domingo, 31 de mayo de 2009

El rey "R" por Pepi

En esta ocasión, ha salido un cuento infantil bastante particular. Siguiendo los dictados de Mercedes, el protagonista es el papel higienico. Espero que si algún pequeño pasa por aquí me diga que le parece. Sed benevolos es mi debut con el mundo de los niños. Pepi.


Hacía muchos días que en el reino del papel, el sol, se negaba a lucir en todo su esplendor. Se sentía disgustado, herido, por lo que allá abajo pasaba. Hasta había llegado a pensar en quedarse un ratito más a la hora del crepúsculo, para hablar con las nubes más oscuras, incluso pedir audiencia para ver a la luna, que le habían contado era bastante comprensiva (sobre todo cuando tenía la cara llena) y llegar a algún acuerdo que consiguiera resolver el litigio que estaba convirtiendo a los dominios de las hojas y los folios, en un lugar donde el respeto y la cortesía habían emigrado en busca de los batidos de carcajadas, las canciones con sonido a regaliz o las carantoñas azules que siempre vivieron por allí y que ahora como nadie las usaba, se habían marchado por temor a secarse de aburrimiento.
La verdad es que desde las últimas elecciones en que el papel de regalo con figuras de Peter pan había resultado con mayoría de votos, el país se había dado la vuelta del revés. El rey R (de regalo) como se hacía llamar, había resultado un tirano engreído que se pasaba el día acicalándose con lazos y moñas tan brillantes que podían herir los ojos de los obsequios de los que debería haberse ocupado, pero lo peor eran los celos y la envidia que lo traspasaban hasta alcanzar su renegrido corazón de pasta, herencia según él del más hermoso eucalipto de ese mundo y de los que llenaran los alrededores. Una de sus peores costumbres era humillar a los papeles que él consideraba de menos categoría, especialmente al papel higiénico, del que solía contar era el último eslabón de todos los rollos que podían encontrarse en su reino.
Los pequeños rulos de papel higiénico, lloraban lágrimas secas para no deshacerse y que los dibujos con que algunos se adornaban no perdieran el color. Se sentían diferentes, discriminados entre tantos compañeros desleales, porque ninguno se atrevía a alzar la voz en su defensa, ni siquiera el papel couché que luego hablaría por los codos convertido en revista.
El rey R solía rodearse de los que él consideraba mejores partidos, el papel moneda destinado a los billetes de 50 euros, el finísimo papel cebolla o el vegetal transparente y hermoso, sin saber que no era más que temor lo que inspiraba a su corte callada
-¿Cómo nos reiremos hoy, del papel del w.c.?–preguntaba cada mañana a sus súbditos reunidos a los pies de su trono de cartón- Podemos pintarles culitos de color naranja o encerrarlos en la torre con el ruido de la cisterna, para que no olviden su final que no huele precisamente a flores
Y él solo se reía de sus ocurrencias y de cómo los poros del papel higiénico cada vez se hacían más chicos de tanto desprecio como se les amontonaba en su doble capa
Tanta era la injusticia, que su clamor alcanzó las instalaciones de la Planta papelera donde habían nacido la mayoría de los habitantes del reino y un rollo de papel higiénico recién reciclado, alimentado con el coraje de la juventud, se propuso devolver al país su alegría de antaño y a sus hermanos la dignidad que el papel de regalo les había arrebatado.
Y he aquí, que una mañana, recién descargados los distintos tipos de papel en la plaza del reino, acomodados todos ellos entre sus apenas estrenados paisanos (mudos y amedrentados como siempre) se dispusieron a escuchar la cháchara diaria del rey R, muy ufano con la moña dorada con que se había peinado.
-Súbditos todos-gritó R con voz engolada-. Hoy me siento generoso, por tanto admitiré insultos, ironías e injurias para los únicos que no merecen vivir junto a nosotros, los rollos de papel higiénico.
-¿Y tú quién eres para hablar así? –se escuchó entre la multitud que como por resorte se doblaron, haciendo un pasillo ante las palabras de aquel rollo de w.c. que nadie conocía- acaso un pergamino o un papiro, o es que te fabricaron los chinos con seda de emperador-resonaron burlonas sus palabras
-¿Cómo te atreves..? –balbuceó el rey estupefacto.
-Tú sólo eres un papel de regalo, uno más. En cambio mis compañeros a los que discriminas, y yo somos papel higiénico reciclado. Estamos hechos con restos de otras vidas paperiles. Conservamos en nuestras hojas toda su historia. Salvamos bosques enteros y miles de litros de agua. ¿Y tú qué haces? Sólo adornas y dices mentiras…
El papel de regalo se arrugaba por momentos, mientras que sus súbditos aclamaban al héroe que se atrevía a sublevarse. Las razones que gritaba consiguieron que el papel burbuja aplaudiese explotando sus pompas, el de cebolla llorase emocionado y hasta al papel de acetato le relucieran más las transparencias y sobre todo, sobre todo hicieron posible que el rey R, avergonzado se convirtiera en una bola estrujada, con la moña torcida, que huyó rodando del país del papel, donde desde entonces mandan por turno los distintos tipos que allí viven, dejándose aconsejar siempre por la especial sabiduría de los rollos de papel higiénico.

7 comentarios :

Anónimo dijo...

Buena reivindicación y muy bonito.
Los papeles y los niños te lo agradeceran. Un beso. Alicia

Anónimo dijo...

Hola guapa, eres una genio ,es precioso ojala que todos los que se creen superiores recibieran su merecido igual que el El rey R.
Un abrazo enorme .

Anónimo dijo...

Pepi, creo que deberías haber incluído la típica frase de "toda coincidencia con la realidad..." porque tu relato es como la vida misma, tantos reyezuelos engreídos oprimiento en tantos lugares. Me gusta el final feliz, como debe ser, aunque sea de ficción, nos reconforta.
Diana

Anónimo dijo...

Pues nada Pepi, que para ser tu debut te ha salido un cuento bastante original. Mi hijo se ha sorprendido de la cantidad de tipos de papeles que hay y le ha hecho gracia que los higiénicos fueran los más listos.

Gracia

Toñi dijo...

Un cuento muy chulo, Pepi.

Me ha hecho gracia lo de las moñas, y es que el papel de regalo a veces lo vestimos tan cursi, que no sé por qué se lo creía tanto, el tal papel.

Es un cuento distinto con moraleja y me ha gustado mucho.

Un beso.

Anónimo dijo...

Muy meritorio hacer un buen cuento infantil con un tema tan poco inspirador.

Jose Arístides

Luhh! dijo...

Hermoso el cuento, nose si todavia entro en categoria niña pero me encanto =)
Mucha Suerte!