rituales absurdos que muchas veces nos funcionan como placebo. Y por supuesto lo que más os ha gustado por unanimidad: los huevos con chorizos... un ligero plato de verano, sin duda.
Besos y gracias por vuestros comentarios.

Club de Escritura "La Biblioteca" dijo...

Julio

Creo que el cuento es muy tierno y profundo, escrito con el corazón. Y aunque breve, suficiente, sugerente, casi como un poema.

Teresa dijo...

Muchas gracias Julio; tu comentario me sube la moral. Me alegro mucho de que te haya gustado.
Besos.