martes, 24 de noviembre de 2009
Resurrección por Pepi
Tal vez las palabras sirvan de algo.
Treinta años rebuscando en los bolsillos del espíritu una moneda para Caronte. Aletargada en el interior de la montaña, sin pulso, porque la vida se cansó de latir creyendo no ser querida y emigró ansiando un rincón mejor para descansar. Treinta años pensando que el pozo es mi hogar y la oscuridad mi hermana. Despreciando los días, consintiendo el marchitar necio de las horas.
Y de pronto, cuando ya me olvidé de sentir, empiezo a escuchar mi propio repiqueteo. Agua que humedece la hendidura en la piedra del alma. Escarbo, escarbamos la voz y yo hasta encontrar arcilla mansa, figuras calientes palpitando entre mis dedos. Soy yo, creada de una costilla que nunca perdió la esperanza de ser alfarera de aquello que empieza.
Soy agua, lo dicen mis manos, soy brisa tibia arrancando los ojos negros al hastío.
Las entrañas del monte, rezuman bocanadas de aliento mientras comienzo a subir, la luz que apenas ha hablado conmigo me marca la senda.
Treinta años perdida, si ¿y qué?, si un día gozándome en el propio regazo que nunca se fue, me alimentan como el resto de las vidas que me quedan, que fluyen conmigo.
Gotas tañendo en la cañada que se abre pariéndome en lodo fresco con olor a hierba y a sal.
Ahora el otoño me abriga junto al árbol que tan solo duerme, me abrazo a él y siento arder la savia que salta hasta la sangre que aprende a fluir.
Y me volveré fuente, manantial, río, que lave el lienzo de amortajar y lo tiña en palabras vivas, frases que recobren sus letras para gritarle a los hundidos, que hoy soy montaña.
¿Por qué ellos no?.
martes, 17 de noviembre de 2009
SIELA Y LOS FURTIVOS (Diana)

Las dos lunas aparecen en el horizonte. La luna azul no presagia nada bueno, cada vez que preside el firmamento, las sincronicidades se alteran. No es un fenómeno habitual, aunque fuertemente perturbador. Siela nota la fuerte alteración de su consciencia y teme perder el control, tan fieramente adiestrado, que la caracteriza. Sus sentidos, acostumbrados a las sutilezas, no responderán como suele ser habitual. Teme por su grupo. En la soledad del desierto, se exponen al ataque de los furtivos, tribu temible y agresiva.
El sol tardará treinta y ocho horas en salir, para entonces pueden estar todos muertos. Urge una estrategia que los proteja. Siela recoge sus pocas pertenencias y se aparta del grupo. Sus pasos silenciosos la conducen hasta el borde del arroyo seco y maloliente. Se sienta en una piedra y se dispone a hacer sus ejercicios mentales, consciente de la magnitud de la tarea. Cierra los ojos, relaja sus músculos e invoca a las fuerzas. Su cerebro bloquea todo lo que pueda distraerla, los sonidos desaparecen, pierde la sensibilidad de su piel y una bruma oscura la envuelve aislándola de su entorno. Visualiza a su padre, maestro y guía, del que aprendió todo lo que sabe. Intenta comunicarse con él, distante muchos siglos de aquel lugar inhóspito, y le pide ayuda. Aparecen imágenes confusas que la inquietan y se esfuerza en concentrar la atención, cuanto más lo intenta más alejada se siente del objetivo. El pasado, su historia y la de su raza, se agolpa en miles de escenas que se deslizan ante sus ojos como si viera transcurrir su vida en una secuencia de imágenes. Se ve a sí misma de pequeña, corriendo por los jardines del palacio, ayudando a su padre con las fórmulas de la alquimia que transformó su esencia. Se ve llorando, arrodillada ante su cuerpo despedazado cuando el ataque de los guerreros y percibe el dolor de la pérdida. Sabe que ésta será transitoria pero, aún así, se duele del gesto humano de la muerte. Aún no está preparada para la transformación que le devolverá a su padre en el lejano mundo de las esencias. Recuerda la soledad en la que se encontró después de su desaparición y cuánto le costó aprender a comunicarse con él más allá de la razón.
