miércoles, 24 de junio de 2009

EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR.


_¡Emperador, emperador! ¿es que no me oyes? _ el hombre que así gritaba, llevaba un saco en una mano con alguna comida y en la otra una botella de vino._ ¿Ya no conoces a tus súbditos tampoco? Eres de un raro…
El llamado pomposamente emperador, levantó la cabeza y lo miró con sus ojos orientales, pequeños y vivos. Había serenidad en ellos, toda su persona irradiaba serenidad. Tenía el pelo largo y blanco y una barba enmarañada, también cana. Daba de comer a unos gatos los restos que había cogido de la trastienda de un supermercado. Un perro dormitaba a su lado. Podría ser muy viejo, por el color de su pelo, o no tanto por el brillo de sus ojos; en cualquier caso, no creo que importara su edad. Vestía unas bermudas casi naranjas y una camisa ancha que antes pudo ser verde, sus zapatillas renegridas espantaban a patadas a las ratas que se paseaban, como Pedro por su casa en el desguace. Él, también cogió del suelo una bolsa de color indefinido y contó la chatarra que había en su interior. Luego se puso en pie, no era muy alto, su delgadez extrema hacía que las bermudas se hincharan de aíre. Más de una vez éste se lo llevó calle arriba.
_, Vamos Juan _ ordenó más que dijo_ nos queda mucha chatarra que buscar, quisiera poder comprarme un traje nuevo, soy el emperador…
Juan asintió con la cabeza y marcharon calle abajo; por ella subía Fernando que se unió a ellos preguntando amablemente: ¿Qué tal descansó hoy mi señor?
_Bien, bien, mi fiel consejero, el ministro y yo, caminamos hacía el extrarradio, ¿vienes?
_Por supuesto mi señor. Y los tres con sus bolsas al hombro siguieron el camino.
En la esquina una pareja de policías que cosían no se qué, sentados en el coche, les detuvo.
_.¿Dónde van ustedes? _preguntaron cortando el hilo con los dientes._ ¡Haber documentación…!
_ Siempre con lo mismo… _ Había paciencia en su voz_ ya os he dicho mil veces, que soy Miltriates, emperador de los Partos y estos hombres son respectivamente, mi primer ministro, y mi consejero.
_¡ Os aseguro que es cierto! ¡Que me azoten mil veces si miente! _ Afirmó el ministro con pasión., _ ¡es Miltriates, el bravo, el fuerte, el emperador capaz de poner en jaque a Roma! Pero ¡ay! Las traiciones lo trajeron aquí… ¿No veis su porte? _ Juan hablaba con seriedad, mientras se rascaba la cabeza.
¡Los mismos locos de siempre y sin documentación, ¡hala! Otra vez a chirona! se ve que os gusta ¿eh?_ Dijo uno de los polis.
_ Señor sastre, digo… señor comisario, Miltriates os dará las mejores telas de su reino, podréis coser maravillas, si sois buenos con nosotros. _ El primer ministro Juntaba las manos en forma de súplica, haciéndoles una reverencia. Ellos clavando las agujas en el hilo les empujaron al furgón.
_ ¡Miltriates, Miltriates! ¡Sabrá que dice el mendigo! estoy seguro_ refunfuño el otro poli _ que lo que quieren es no dormir en la calle una vez más.
_¡Lo que yo te diga,_contestó el primero,_ si va a ser que no están tan locos…
Ya en la celda después de tomar una especie de sopa, Juan miró al emperador y le pidió mientras agarraba por fin, un piojo y lo aplastaba con un chasquido entre los dedos:
_Cuéntame otra vez cosas de nuestro reino, señor _ y sonriendo como un niño. _falto tanto tiempo de allí…El emperador, también sonrió y cruzando las piernas sucias, que parecían dos sarmientos nudosos, empezó a hablar. Mientras, se oían los gritos y llantos de otros calabozos.
A medida que hablaba, sus ojos que eran como dos rayitas de luz, se empequeñecían aún más y su voz, sonaba dulce entre los gruesos muros. Los guardias seguían la historia fingiendo indiferencia, mientras cortaban una pieza de tela..

