miércoles, 11 de junio de 2008

MI AMANTE BÚLGARO por Trinidad Alicia García Valero

MI AMANTE BÚLGARO.

La noche era suave, Marta me esperaba en la puerta con su descapotable color cereza, tocaba el claxon con impaciencia. -¡Ya voy, ya voy!- Contestaba yo, cerrando.
Era mi cumpleaños y por esa razón me invitaban a cenar, era su regalo. Siete mujeres solas a veces son peligrosas, pero sólo a veces, la verdad es que todas, somos adorables.
Por el camino recogimos a Laura, Paqui y Manuela, Sonia y Rakel nos esperarían en el restaurante. Estaba realmente animada, atrás quedaron los años difíciles y agrios. No es que yo sea una pollita, ¡ni mucho menos! Me Llamo Elena y soy viuda hace cuatro años. Soy una mujer madura, de vuelta de muchas cosas y también con muchas carencias. Ellas lo saben y me quieren, por eso me acompañan esta noche.
Llegamos, el restaurante tenia buenas pintas, los camareros, todos como siempre, de rigurosa etiqueta, nos llevaron a un salón dispuesto para la cena, era acogedor, no demasiado grande, manteles en color salmón y temperatura agradable, con flores en la mesa. Sonia y Rakel ya estaban sentadas esperando, habían pedido unos martines, nos unimos a ellas. Enseguida vinieron a informarnos del menú.
La cena fue sabrosa, entre buen vino y risas. Siempre Ayudados nuestros recuerdos, por la fantasía y el deseo de divertirnos. Marta y laura no cesaban de mirarse, con sospechosa complicidad…La verdad, para mí, ¡estábamos, radiantes!
Trajeron los postres y los licores.( Todo perfecto), y cerraron tras de si. Seguimos nuestras bromas mientras saboreábamos, las diversas frutas.
Por la puerta del fondo, que no he mencionado, apareció un camarero que, anunció con mucha solemnidad:- ¡La tarta! Y ante mis asombrados ojos, una enorme tarta empujada por otros dos empleados, se colocaba en el centro de la sala. Era preciosa y aparte de las velas encendidas, bengalas de colores, nos llenaron de júbilo. Yo, estaba emocionada nunca hubiera esperado este cumpleaños tan fastuoso y así lo dije. –Espera,- contestó Marta- ¡falta la guinda!
¿Qué guinda?-pregunté- un tanto inocente-si la tarta tiene de todo…- y así era, recubierta de nata y chocolate, adornada con frutas escarchadas y fresas naturales, acabada en una bella cúpula y en ella, trufas y guindas colocadas con maestría y regadas con jarabe de azúcar tostada sobre todo ello un conjunto de coloridas golosinas y una bengala encendida de color rojo. –Rieron entre ellas- cogí el largo cuchillo y me fui directamente a cortarla, diciendo:¡ -A ti si que te falta la guinda hermosa! Y añadí emocionada: -¡Gracias amigas! Sonia se acercó y me retiró un poco.-¿Qué pasa pregunté? No me dio tiempo a más especulaciones, la tarta se abrió y de su interior salió un Dios, al menos eso es, lo que a mí me pareció… Un hombre joven, moreno, con cuerpo de atleta griego y ojos claros, que sonreía dejando ver unos dientes blanquísimos, iba cubierto con un minúsculo taparrabos de leopardo, brotaba, más bien, como una rama verde y florida. Yo estaba perpleja y con una cara de tonta…lo veía en los ojos de mis amigas. -¡Vaya…regalo!- Pude decir, tartamudeando, el calor me subía al rostro.
-¡No creas que es tuyo!-Aclaró Laura- sólo es un vale por esta noche. -Todas reían la ocurrencia. El chico terminó su salida y bailó para nosotras, exhibiendo sus músculos y demás dones, el final fue apoteósico, con oficio y gracia, me tiró el taparrabos a las narices, (nunca mejor dicho). Seguimos bebiendo y llegó la hora de las despedidas. ¿-Que hago yo ahora?- Pregunté a Rakel, que se acercaba a decirme adiós.
¿Pues que vas hacer chica? ¡Llevártelo a casa,! por esta noche es tuyo, es un regalo, ¡disfrútalo!.
Se fueron la mar de divertidas mirándome, debía tener una jeta de boba que… El hombre se vistió y me ayudó a ponerme el abrigo muy galante, no era tan joven como me pareció al principio, unos cuarenta años, bien, bien- pensé- tampoco me gustaba sentirme una “asalta cunas”- y en voz alta-No tengo coche-cogeremos un taxi.
¡-No por favor!- Se escandalizó- yo tengo coche- tenía un bonito acento y por supuesto no pronunciaba bien, pero me gustaba… aunque estaba como un flan. Fuimos a mi casa (mis hijos se habían ido de fin de semana, como otras veces, pero esta, era una suerte). Entramos en el salón y le ofrecí una copa que el rechazó-Prefiero algo caliente- dijo- no me extrañaba toda la noche en bolas… Le llevé un caldito y me contó que era Búlgaro y que a pesar de ser filosofo, se tenía que ganar la vida de tarta en tarta…Yo muy dignamente le aclaré, que no estaba obligado a nada, eran cosas de mis amigas.- No, no, si a mí me gustas- dijo con un tono que me pareció convencido, o eran mis ganas…Seguimos hablando de él: Pensaba trabajar dando clases en cuanto pudiera y dejar las “tartas”. Parecía haber entrado en calor y se quedó en mangas de camisa. Me sentí mucho mejor, al ver como se ponía cómodo.
Se acercó a mí (estábamos en el sofá) - me gustas!- dijo- me puse colorada aunque supuse, que eso se lo diría a todas, era su trabajo.-Me llamo Christopher y aún no sé tú nombre…-El acento meloso y ese físico…- Yo, Elena- contesté tímidamente- Fuimos a mi alcoba, ¡que diría mi difunto si me viera en estas lides! Deseché pensamientos inoportunos y le miré a los ojos. Me desnudó lentamente, yo no sabía donde mirar al principio, él, me cogió la mano y la llevó a su camisa. Fui desabrochándola y seguí por el pantalón, de pronto nos encontramos frente a frente, desnudos. Se acercó a mí, me acarició los pechos y no sé… pero al momento, como un sólo cuerpo nos revolvíamos entre las sábanas de mi cama de matrimonio. Cerré los ojos y me dejé llevar por la pasión. ¡Dios si no se me había olvidado! Ya lo dice el refrán:”es, como montar en bicicleta…”
Desperté pensando que se habría ido, pero no, entró en la habitación cubierto por una toalla que al momento estaba en el suelo. Ese día no fui al trabajo.
Al siguiente y al otro y al otro, Christopher me esperaba en la puerta, paseábamos y hacíamos planes de futuro. Lo presenté a mis hijos y aparte de alguna objeción, como la edad, no dijeron nada, era mi vida. Nos casamos en una sencilla y bonita ceremonia, mis amigas nos miraban embobadas y suspirando, nunca olvidarían que ellas eran las artífices de mi felicidad.
La noche de bodas en el mejor hotel de la ciudad fue maravillosa, entre champagne y fresas con chocolate. Nunca creí volver a sentir así. Por la mañana después del desayuno, se puso serio y me dijo que tenía que contarme una cosa, que me había mentido y no sabía si lo perdonaría, me asusté, aunque pensé que le perdonaría todo, era muy feliz. Nos sentamos y cogiéndome una mano me confesó que no era filosofo, que el, era dentista, ( ahora me explicaba lo blanco de sus dientes) eso lo decía, para dar un aíre de más romanticismo a su trabajo,-me dijo- pero conmigo todo había sido diferente y no sabía como aclararlo, tenía miedo de que lo dejara. Me eché a reír- ¡Era eso! ¡Que peso me quitó de encima! Le dije que le pondría una consulta y que él, con esos bonitos dientes sería el mejor reclamo. Hicimos el amor enfebrecidos.
Llegué a casa, mis hijos ahora vivían por su cuenta, llamé a Christopher y nadie contestó, pasé a la sala, donde habíamos puesto la consulta y volví a llamar-¡Christopher!, nadie contestó, en el perchero vi su bata blanca colgada. Me temí lo peor… un ruido detrás de mí me hizo volver la cabeza y…¡ zas! Allí estaba el. ¡Sorpresa!- dijo- lucia (porque lucia) el taparrabos de leopardo y una hermosa tarta en la mano, toda cubierta de nata y llena de guindas. me pareció volver a la noche gloriosa (yo, me sentía en ella) ¡Un Díos si, un Dios ¡ me quitó la ropa e hicimos el amor allí mismo! Mientras sentía junto a mí el cuerpo musculoso de mi joven Apolo pensaba que estaba arañando un poco de felicidad a la vida. ¿Qué importaba la edad, ni los prejuicios caducos? y abrazada a mi filosofo, dentista, olvidé las preguntas inoportunas.