Lentamente su corazón se llena de paz, reprime los sentimientos que intentan aflorar porque entorpecerán el encuentro. Y poco a poco percibe la metamorfosis. Miles de años de historia se presentan en sus recuerdos, las gestas de su estirpe, la sabiduría que se fue transmitiendo intacta generación tras generación y recurre al espíritu de sus antepasados en busca de ayuda. Ellos están ahí, invisibles al ojo ordinario, vigilantes, custodios de la raza que evoluciona en sucesivas transmutaciones.
Siela siente el cambio que no deja de sorprenderle, se vuelve arena, viento, roca, su cuerpo mortal se funde en esencia pura. Su padre la conduce para que nada la distraiga. Los mínimos granos de roca que ahora componen su cuerpo giran, al principio lentamente, se desplazan y arrastran consigo el aire del lugar en una nube creciente que va cobrando fuerza, que crece absorbiendo todo el aire en un rugido furioso que se desplaza hasta encontrarse con sus compañeros aterrados, frágiles y desprotegidos. Los ve con su mente de arena y viento y lentamente, para no causarles daño, los va envolviendo en una tormenta espesa, cada vez más densa. Un remolino gigante los cubre totalmente, furioso en los bordes, manso y protector en el centro.
Los furtivos, al acecho sólo ven polvo y viento, frustrados retroceden temiendo ser arrastrados por el torbellino. Repliegan sus posiciones sabiendo que esta vez la caza no ha dado sus frutos. Esperarán pacientes hasta que la luna azul vuelva a aparecer en el horizonte, no saben cuándo va a ocurrir nuevamente el fenómeno que se les antoja impredecible. Pedirán a sus dioses, maquinarán estrategias y, quizás, la próxima vez, los elementos estén de su parte.
lunes, 16 de noviembre de 2009
La busqueda por Pepi
Solinari y Lunitari, lunas de plata y sangre, madres eternas cobijando el firmamento de krynn hilvanaban requiebros cada noche, sudándoles los pesares por las formas grises de sus caras, ante aquello que la magia de la que siempre estuvieron preñadas, las hacía intuir. Los dragones regresaban y el olor a podredumbre, muerte y desolación venía con ellos. Se cernía como una bruma viscosa arrastrada por alguna galerna hostil de invierno, sobre su mundo amado.
Ya antes se habían sentido desgajadas por sensación similar. Allá en la Primera Guerra de los dragones, cuando entregaron a los elfos los Cinco Orbes para atrapar la esencia de las criaturas maléficas y alcanzar la victoria en la batalla, pero ahora el humo de muerte les llegaba demasiado ardiente. Los héroes no recordaban el ayer, debían parirse de nuevo e iniciar la búsqueda de lo único que podía esbozar un atisbo de esperanza tras el horizonte caído de Krynn: la legendaria Dragonlance.
El rasgar violento del folio rompió la quietud que se fingía en la madrugada, ¡que patético resultaba el instante! Toda una vida emborronando con ideas prestadas el blanco del papel, vendiendo el talento que los demás le suponían a cambio de forjarse el nombre entre los nombres. Y ahora cuando por fin se creía con el derecho a construir su historia, la que las tripas le guardaron durante tanto tiempo, tan solo podía volcar como en un vómito estéril sobre el cuaderno exhausto, un mundo de seres absurdos, encerrados en farragosas batallas, tan irreales que nadie sería capaz de sumergirse en ellas con pasión.
El escritor regresó a por las vísceras del cigarro que dormía sobre la orilla oxidadamente muerta del cenicero. No recordaba ya si era “basuko” y tabaco o si se había sentido sibarita y lo había aderezado con marihuana. Pero con la razón arañada, aspiró con fruición y vencido se dejó caer sobre el escritorio.
La noche se abrió mientras los rayos blancos de la luna se ruborizaron y tiñéndose de carmín, se dieron la licencia de deslizarse por el tragaluz entreabierto.