_ De donde nosotros venimos, aunque se te haya olvidado, mi fiel ministro, también hay negras mazmorras, _empezó diciendo_ yo fui prisionero en ellas. Si, yo, el emperador más famoso de Oriente, mis dominios no tenían fin, nuestro país era rico y poderoso, abundaban allí los prados verdes y las flores. Las frutas dulces como miel; los pájaros más exóticos que cantaban sin cesar. Todas las mañanas solía bañarme desnudo en el lago, cerca de palacio, cosa que aprovecharon mis malvados primos… Un día, ansiosos de poder, cuando yo disfrutaba de las delicias del agua, me robaron mi traje nuevo y ahí empezó mi calvario… Juraron al pueblo que había muerto ahogado, por supuesto a mí me encerraron y torturaron en el calabozo de un castillo lejano; era negro y maloliente como este. La gente me lloró mucho y se hicieron grandes funerales en mi honor. Pero ellos reinaron. Yo pude huir, con la ayuda de unos fieles criados; vague por el país y al final conseguí hacerme a la mar de polizón en un barco mercante; y heme aquí: nuevamente prisionero, día si y el otro también.
_¡Venga Juan pásame la botella! _ Gritó el consejero, también llamado Fernando, _me emociono tanto…
_ ¡Inclinaos ante el emperador bribones¡ _les gritaba a los guardias el primer ministro_ ¡Que vais a saber vosotros de reyes ni de nada! _ Ellos reían mientras cosían y cantaban:
_¡”Salve al emperador Miltriates, que parece un botarate, que tal vez le cosa un traje.. Salve… Ja,ja,ja,ja…!”
_Menos mal que tenemos a menudo locos graciosos _exclamaban. ¡ pero venga, vamos a soltarlos no se acostumbren! ¿Ya habéis comido mi señor? _ se burlaban_ y ahora, ¡a la puta calle; y no bebáis más viejos chochos!
Los tres hombres llegaron tambaleantes al viejo desguace, con las bermudas sucisimas y las zapatillas más renegridas todavía. Se sorprendieron al ver un gran resplandor y pensaron que estaba ardiendo. Acercándose con miedo, pudieron ver ¡ah ilusión! Una gran fiesta. Dos pajes ricamente vestidos les abrieron la puerta, el tal desguace se había convertido en un bello salón, hasta las ratas bailaban felices, viendo tanta comida. Servidores con túnicas orientales, llevaban las bandejas de un lado a otro, miles de comensales con hermosos trajes, les esperaban sentados en una mesa larga adornada con flores y pájaros exóticos, los más ricos manjares y las más bellas damas, vestidas de Ágata Ruiz de la Prada sonreían.
Al momento, Los dos polis costureros o sastres que habían terminado la guardia, llegaron gritando:
_¡Sorpresa!_ Mientras tiraban de las bermudas de Miltriates y le ponían un hermoso traje azul marino de mil rayas. Éste, ya bien vestido, paseo la mirada majestuosamente por los comensales. Todos gritaron a una: ¡VIVA EL EMPERADOR Y SU TRAJE NUEVO; y él, feliz como nunca, con lágrimas en los ojos susurró: _pásame la botella Juan…
_¡Despierta abuelo! Mi padre dice que ayer la cogiste buena.
El hombre se incorporo como pudo restregándose sus pequeños ojos, miró alrededor, los gatos ronroneaban a su lado, Juan y Fernando, con la mochila al hombro y la botella en la mano le esperaban pacientemente.
_¡Vaya todo fue un sueño! _Se dijo malhumorado y salió a trancas y barrancas tras ellos.
Anduvieron un poco y al dar la vuelta a la esquina, vieron en medio de la calle cruzado, el coche de la policía, los guardias les dieron el alto. Y ante sus incrédulos ojos, sacaron un traje gris de rayas negras y se lo hicieron poner, amenazándole con un revolver de calibre treinta y cinco. Los dos compañeros miraban la escena petrificados, agarrándose a la botella.
_¡Salve Miltriatres!_ Se burlaron_ ¡al fin te atrapamos ! un emperador necesita un traje nuevo y éste terminamos de coserlo para ti, lo llevaras algunos años…¡Sube al coche!
El niño llegaba gritando: _¡ malditos polis locos! ¡Dejad al abuelo tranquilo!

3 comentarios :

la_sombra dijo...

hola la verdad que tu blog esta muy bueno
ya he pasado por aqui y seguire pasando un gran saludo desde israel medio oriente
http://elbohemiodelanoche.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Me alegro de que te guste el blog. Pasa cuando quieras y gracias. Alicia.

Anónimo dijo...

Un relato muy bonito y con mucha imaginación.