jueves, 20 de diciembre de 2007

"HOTEL ESPERANZA", de Trinidad Alicia García

Estoy en el centro del vestíbulo. A mí alrededor los empleados se mueven diligentes. Unos visten de azul, otros de gris. Hay plantas trepadoras decorando las paredes y cuadros que representan el firmamento; en unos los planetas convergen en un punto negro; en otros, las estrellas navegan libres por un cielo surcado de nubes entre olas de mar, encrespado y oscuro.

La iluminación opaca va ascendiendo hasta convertirse en un rayo de luz, encima de la recepción, donde yo me encuentro. Dos personajes de narices prominentes, tres pasos detrás de mí, controlan y atienden los teléfonos, también visten de gris y azul.


Soy la URNA más importante del mundo. Hasta aquí, llega una cola inmensa de gente de todas las razas, con rostros serios e impenetrables, miradas indefinidas y manos temblorosas que sostienen una papeleta para introducirla dentro de mí, como última opción.

Problemas variopintos, penas de amores, desahucios, condenas, violaciones de todas las índoles, muertes. Sociedades indígenas, pueblos cultivados, generaciones y generaciones… Aldeas y ciudades que sufren las horribles secuelas. Condenas horribles. Injusticias. Desilusión, falta de sueños y desesperanza.

Un personaje gris las revisa y otro azul les da el visto bueno y las va introduciendo. Se supone que no tengo corazón, que soy grande y fría como el vestíbulo del hotel y el cristal que me circunda.


Ríos de hombres y mujeres, noche y día, vienen a mí, ¡pedazo de vidrio transparente! que a fuerza de quejas y pesares, papel, sobre papel, pena sobre pena y lágrimas invisibles, ha logrado el milagro. Hoy, un corazón rojo late en cada una de esas papeletas que introducen, éste se agita al compás de sus pasos inciertos y temerosos.

Caras pálidas, labios morados.

Hay papeles rojos que hablan de pasiones mortales, los hay amarillos, ¡tan vivos! y dentro la añoranza de los días de sol. Los hay rosados, como sueños adolescentes. ¡Ilusión, ilusión! Y los grises, que nos circundan a todos con sus trajes impecables y sus corbatas de rayas. Carteras negras que te llevan al abismo y sueños en papeletas verdes, esperanzas, siempre esperanzas…


Ellos están aquí, pasan y pasan delante de mí: los desahuciados, los tristes los rotos y maltrechos; víctimas del terrorismo, esos mismos terroristas que ya no tienen vida; ancianos y niños asustados, indigentes… Personas que un día tuvieron un futuro. Todos piden. Y entre sus súplicas la paz, la justicia… mucha paz, mucha justicia… Por los rostros llenos de angustia, un sudor frío resbala...

Dejan sus votos de vida en mi interior y marchan por la puerta de atrás.

Caras largas y tristes, esperando un milagro más.

Gris sobre blanco. Tal vez mañana, verde sobre negro.


El hotel, de grandes torretas a los lados y rosales en el jardín, sigue con sus puertas abiertas.

Recibo en mi corazón las flechas del odio y la miseria, votos que van dejando en mi interior las quejas de una humanidad desesperada.

En el vestíbulo la luz opaca. Rayos de luz sobre mí. Las manos temblorosas oscilan ante los personajes azules y grises que olfatean con su gran nariz, como perros feroces. Ellos ofrecen sus papeles con humildad. Pasan y pasan… colas enormes, ríos de gente insegura… En la entrada se lee: HOTEL ESPERANZA.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho tu relato, Alicia. Además viene como anillo al dedo para estos días navideños.
Me gustan mucho los relatos que se implican en los problemas sociales.
En general me gusta toda la literatura que lo hace. Muy bien.
Un fuerte abrazo.
José Antonio.
elpoetasevillano@hotmail.com

Anónimo dijo...

Gracias José Antonio aunque sea con retraso, es que no entiendo muy bien este cacharro, aunque ya me voy acostumbrando.