El elfo por ser el de más edad entró delante. Con su mirada almendrada y la hermosura de sus ancestros trasparentándole la piel, insufló la fantasía extraviada en la pluma que revivió al instante. Mientras el kender con el contenido de la bolsita de hierbas que en un descuido le había escamoteado al hechicero de la túnica blanca, trocó por mandrágora y siempreviva la miseria que aún humeaba entre los dedos del escritor y la dejó allí para siempre. El guerrero y la princesa bárbara aliados en una batalla más, le frotaron con sueños de primavera los ojos, para ahuyentarle los fantasmas que habían tejido telarañas en sus parpados derrotados.
Hicieron una hoguera en mitad de la mesa, con los folios desterrados al olvido, hasta que las letras al calor de las pavesas comenzaron a saltar juguetonas otra vez entre las lenguas rojas y azules. Aún permanecieron un rato velando la desidia del escritor, justo hasta que su respiración empezó a acompasarse con la mañana que quería nacer. Fantasía y realidad luchando espada con espada. En verdad cada uno debía buscar su propia Dragonlance y seguir andando.
jueves, 12 de noviembre de 2009
EJERCICIO PARA LA PRÓXIMA REUNIÓN (25/XI)
Un vino, un beso y un folio Comercial Grupo Freixenet convoca el II Concurso literario de Beso de Rechenna “Relatos de vino y besos”, destinado a estimular la imaginación de quienes deseen participar con su relato, Freixenet vuelve a brindar la oportunidad de participar en el certamen de “Relatos de vino y besos”.domingo, 8 de noviembre de 2009
"EL RELOJ" por Nieves Jurado

Despacio,
miro cómo la luz del amanecer
se filtra
rápido
por entre mis sábanas.
Y pienso,
en todo lo que se ha ido,
y en todo lo que ha quedado.
Lo sé,
aún vivo.
Y aún seguiré oyendo
el compás del reloj.
Ese que yace
junto a mi cama,
por si en la noche,
mientras duermo,
mi corazón pierde
el incesante
ritmo del tiempo.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
La cama
martes, 3 de noviembre de 2009
Poesía ,complemento del trabajo, objeto cotidiano: VIAJE
lunes, 2 de noviembre de 2009
LA CAMA, OBJETO COTIDIANO
jueves, 29 de octubre de 2009
Proximo ejercicio: relato "Dragonlance"
Me estreno como coordinadora y os propongo para la reunión del 11 de noviembre, un relato que tenga algo que ver con el mundo de "Dragonlance". Podeís escoger algún personaje que os guste: caballero, kender, guerrero, bárbaro... o usar el mundo de Krynn como escenario con personajes vuestros. Mezcladlo como queráis, pero que de algún modo se relacione con las "Crónicas de la Dragonlance". Podéis hacerlo entre un folio o folio y medio, pero sobre todo espero que disfruteis entre fantasia, dragones y demás. En esta página encontrareis información: http://mundosdekrynn2.iespana.es/.
Os deseo a todos que Paladine, el gran dios del Bien, brille a vuestro lado. Un beso. Pepi.
miércoles, 28 de octubre de 2009
"EL GATO AZUL" por Nieves Jurado

jueves, 22 de octubre de 2009
EL ESCRIBA DE LA QUINTA PLANTA
Aquel día, si, fue aquel día… salimos de la biblioteca, los libros bajo el brazo y la risa pronta. Julia fumaba un cigarrillo y me lo pasaba de vez en cuando, andamos un trecho y ella se paró de golpe mirándome a los ojos. _Gonzalo_ dijo con cara emocionada, _ júrame que me querrás toda la vida, ¡vaya que tonta! Añadió_ ¿Soy yo la que habla del amor libre y sin papeles?_ Y continuó_ Parece mentira, debe ser que, tu amor me ha vuelto loca. Y ahora, mira… pero no me hagas caso, nosotros somos una pareja moderna y libre, vivimos juntos y nos queremos hoy, es lo importante, el mañana está por venir, no sé que me ha dado, para decirte eso, ¡perdóname cariño, soy tan boba!