5 comentarios :

Anónimo dijo...

Hola Alicia. Mejor el final feliz. ¡Una fantasía tan dulce no podía acabar tan mal! De todas maneras revísalo, me da la sensación de que falta algún párrafo antes del último, ¿no?

Teresa

josé maría aguilar dijo...

Pienso como Teresa.
Me parece más literario este final: con el anterior el relato quedaba como una novela resumida, aunque creo que era un buen argumento para intentar una novela negra fuera de tópicos (ya me imagino a la viuda en plan detectivesco).
Pero se produce un salto en el último párrafo que se puede mejorar con un par de frases.

Toñi dijo...

Alicia:

Me estoy acordando de esa canción que dice: "Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe o un dentista ..."

Pues ¡sí señora! Un dentista búlgaro, con taparrabos de leopardo y que además está buenísimo. Por pedir, que no quede.

Me ha gustado más este final. ¿Por qué no darse un gustazo, si la literatura nos lo pueda dar todo?

Un beso. Toñi

Anónimo dijo...

Opino igual que mis compañeros... al fin y al cabo es nuestra fantasía y mejor con final feliz. ¡Qué envidia chica!
Diana

Anónimo dijo...

Mejor destista que filósofo.

A un filósofo habría que pagarle las copas y además aguantarle el rollo.

A partir de ahora, al menos las mujeres, no temerán a los dentistas.

Arístides