jueves, 19 de junio de 2008

TRINIDAD ALICIA GARCÍA VALERO.

EL SUEÑO DEL CAMINANTE
Andaba por las calles, los pies descalzos pegados al pavimento, el abrigo pardo y viejo y la mochila a la espalda, llena de recuerdos. Amenazaba tormenta y buscaba un lugar para guarecerme. Era muy tarde, vi un portal abierto y entré, me senté en un rincón y allí, arrebujado, me quedé adormecido. De alguna casa llegaba una bella melodía; no hacía mucho que en mis incursiones al Corte Inglés, buscando cobijo y entretenimiento y, sobre todo música (porque he de decir que yo soy, fui, y tal vez siga siendo un buen músico), la había oído: “O Paraíso” se llamaba, y a mí me transportaba al misterioso y espléndido país de la música, mi país.
Me sumerjo ahora en ella. Siento como acaricia la brisa mi frente entre sus notas. Me adentro por el murmullo suave de las frondas y entre ellas, aparece un bello animal, mitad ave, mitad équido, lanzando al aíre sus alas e invitándome a subir en ellas. Me acomodo feliz y empieza a elevarse… Abajo los tejados, las luces prepotentes, las miserias…
Entreveo los sueños montados en nubes vaporosas. Alcanzo a las gaviotas, el mar encrespado alza sus olas al cielo. Quiere cogerme, pero yo sé muy bien que nunca podrá. Aunque confundidos en la raya del horizonte, ¡están tan lejanos como yo del mundo en éste momento! Un día tal vez, caminaron por sendas paralelas, puede que, en algún cruce del sendero, cambiaran un tímido “hasta luego “y, cada cual su camino…
Mi lugar está allá, ¿sabes? en aquella estrella. Y subo y subo buscándola, me saludan luceros locos y aves transparentes. Mi alma es ahora la cumbre, mi cuerpo es ligero, alzo las manos al cielo, danzan mis pies que quieren ser majestuosos y, se abre la música al viento… Soy una hoja ambulante, una pluma desprendida, soy un soplo de brisa, un sueño… soy una melodía.
El paisaje se torna inquieto y cambiante, se agita. El firmamento es púrpura y a lo lejos vislumbro oscuridad.
Suena estridente y sin compás ahora la música. Se descompone en estrofas quebradas, tiemblan los astros y las olas se acercan… Las nubes se confunden y los pájaros huyen.… Todo se tambalea, una lluvia espesa, un fuerte vendaval, un charco gris en el suelo.
Pero yo, asido a sus plumas asciendo veloz, mientras Ángeles blancos me rodean entre cantos celestiales. Brilla la estrella: mi destino. Y vuelve suave la brisa, besan mis labios la punta de las alas de cristal, ya está más cerca el paraíso…
Tambaleante me incorporo, y salgo del portal. Sucio y mojado mí abrigo pardusco, miro al cielo mientras escupo y maldigo mi suerte, y entre el desespero y la ironía rompo a reír.
Empiezo a caminar o mejor dicho, sigo el camino, pisando los charcos recientes, por alguna ventana entreabierta llega otra vez a mis oídos, la dulce melodía.

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Un texto muy poético, muy bien escrito. Me gusta mucho las palabras que utilizas y sobretodo el párrafo en el que el hombre sueña que vuela.
Un beso.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho la idea de tu cuento.
También a mi la música me libra de muchas miserias, aunque sólo sea por el breve tiempo que dura una cnación y luego vuelva (como en el caso de tu indigente) el excésticismo.
En concreto, O Paraíso ha cumplido con frecuencia esa función.

Arístides

Anónimo dijo...

Un relato mágico, muy poético. Me gusta mucho el contraste entre la cruda realidad y la fantasía... el milagro de la música.
Precioso Alicia.
Diana

Toñi dijo...

Hola Alicia!!

De tu cuento me gusta la forma como el mendigo trasciende su miseria y se deja llevar, elevar, por las notas de la música.

Al final hay un poco de esperanza, pues la música suena y seguramente le consolará en su viaje.

Un beso