La atraje hacía mí y la bese sin más.
_Ya sabes que si, que te querré mientras vivas, ¡lo juro! _ Le contesté._ Eso, es lo que diría un romántico empedernido, pero yo no, yo sé, que nos amaremos mientras dure el amor, la pasión o lo que sea. ¿Está mejor así no? ¡ Mi chica moderna! Somos gente actual, ¿futurista? No, tanto no, pero vivimos el presente. Hoy contigo, tal vez mañana, con tu amiga Luisa… _ una mueca burlona acompañó mi frase_ ella no me dejó terminar, un libro voló derecho a mí cabeza, lo esquivé como pude. Subimos entre bromas los fatigosos escalones de dos en dos, hasta el quinto piso. Allí teníamos nuestro nidito de amor, por más que suene cursi y empalagoso. Normalmente al llegar, cenábamos y comentábamos cosas del día a día. La mayoría de las veces, hacíamos el amor. Después, Julia se ponía a estudiar y yo a escribir, (tenía un libro de poesía a medio). Y aunque no llegaba ni a escritor de medio pelo, una modesta editorial me aseguró publicarlo. Como es normal, la emoción y la alegría me embargaron. Por aquel entonces, yo era el bibliotecario de la facultad de filología, licenciatura que había cursado, Julia la estaba haciendo. Allí nos conocimos, ya iba para dos años. Esa noche ni ella estudió ni yo escribí, nos dedicamos a amarnos. Despertamos abrazados, éramos felices ¿Qué más se le podía pedir a la vida?
Amaneció gris, Julia y yo, marchamos a la facultad. Nos vimos entre clases y como era normal quedamos para la salida. La esperé mucho tiempo, después la busqué por las aulas, pero nada, Julia no estaba, pensé que habría ido a comprar algo y volví a esperar. La noche me sorprendió en la calle, buscándola enloquecido. Era como si la tierra se la hubiera tragado, frase hecha, pero que sirve para describir la situación. Había desaparecido. Denuncié el caso a la policía, buscaron y buscamos, (los amigos y yo). Los sitios conocidos, los desconocidos. Increíble: Julia no estaba en ninguno, nadie la había visto, todo era un misterio. Lo cierto, es que mi vida y mis sueños, quedaron colgados ese día, en la percha de la nada. Dejé de escribir, de trabajar, caí en depresión. Alguna vez bajaba a mirar por el barrio, por si la veía, los vecinos me saludaban. “El escriba de la quinta planta” me llamaban y yo, me emocionaba al oírlo.
Encarna, me subía la compra. Todo lo debía, pero nadie protestaba, esperaban que la publicación de mi libro, ( mi vecina lo había comentado), diera para eso y para más. ¡Pobres! Las deudas se acumularon con los años, los poemas inconclusos, nunca llegaron a figurar en libro alguno. Soy un fraude. Intento escribir, no puedo y entonces lloro.
Un amigo pasó a saludarme y me aseguró que había visto a Julia en una revista, que estaba muy guapa, que la acompañaba un famoso banquero, ¡no lo creo, nunca lo creeré! Estoy seguro de que ella volverá.
Miro el cielo rojo del amanecer y sueño que tal vez aquella nube, me traiga a Julia.
No sé en realidad cuantos años tengo, ni porque me llaman el escriba de la quinta planta, si se me olvidó escribir… Vivo rodeado de facturas y poemas sin terminar, los sueños se fueron, pero he de decir en mi favor, o en mi contra, que una punta de esperanza, aún vive; iluminada por ese rojo sol del amanecer y, espero, que ella llegue y repique en la puerta como un torbellino, con los libros bajo el brazo llamándome…
_¡Gonzalo, Gonzalo, estoy aquí! _ ¡La oigo! _ ¡Abre la puerta amor, regresé! Tengo que contarte tantas cosas… _Es ella, me llama._ Ya lo sabía, sabía que volvería. ¡Voy Julia voy, no te vayas espera! Corro a abrir.
