miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL SEGURO. Trinidad Alicia García Valero

L EL SEGURO

Volvía a casa, había comido algo con los compañeros, seguramente me sentó mal, pues tenía el estómago revuelto y ganas de vomitar. Aceleré el paso, en estas condiciones sería mejor llegar pronto. Las calles en mi barrio no están muy iluminadas y cuando son más de las nueve en invierno, no es seguro andar por ellas. Como siempre, pasaba por debajo del letrero de la funeraria, donde se leía: “Funeraria la Dolorosa,” siempre que paso por allí, pienso en que no tengo seguro de muertos, que puedo morir en cualquier momento y, ni un rincón donde echar mis huesos. ¡Me entra una angustia! Y me acuerdo de mis muchos males. También recuerdo lo que me contaba mi abuela, cuando iba al pueblo en las vacaciones de Navidad. Me hablaba mucho del cementerio, (tal vez me siento influenciada por esa razón). Al lado de la chimenea chisporroteando los leños, la leyenda tomaba forma en su boca: Muchos años antes de ella nacer, a los vecinos del pueblo, el señor Conde, dueño de todas las tierras de la comarca, les regaló una bolsita con pepitas de oro, la condición era que con ese oro se construyeran una tumba en el pueblo. Dijeron que sí y marcharon a la ciudad sin hacerlo. Querían disfrutar de la riqueza. Pero allí no era lo mismo, peleas, robos, crímenes… Todos añoraban la tranquilidad del pueblo, su tierra roja, sus encinas, el dorado amanecer. Se entristecían cada vez más, pero algo misterioso les impedía volver… Murieron uno a uno, en sus lujosas mansiones, muy, muy, ricos… No cumplieron la promesa y nunca fueron enterrados. Cuenta la leyenda, que al toque de las campanas, vagan aullando por las calles del pueblo, en busca del cementerio. Y que el señor Conde, terrible brujo que murió extrañamente y nunca fue sepultado; jugaba con las almas, convirtiéndolas en espíritus errantes.
No tengo seguro. El dolor de estómago se me ha ido. Tras de mí, tintinean las luces de la funeraria. Un farol se ha apagado. Todas las sombras me siguen, aprieto el paso. ¡Por fin en casa! Subo corriendo la escalera mientras me digo:_¡mañana mismo me hago el seguro de los muertos!