lunes, 18 de mayo de 2009

"ISUR" Nieves Jurado

Si algo hace a Isur diferente de otras ciudades es que en lugar de aire tiene una niebla viscosa y extraña, de color azulado, que cubre plenamente las calles. Además, está poblada por toda clase de seres, incluso cualquier objeto puede llegar a tener vida propia. En los edificios de la zona norte, por ejemplo, las habitaciones están llenas de estrellas que pugnan, a veces incluso de manera violenta, por ser las primeras en salir, sobre los peldaños se posan las hadas que trabajan de prostitutas de noche, ya que de día son capturadas para servir de esclavas; encima de los tejados hay cientos de libros en blanco mostrando sus hojas afiladas, que aguardan intranquilos, como lobos hambrientos, la llegada entre la niebla de alguna historia perdida con que llenar sus páginas. Si los ciudadanos pueden andar por la ciudad sin sufrir las alteraciones propias de esta dimensión, no lo sabemos. Pero estamos seguros que antes de la puesta del sol, es cuando las calles cambian de sentido y se mezclan entre ellas, girando unas con otras como un enorme cubo de Rubik, por lo que a los habitantes les conviene permanecer quietos y tendidos para no alterar lo más mínimo la física propia de Isur.
Hay quien dice que la realidad de los que viven en esta ciudad es inexistente, pura fantasía, y no queda sino creerlo. Los lugares están separados por muros muy estrechos, apenas del grosor de un dedo, formados por una materia similar al mercurio y que a su vez sirven de nexo de unión o desunión, según se mire, entre las distintas zonas de la ciudad. Estas zonas son muy extensas, incluso ellas mismas forman pueblos independientes de varios kilómetros de longitud. Si alguien traspasa alguno de estos muros, su esencia cambiará para siempre apareciendo en la otra parte como un ser distinto al que era. Por ello, es muy raro que un ciudadano perteneciente a la especie humana, considerada por ellos mismos como la más respetable y noble, se atreva a cambiar de residencia, el miedo a lo desconocido y a la posibilidad de transformarse, según sus palabras, en un ser inferior puede más que la curiosidad.
De noche, fijando el oído al suelo, se puede oír cómo Isur se desliza incansable por el espacio emitiendo un suave ronroneo que relaja a quien lo escucha; y es precisamente así, con el oído de nuestro protagonista pegado al suelo, cómo comienza esta historia…

8 comentarios :

Pepi dijo...

Me encanta el color azul de las calles, si no fuera por el destino de las hadas, me daría una vuelta por allí. Un beso. Pepi.

Anónimo dijo...

¡Qué imaginación Nieves!, no hay duda de que lo tuyo son las fantasías. Es muy rico el relato. Me recuerda a Michael Ende, esos embientes fantásticos y, en parte, inquietantes.
Muy logrado.
Diana

Toñi dijo...

Muy imaginativa.

Tu Isur es extraña pero fascinante. Lo único es que me dan pena las hadas, prostitutas o esclavas, vaya con los "isureros" . Allí no llevaría yo a mi Campanilla.

Un beso.

Edurne dijo...

Bueno, Toñi, yo tampoco llevaría a mi Jana, entre otras cosas porque es hija mía, y a Campanilla tampoco, aunque es un hada muy sexy, no sé yo. Pero creo que en la variedad está el gusto. Todo vale en la literatura y todo cabe en la imaginación, herramienta clave del escritor. No siempre hay que someterse a lo establecido, demos un giro a las cosas ¿verdad?
Gracias por leerrrrrrrrrrrrrrrrrrr.
Besos.
Nieves

Anónimo dijo...

Pues a mí eso de las hadas prostitutas me parece una buena idea. Pienso que habría cola. Vamos, que no les iban a faltar varitas a las hadas.

Jose Arístides

Anónimo dijo...

Me gusta, es imaginativo, creas un extraño ambiente que atrae. Un beso Alicia.

Anónimo dijo...

A mí me gusta la idea de los libros esperando en los tejados a la caza de historias y que en realidad todo esto (que es mucho) sólo sea un comienzo y lo dejes abierto a ...

Gracia

Teresa dijo...

Me ha parecido buenísimo Nieves. Está lleno de la fantasía que tenemos los escritores en la cabeza (en los mejores momentos, claro).

Me ha encantado la variedad de ciudades que hemos sido capaces de imaginar, cada uno a su manera.

Un ejercicio muy chulo, si señor.