_ ¡Ya está bien, ya está bien! _ Una cara roja encima de un delantal con peto, me grita, medio en serio, medio en broma, _¡ no le subo más el pan! _ Es Encarna, mi vecina, con la bolsa de pan en una mano y la otra en la cintura. Le quito la bolsa y la despido decepcionado y rabioso. _Estoy loco_ me digo_ y cerrando la puerta, cojo papel y pluma, me siento frente a la terraza; el sol ya luce. Empiezo a escribir:
Me llamo Gonzalo, me conocen por el escriba de la quinta planta y…
lunes, 19 de octubre de 2009
La memoria del agua
LA MEMORIA DEL AGUA por Pepi.
La memoria del agua es eterna, blanca e incorrupta como el sentir del que aún no ha nacido. Es mansa y maleable. Se aseda para guardar en su tibieza los instantes que puedan servir de alimento y hasta se antoja arenosa y seca cuando el recuerdo es rasposo como lengua de gato.
Sumerjo mis dedos en la materna calidez del estanque donde tantos momentos atesoré. Los lotos que viven allí, se me acercan flotando serenos. Llevan ahí desde los días imborrables de mi niñez. Si los miro despacio puedo escuchar las voces de mis hermanos intentando rescatar el agua de los días de lluvia, el reflejo de las manos de mi madre apartándolos con mimo para gozarse con la hermosura del mosaico del fondo.
Me llega el aire verde de los tilos, arrullándome la piel, refrescando mi mente derrotada que busca refugio.
Y es que la voz de la bata blanca, tras horadarme el cuerpo y el aliento con pruebas, preguntas y temores me ha confirmado lo que el revés de mi mirada presentía. La enfermedad del olvido se ha encaprichado de mi: las palabras que no acertaban a cruzarme los labios; el objeto que volaba más allá de mi razón enojada de tanto buscar; el rostro que extraviaba su nombre encajándolo en la frontera de mi voz. No se debían a los días difíciles de ayer o anteayer, ni siquiera a la edad que aún no había recorrido.
Era eso, lo que no quise nombrar. El mal, ladrón de recuerdos ha entrado en mi casa, hambriento deseoso de roer mi pasado primero y el ahora mañana cuando ni cartas, ni runas puedan adivinar un futuro que ya no será.
Primero he llorado por lo que iba a perder. Después por lo que sería arrebatado a los que me aman y hoy tan solo unas lagrimas más por la cobardía, hermana en el exilio de mi enfermedad.
Y de pronto me niego. No lo permitiré. Sé que mi mente y mi espíritu se vaciarán. Pero mientras un deje de lo que fui, de lo que soy me acompañe, velaré para que no pierda ni un ápice de su color.
Por eso he regresado al estanque de la casa donde me crié y en su agua preñada de instantes amados, iré sembrando los goces de amor que sentí; el llanto del hijo cuando se escurrió de mi cuerpo exhausto; el aroma de las paredes donde lloré y fui feliz.
Traigo el equipaje dispuesto para que duerma en la memoria del agua.
Y en el legado de vida que escribiré para los míos, dejaré dicho que cuando mis ojos se balanceen entre la duda y el vacío, me acerquen a esta laguna, donde las figuras cinceladas del fondo me harán compañía recordando por mí.
jueves, 15 de octubre de 2009
POEMA COMÚN SOBRE UN OBJETO COTIDIANO
El ejercicio que propongo para la próxima reunión del 28 de octubre consiste en realizar un poema, no necesariamente rimado ni necesriamente jocoso, sobre un objeto de uso cotidiano, común y corriente en la mayoría de las casas.
Podéis inspiraos contemplando vuestro rostro reflejado en una cuchara, analizando la sabia paciencia que destila una silla, la elegante presencia de un paraguas en su paragüero,o el simple y perfecto diseño de unas tijeras o una taza de water.
Suerte y a ello.
Julio Lorenzo
Una imagen, mil palabras
La propuesta se llama: "Una imagen, mil palabras" y la ilustración es la siguiente:

Aunque hubo poco tiempo para escribir, surgieron cosas interesantes. Yo hice un poema, pero no cuenta en el ejercicio, porque no se escribió en ese momento.
Incluso hubo quien le dió un giro al papel y vió el dibujo de esta manera, cambiando totalmente el sentido:
Abro esta entrada para que mis compañeros vayan dejando sus propuestas.
Un abrazo para todos. Toñi
A Teresa le inspiró un pequeño cuento:
Aquel día hizo tanto viento, tanto, tanto viento, que la línea del horizonte se desprendió de la tierra, como si se tratase del hilo de una cometa.
Juan, a quien siempre le gustaba caminar un poco más allá, se vio de pronto zarandeado de una extraña manera y para guardar el equilibrio no le quedó más remedio que agarrarse a la vasta soga con sus pequeñas manos. Desde allí, elevado en el aire, contempló maravillado como se alejaba con el horizonte más y más lejos de la tierra, que quedaba abajo, igual que un tapiz hecho de retales de múltiples colores.
No sintió miedo, aunque tuvo curiosidad por saber el lugar que escogería el Sol para dormir esa noche.
A Nieves le inspiró el siguiente cuento
El día que llegué a la Luna, no fue como esperaba. Siempre había pensado que en nuestro blanquecino satélite iba a ver un montón de rocas de varios tamaños, cráteres y mucha arena del color de las perlas, pero nada más. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando vi a unas extrañas plantas alargadas y tiesas que brotaban como espárragos de la tierra. Me acerqué a una de ellas. Era de color negro oscuro y tenía olor a plátano. La agarré con las dos manos y tiré para intentar arrancarla. La planta se resistía y yo tiré y tiré con todas mis fuerzas, lo hice tantas veces y tan fuerte, que de pronto la Luna se movió girando hacia abajo. Quedé colgado sujeto al palo. Desde entonces, mis pies flotan en el espacio. Espero que muy pronto venga alguien y estire de una de las plantas del otro lado de la Luna, si no están ocultas, hasta que esta gire otra vez, pero en sentido contrario, y así, lograr posarme de nuevo en el rocoso suelo lunar.
jueves, 1 de octubre de 2009
Ejercicio para la próxima reunión (14 de Octubre)

miércoles, 30 de septiembre de 2009
COMIENZA DE NUEVO EL CURSO

Tras el descanso vacacional retomamos nuestras reuniones con el horario y dinámica habitual. Eso significa que a partir de ahora nuestro blog volverá a estar más animado y nosotros menos ociosos.
Aprovechamos la ocasión para saludar y agradecer todas las visitas que recibimos. Nos causa profunda alegría ver que nuestras letras llegan a sitios tan dispares y lejanos, aunque nos gustaría mucho que también os animáseis a dejar vuestros comentarios.
Empezamos la temporada con ganas, ilusión, y el proyecto de nuestro
segundo libro.
Saludos cordiales.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Alicia en la Feria
domingo, 23 de agosto de 2009
EL HIJO DE LA ESPERANZA
ابن الامل EL HIJO DE LA ESPERANZA
Si un musulmán grita ¿Cuándo llegará la victoria de Allah? Allah responde: "En verdad la victoria de Allah está próxima" (Sura Al-Baqara 2:214)
Siempre creí que las arrugas que cincelaban el rostro enjuto de mi abuelo vivían allí porque su piel cetrina tenía sed. Por eso cuando le vi llorar por vez primera, sentí que quizás con aquella humedad salada se le suavizaría el gesto, mis escasos seis años aún no daban para más.
Él no rompió en injurias en instante alguno, ni gritó o maldijo ante el escarnio como mi padre o mis tíos. Ni siquiera cuando a empellones era arrojado del hogar familiar y uno de los militares le arrebató con saña, desterrándolo al olvido el Libro Sagrado, que intentaba salvar del desastre escondido bajo la ropa. Permaneció inmóvil, paralizado el aliento y el mañana, viendo como se arrastraba el gran monstruo de metal, empujando sus fauces en forma de pala contra las paredes de la casa que llorosas se volvieron polvo y piedras, jaleadas por los aullidos exultantes de los soldados hasta no ser sino un amasijo de escombros dolientes. Tan solo entonces murmuró algo detrás de unos ojos que yo no conocía y es que se le había derrotado el alma bajo los dientes del bulldozer, quebrándole la vida y al pronto se olvidó de luchar. Yo me bebía con la mirada el ansia de mi abuelo e intuía el sentir que le recomía el silencio desgajado tras los gritos de plañideras de las mujeres que se arañaban el rostro y los puños en alto de ellos que resonaban baldíos. Hoy, treinta años después aún lamento que no supieran cuajarse las palabras en mi boca desbordada, para gritarle la autentica verdad, que podrían robarle la tierra, pero no las raíces, matar las piedras de la casa, pero no el hogar. Porque el hogar está donde viven los ojos del ser amado, en el seno donde recuestas la memoria hasta alcanzar la paz. Tal vez hubiera conseguido así doblegar su angustia, sosegar aquel sentimiento de impotencia y abandono que le chorreaba por el envés de la piel, pero no estaba la replica en mis palabras. Un eco ardiente me cuarteó primero la mente. Después bajó al estomago y se hundió hasta rozar el espíritu que sorbió de los días recios de nuestros ancestros hasta mojar mi cuerpo a medio hacer. Me escurrí al pronto de entre el ahogo polvoriento y las voces desazonadas de los míos, que inmersos en la tragedia no pudieron sino contemplar incrédulos, como Karim, el chiquillo sereno ascendía ahora en loca escalada, trastabillando sudoroso, sesgando manos y piernas entre palos, cantos y arena hasta coronar el montículo de rocas y sueños rotos, que hasta ayer les había dado cobijo. Cuando logré mi propósito tenía la voz erizada por aquello que se me había agarrado en las tripas. El aire intentaba colarse a borbotones para devolverme la respiración. Una ráfaga fresca me dio de beber, trayéndome a los ojos los instantes en que el abuelo en voz baja y al abrigo de la casa, con todos los niños sentados en esteras en torno suyo, nos recitaba suras del Corán que dormía entre sus manos nervudas Nacían de sus labios profecías que desgranaba ante nuestros rostros fascinados que succionaban su voz amada, teñida entonces de azúcar en rivalidad eterna con lo huraño de sus ademanes. La escuela había muerto hacía tiempo bajo los tanques. También la mezquita, por lo que él como un antiguo alfaquí nos derramaba las costumbres, las leyes, la cultura dorada de nuestro pueblo. No fuera a perderse en el olvido lo que por designio divino nos correspondía. Recuerdo que sacudí la mente y busqué su figura cansada al pie de los desperdicios del derribo. Aún hoy no alcanzo a comprender lo que ocurrió, prefiero dejarlo al aire de la voluntad de El Misericordioso. Pero creo que allí se inició el ahora, el nuestro, el de los que permanecíamos y el de los que morían en le destierro. Comencé a cantar, sí a cantar, sones desconocidos, de pronto y con toda la fuerza que me acompañaba, desde lo alto de la montaña herida, increpando con mi loca melodía al tanque que desaparecía enardecido tras su cobarde victoria, alimentando a mi familia y a los que hasta allí se acercaban con aquel son que golpeaba en la distancia el metálico esqueleto hasta que comprendieran que acaso mi entusiasmo de niño arañase con más fuerza que sus lloros y pesares a los que pretendían nuestra huida, mientras mis pies descalzos, rotos y sonrojados de sangre se fundían en mi tierra y comían de ella. La voz de mi abuelo resucitó inundando de vida el momento, comenzó a trepar sin que sus viejos miembros roídos por los años dieran crédito hasta alcanzarme, tras orar unos segundos para reponerse con la vista perdida en la quibla, me rodeó con unos brazos que sentí nuevos y comenzó a hablar hacía las caras que nos observaban desde el suelo.
-Desde hoy te digo- me miró con ansia-que tu nombre ya no será Karim, sino que serás llamado ابن الامل "el hijo de la esperanza" y que algún día todos los hombres de fe recordaran tu canto-no sé si entendí lo que pasó ayer, pero el árabe hundido regresó de la oscuridad y como adalid exortó a los suyos en la esperanza.
-Por la sangre palestina derramada os requiero a unir nuestras voces. Las nuestras, no las de aquellos que pretenden usurparlas, hasta que resuenen fuertes y firmes como el cantar de este niño…-Y continuó hasta que el aire de su mensaje resonó más allá de las fronteras impuestas, hasta rozar la soledad de los árabes de Bosnia, Chechenia, Afganistán. Puedo creer que los propios moriscos que poblaron Al-Andalus vieron su espíritu reconfortado y como si las palabras no bastasen, comenzó a recoger piedras fecundándolas de vida para que apuntalasen el nuevo día, olvidando que alguna vez fueron horadadas por la huella de barro.
Y buscamos el seno amoroso de la cueva como antaño, hasta que nuestra casa se pariera otra vez, agradeciendo su fresco cobijo en lugar de rumiar la desgracia. A su amparo primero y más tarde tras el quicio nuevo del hogar, memoricé cada día la palabra viva que el abuelo guardaba en su recuerdo, los preceptos del Corán, destruido el papel pero no la esencia, los dichos del Profeta de la Suna…que crecieron orgullosos dentro de mí calmando el hambre o el miedo. Y hoy cuando los pesares solo son hojas de la Historia y la paz es al fin costumbre para la nueva Palestina continuó cantando como predijo el abuelo. Arrastró los días pasados a la memoria viva, anclando la lucha de las piedras en el gozo presente para que no se pierda el afán de los que quedaron atrás y una y otra vez. Revivo con la promesa que el abuelo al marchar a la otra orilla, nos dejó a los que quisimos oírle:
-Llegará el día en que los hombres rebosen tierra y trabajo y las mujeres troquen los grilletes del espíritu por ajorcas de plata para sus tobillos y los niños, los niños…
A los niños el viejo musulmán les prometió la libertad.
jueves, 13 de agosto de 2009
SOL MESTIZO
Los próximos 21 y 22 de Agosto se celebra en el recinto ferial el festival Sol Mestizo, organizado por el grupo local de Amnistía Internacional. domingo, 9 de agosto de 2009
Gracia Aguilar: "El abrazo", última publicación de La Voz
El anciano, sentado en el banco que queda justo frente a los columpios, la observa mientras los recuerdos se le agolpan en la memoria. Intenta imaginarse los apenas cinco años de la vida de esa niña. Puede hacerse a la idea del hambre que él mismo conoció cuando más o menos a su edad convivió con ella en una postguerra cruel. Puede recrear la confusión infantil ante un miedo implacable reflejado en la cara de los adultos. Puede comprender el temor ante lo desconocido, ante la inseguridad que provoca un futuro incierto. Pero la diferencia entre ellos dos está en que él siempre contó con el cariño de sus padres. Su gran fortuna fue que la guerra no se los arrebatara.
Recuerda el día en que su hija le comentó lo de la adopción. Le surgieron dudas. Tiene otros nietos, por los que siente un amor que le cuesta definir, pero sin duda inmenso. ¿Sería igual con aquella niña?, se preguntó entonces. El primer día supo la respuesta al reconocerse en su mirada inquieta, recelosa, pero esperanzada.
La nota a su lado. La niña ha abandonado el columpio y ahora hurga curiosa en la preocupación de sus ojos. De repente, sonríe y se agarra a su cuello. Se funden así en un gesto poderoso: el abuelo rodeado por unos brazos largos y flacos, la niña apretada contra un corazón viejo pero afanado por vivir.